Robur, el dueño del mundo

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El último viaje extraordinario

    «Mi viejo Paul, he recibido tu carta y la respondo en pocas palabras. El navío pez-pájaro es absurdo. Lo sé. Además, tampoco lo haría fabricar. Por otra parte, como ocurre siempre, después de varias semanas de trabajo y 30 o 40 planes, mi tema se desvía, y ya no será una nave fantasma. (…) Pero voy a hacer que ocurra en condiciones casi fantásticas, con la locura como desenlace y ubicándolo en un medio poco común. Cuando te vea, te contaré de esto. Sin embargo, si se te ocurre alguna idea, envíamela. En este momento la mano ya me duele tanto al escribir, que no te cuento más.»

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a) Fotografía de Julio Verne en 1902, año en que comenzó a escribir su novela Dueño del mundo. b) El Espanto, la temible nave anfibia creada por Robur, según una ilustración de la época del dibujante George Roux.

    En esta carta de agosto de 1894, dirigida a su hermano Paul, Verne hace alusión al navío fantástico que por aquel entonces tenía en mente, y cuya idea será aún explotada diez años después en 1904, en su novela Dueño del mundo, en donde ya no lo llamará pez-pájaro sino El Espanto. El relato retoma una de sus propias novelas, Robur el Conquistador, escrita veinte años atrás. Robur, el filantrópico creador de una aeronave propulsada por una serie de hélices, para la que la humanidad no está aún lo suficientemente madura, reaparece en esta historia como el trastornado inventor de un novedoso medio de locomoción universal con el que atemoriza al continente americano.
En la anterior novela de Robur, éste había desafiado a los vecinos de Filadelfia, quienes tenían su fe puesta en los aerostatos, raptando a los que se burlaban de él y haciéndoles dar la vuelta al mundo en su aparato más pesado que el aire. En dicha novela, el Albatros de Robur quedaba destruido, pero él construía otro, para volver a desafiar a los entusiastas partidarios de los globos. Y luego admitía: «Es demasiado pronto para tener la razón sobre los intereses contradictorios y divididos. (…) Parto, pues, y llevo conmigo mi secreto.»
En la segunda parte, Dueño del mundo, Robur ha dado con un desafío todavía más refinado. En su base, que tiene todas las apariencias de un cráter volcánico de los montes Alleghanys, cuenta con un automóvil muy rápido que es, a su vez, un barco, un misterioso submarino y una máquina voladora; funciona con motores eléctricos y tiene alas articuladas. Se entera el lector que se trata de un diabólico artilugio, único en su género, bautizado con el acertado nombre de El Espanto, el otrora navío pez-pájaro imaginado por Verne una década atrás.

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Maqueta de El Espanto exhibida en el Musée Jules Verne, en Nantes, Francia.

    El escritor usa esta vez el terror, la locura, la ciencia sin razón para manifestar el riesgo que acarrea el cada vez más acelerado desarrollo tecnológico. El protagonista del progreso ya no es tan sólo el doctor Fergusson en su frágil y atrasado globo Victoria, también lo es ahora Robur y El Espanto, un hombre que nunca duda de su éxito porque no está dispuesto a someterse ante ninguna contingencia, ni siquiera a las morales.
A diferencia de la primera novela, esta vez el desenlace tendrá un giro sustancial, pues Robur terminará loco, pero no una locura como la de Hatteras, sin consecuencias para la civilización, sino una locura perversa, moral, que atenta contra la humanidad. En el Dueño del mundo -el último viaje extraordinario que escribió Verne poco antes de morir en su etapa más pesimista- la locura será la protagonista. Esta demencia conducirá a Robur al suicidio arrojándose contra una tormenta.
Robur, como el mitológico Ícaro, quiso llegar muy alto: batiendo las alas hasta romperse, llevaba su aparato en medio del más espantoso huracán, allí donde las descargas eléctricas se cambian más violentamente. El arrogante desafío de Robur contra los elementos recibe el golpe de gracia cuando un rayo destruye su artefacto de tierra, mar y aire. Con este final, el autor lleva a efecto el destino concebido prematuramente para el capitán Hatteras, que en su momento se vio obligado a modificar por recomendación de su editor, quien se opuso a que éste se arrojara al cráter de un volcán.

De héroe a villano

    Con el amanecer del nuevo siglo, Verne había sido eclipsado por rivales como H.G. Wells, y anhelaba, antes que las fuerzas lo dejen, en retomar su puesto de indiscutible maestro de las llamadas novelas científicas. Es entonces que Dueño del mundo vio el retorno del osado aeronauta Robur y su nueva arma universal: El Espanto, el aparato más fantástico de Verne, que combinaba las capacidades de un automóvil, un barco, un submarino y un avión -ahora con alas, y no con hélices como el Albatros-, desarrollando en cualquier medio una velocidad vertiginosa.
Esta secuela, como era habitual en el escritor, reconfigura la concepción original: Robur regresa, pero ya no como un héroe sino como un tirano subyugador, que usa la ciencia con fines malévolos para satisfacer su interés personal. Es una novela en que se puede resumir el cambio de actitud del escritor hacia la ciencia y la tecnología. Un cambio denotado con mayor énfasis luego de la muerte de su editor Hetzel en 1886: el científico, presentado con todos los rasgos del héroe positivo, irá degradándose hasta la inconsciencia o la demencia.

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a) El señor Ward, jefe de la policía, designa a su mejor investigador, John Strock, para develar el misterio del extraño vehículo que causa el pánico en las carreteras, lagos y mares de Estados Unidos. b) Más tarde, Strock cae prisionero en El Espanto, descubriendo que su capitán era Robur el Conquistador, el antiguo ingeniero creador de la nave aérea Albatros, quien ahora ha vuelto con el objetivo de dominar el mundo en base a su letal artefacto de alta tecnología.

    En el caso de Robur, el autodenominado dueño del mundo, este cambio de personalidad queda de manifiesto en la figura del inventor negativo y desencantado de la humanidad, que tiene el poder suficiente para amenazar con castigarla desde el aire o el mar si es preciso. La extraña mutación del carácter del personaje principal, se refleja también en el cambio de vehículo de transporte, pues su Albatros es reemplazado ahora por El Espanto, un aparato más pequeño pero más poderoso.
En esta segunda parte ya no se trata de un desafío dentro del propio devenir científico, porque Robur no se burla sólo de los que tienen menos conocimientos, sino que amenaza al mundo entero. Su temible aparato puede desplazarse en todos los elementos, dominar los cielos, la tierra, el agua y sondear el fondo marino, y no para refugiarse de la sociedad o defenderse de ella, sino para hacer el mal y propagar la catástrofe. A consecuencia de esto, el protagonista, el inspector John Strock, se pregunta si antes de que acabe el siglo (se está refiriendo al siglo XX) no tendrán sus colegas que vérselas con otras máquinas semejantes.
Pero el megalómano Robur, caracterizado por sus delirios de grandeza y poder, como los dictadores que intuyó Julio Verne, es destruido finalmente por su ambición. El inventor del Espanto morirá en una tormenta eléctrica que no pudo eludir. Verne le seguirá pronto, pues el autor fallecerá en marzo de 1905, producto de la diabetes y otras dolencias.

Características y estructura

    Dueño del mundo fue publicada por entregas en el Magasin d’Education et de Récréation, del 1 de julio al 15 de diciembre de 1904. En noviembre apareció en formato de libro con las ilustraciones de George Roux. Escrita entre 1902 y 1903, la novela representa el regreso de Verne, luego de un periodo caracterizado por éxitos esporádicos y bajas ventas.
Dueño del mundo continúa la aventura de Robur, y está basada, al igual que la primera, en premisas similares. De nuevo un misterio: luces y sonidos en lo alto de una montaña de los Apalaches; un vehículo que recorre las carreteras a tanta velocidad que no se le puede ver y que amenaza a peatones y carruajes; un barco avistado en las aguas costeras del Atlántico que se mueve a gran velocidad, evitando cualquier tipo de aproximación por parte de militares o civiles; un esquivo ingenio submarino localizado en un lago encerrado entre montañas… En tales circunstancias, el mejor de los agentes de la policía norteamericana, el inspector Strock, narrador de la aventura, recibe el encargo de solucionar el enigma.

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Diseño del aeroplano anfibio creado por Alphonse Pénaud en colaboración con Paul Gauchot, en 1876. Se presume que en este modelo se inspiró Verne para crear los planos de El Espanto.(Croquis conservado en la Sociedad francesa de navegación aérea)

    Cuando los hermanos Wright hicieron volar la primera máquina más pesada que el aire en el año 1903, habían pasado ya dieciocho años desde la primera publicación de Robur el Conquistador, y Verne pensó adaptarse a los tiempos con un nuevo ingenio polivalente que, al igual que el Albatros, nunca llegaría a existir más que en la imaginación de los escritores y dibujantes de Ciencia Ficción. La ingeniería se decidió por el campo de la especialización de coches, barcos, aviones y submarinos diseñados para ejecutar sus respectivas tareas, pero sin pretender que realizaran sus proezas en otros medios distintos a los que les eran propios.
Sin embargo, el modelo del Espanto, según algunos investigadores del autor, proviene de los diseños del aeroplano anfibio creado por Alphonse Pénaud, uno de los mayores pioneros de la aviación del siglo XIX, citado en el capítulo III de Robur el Conquistador. Pénaud no logró construir su aparato por limitaciones materiales, pero todo parece indicar que Verne utilizó sus diseños para crear su nave anfibia en homenaje a los estudios de este inventor.
Pero, Pierre Versins, otro investigador de la obra de Verne, en su artículo El sentimiento del artificio, propone otra interesante teoría: que el escritor pudo haberse inspirado en la novela Les mangeurs de feu (Los devoradores de fuego) de Louis Jacolliot, publicada en 1887, para fabricar el prototipo de El Espanto. Pierre Versins basa su argumento en la gran similitud del modelo de la nave de dicha novela con el artefacto de Julio Verne. Además, la destrucción de El Espanto por el fuego (el cuarto elemento), producto de la caída de un rayo sobre su estructura, constituye un tema simbólico muy propio de las historias del autor, que está relacionado con el título de la obra de Jacolliot anteriormente citada.

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El Swann (cisne en inglés), es la nave aérea de la novela Los devoradores de fuego, publicada en 1887. Este artefacto asegura su vuelo por medio de alas batientes y una hélice. Asimismo, El Swann también puede desplazarse en el agua. Sus características son muy similares a las de El Espanto de Verne, quien quizá pudo haberse inspirado en este diseño para crear su propio prototipo de nave anfibia para su novela El dueño del mundo.

    De otro lado, los acontecimientos del relato ocurren el verano de 1903, pues el autor hace referencia a la trágica erupción de la Montaña Pelada en 1902, en Martinica, una isla francesa del Caribe. Además, en la obra, Verne se tomó algunas libertades con la geografía americana. La ubicación descrita en el libro de las montañas de Carolina del Norte está en Morganton; no obstante, la montaña llamada Great-Eyry por el escritor, se parece a Mount Airy (Monte Airy), un poblado que no se ubica cerca de Morganton. Pero lo más resaltante es que Verne incluya en su relato a «el profundo lago Kirdall en Kansas», cuando no existe dicho lago en ese Estado. Por esto cabe pensar que las fuentes bibliográficas que consultó Verne para describir la región no estuvieron muy bien documentadas, a menos que el autor haya decidido crear situaciones geográficas acordes para su relato.
El libro tiene algunas semejanzas con 20.000 leguas de viaje submarino. Ambos tienen un protagonista capturado por el dueño de un vehículo poderoso y misterioso, y aunque se trata de una secuela, la novela guarda perfectamente su independencia y puede ser leída sin haber leído la primera. En cuanto a las ventas, cabe resaltar que la novela no gozó de éxito en la época de su publicación, por lo que no figura en la lista de obras cumbres del autor.
Asimismo es curioso comprobar cuán erróneas eran algunas ideas de la época, como que un vehículo que se moviera a 250 km/hr resultaría ser invisible para el ojo humano, o que la alta velocidad reduciría el peso de éste. Por lo demás, se trata de una novela más corta, ligera y entretenida que su predecesora Robur el Conquistador, ya que a pesar que los personajes carecen igualmente de profundidad y propósito, la intriga de las pesquisas que llevan hasta la caza de Robur, le imprimen a la narración más dinamismo.

Personajes

  1. Robur el Conquistador. Ingeniero inventor y capitán de la nave anfibia El Espanto.

  2. John Strock. Narrador. Inspector principal de la policía.

  3. El señor Ward. 50 años. Jefe de la policía.

  4. Nab Walker. 32 años. Agente de la policía. Compañero de Strock en su misión.

  5. John Hart. 30 años. Agente de la policía. Compañero de Strock en su misión.

  6. Arturo Wells. 40 años. Uno de los mejores agentes de la policía federal.

  7. Harry Horn. 30 años. Guía de montaña de Morganton.

  8. James Bruck. 25 años. Guía de montaña de Morganton.

  9. Elías Smith. 40 años. Alcalde de Morganton.

  10. Alcalde de Pleasant-Garden. Amigo de Elías Smith.

  11. Wilker. Aeronauta que intenta llegar a la cima del Great-Eyry.

  12. Grad. Vieja ama de llaves al servicio del inspector Strock.

  13. Dos compañeros de Robur a bordo del Espanto. Posiblemente uno de ellos es Tom Turner, el antiguo contramaestre del Albatros, y el otro quizá Francisco Tapage.

Portadas de ediciones francesas

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Portadas de ediciones castellanas

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El argumento

    La historia comienza en Carolina del Norte, al este de Estados Unidos, en donde el monte Great-Eyry es escenario de diversos incidentes misteriosos, como ruidos nocturnos extraños y un dantesco incendio en su cumbre, que hacen sospechar a los habitantes de los poblados aledaños, que el monte es en realidad un volcán extinguido que puede hacer erupción de un momento a otro.
Para resolver el enigma es enviado el inspector John Strock, el narrador y protagonista, quien es el mejor investigador del departamento federal de la policía de los Estados Unidos. Éste intenta identificar el origen de los extraños ruidos y luces, pero es incapaz de escalar hasta la infranqueable cumbre de la montaña, a pesar del apoyo de dos guías, Harry Horn y James Bruck, y del alcalde de Morganton, Elías Smith.
Derrotado en su tentativa de ascensión, y sin resolver el misterio, el inspector es devuelto a Washington, en donde le espera otra misión aún más extraña. En las carreteras, un auto misterioso y extremadamente rápido ha sido visto en diversos lugares de Estados Unidos, poniendo en peligro a los transeúntes y otros conductores.

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a) Un formidable incendio en la cumbre del Great-Eyry, desata el pánico entre la población, que piensa que el monte es un volcán extinguido a punto de estallar. b) John Strock, dos guías de la región y el alcalde de Morganton, intentan llegar hasta la cumbre del Great-Eyry para comprobar si los temores de una posible erupción son ciertos.

    Poco después, se dejan de tener noticias del vehículo y la atención se centra en un nuevo bólido. Esta vez se trata de un barco de fabulosa potencia de locomoción, que sorprende por sus evoluciones realizadas en el litoral, sin que barco alguno pueda alcanzarlo y aproximarse a él. Al igual que su predecesor, este artefacto deja de ser percibido, para dar paso a otro no menos misterioso. Este nuevo aparato es ahora un submarino asombrosamente veloz que atemoriza a los barcos que navegan sobre el lago Kirdall en Kansas.
El señor Ward, jefe de la policía, sospecha que los tres artefactos son obra de un mismo inventor, dado el parecido que presentan en misterio como en velocidad superior. Es por ello que envía otra vez en campaña al inspector Strock para arrestar al piloto misterioso, o en su defecto, capturar a los diferentes autores de estos hechos y descubrir con qué fin crearon sus máquinas siniestras que ponen en riesgo la seguridad de la nación, y cuál era el medio por el que habían logrado semejante avance tecnológico.
El Gobierno norteamericano no tarda en reaccionar ante la zozobra reinante, ofreciéndole al posible inventor del vehículo anfibio, a través de un artículo publicado en todos los diarios, la compra de su aparato prodigioso. Pero Europa entró en la negociación, pues los países del antiguo continente querían tener también aquel formidable invento que les significaría la hegemonía militar.

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a) El inspector Strock y sus hombres aguardan en la caleta de Black-Rock la aparición del aparato fantasma del dueño del mundo. b) El inspector es secuestrado a bordo del Espanto, luego de su fallida tentativa de capturar a Robur el Conquistador.

    Más tarde, una carta dejada en el buzón oficial de la Dirección de Policía, publicada después en los diversos diarios del país, confirmaría las sospechas. El remitente era el propietario de los temibles vehículos, que rechazaba la compra de su invención, y que firmaba, jactándose en su tecnología superior, con el título de «dueño del mundo», y que ha bautizado a su letal arma como El Espanto, un vehículo capaz de desplazarse en tierra, sobre agua y debajo del agua a una velocidad impresionante.
El megalómano inventor que intenta someter a voluntad a los Estados del mundo con el poder de su moderno aparato, es declarado como un hombre «fuera de la ley», y esta vez el inspector John Strock no debe fallar en su intento por capturar a tan sombrío personaje, y dejar atrás los otrora estériles esfuerzos de la policía en aproximarse a la misteriosa nave y sus secretos.
Tiempo después, se tienen noticias que el artefacto puede hallarse en Toledo, poblado del Estado de Ohio. Inmediatamente Strock es destacado a este lugar junto a dos agentes, John Hart y Nab Walker. En Toledo, les esperaba otro sabueso policía, Arturo Wells, el buen informante que había descubierto la pista del inventor. Wells les detalla que ha observado en la caleta de Black-Rock, a orillas del lago Erie, la posible ubicación del submarino, y que espera, junto con Strock y sus hombres, dar con la captura del desquiciado inventor.

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a) El Espanto es perseguido en el lago Erie por dos de los mejores buques de la Marina norteamericana. b) El invento del dueño del mundo supera el riesgo de caer en las cataratas del Niágara, tomando vuelo al desplegar sus potentes alas articuladas.

    Al llegar al lugar observan que el artefacto no está en su posición, pero cuando daban por perdida la misión en medio de aquella oscuridad imperante en la zona, distinguen que el aparato al fin hace su aparición en el lago. Luego reconocen al capitán de la nave y dos de sus hombres, quienes se disponen a realizar algunas tareas amparados en la penumbra del bosque circundante. El momento es propicio para cortarles la retirada antes de abordar nuevamente el aparato. Se produce finalmente el ataque y ambos bandos se ven envueltos en un fuego cruzado que trae como consecuencia el secuestro del inpesctor Strock a bordo del Espanto.
Una vez preso allí, Strock descubre que el capitán del Espanto es nada menos que Robur el Conquistador, el antiguo ingeniero que había hecho noticia algunos años atrás al haber secuestrado en su aeronave más pesada que el aire, el Albatros, a Uncle Prudent y a Phil Evans, presidente y secretario del Weldon Institute de Filadelfia, una singular asociación de adeptos al vuelo de los globos. Robur, quien reaparecía con sueños de grandeza y ansias de conquistar el mundo con su nueva invención, a pesar de que el Gobierno no conocía todavía su identidad, estaba ahora al margen de la ley, y era perseguido por dos de los mejores buques de la Marina norteamericana, que habían detectado su presencia en el lago Erie.
El Espanto, por averías en su sistema de locomoción estaba inhabilitado de convertirse en submarino, viéndose obligado a escapar de los destroyers. Sin embargo, para sorpresa de John Strock, El Espanto sigue una dirección incompresible, puesto que en vez de buscar una escapatoria lógica, se dirige a la desembocadura de las cataratas del Niágara. Pero para mayor sorpresa de Strock, cuando pensaba que Robur se lanzaba a una muerte segura, El Espanto revela otra de sus cualidades. Desplegando sus alas articuladas, se transformó en una máquina aérea imposible de alcanzar por encima de las aguas de la catarata.

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a) La cima de la montaña Great-Eyry es refugio de El Espanto de Robur el Conquistador. b) En un acto de locura, Robur desafía una tormenta eléctrica y su aparato queda destrozado por el impacto de un rayo en su estructura. El único sobreviviente fue el inspector Strock.

    Más adelante, Strock se halla en la cima del Great-Eyry, donde descubre que aquella era el refugio del invento, encontrando la explicación para los misteriosos sonidos escuchados por los habitantes de los pueblos aledaños a la montaña, pues el ruido era producido por el aleteo del aparato en las noches. Además, las grandes llamas habían sido causadas por el incendio del segundo Albatros, sacrificado para poder construir El Espanto, y del cual Robur no quería dejar el menor rastro.
Una vez reparadas las averías, Robur y su nave tomaron vuelo rumbo al Golfo de México, en donde tendrán que lidiar contra una terrible tormenta eléctrica. No obstante, el capitán del Espanto desafía los elementos en un extremo de su arrogancia y no retrocede ante el peligro dirigiéndose deliberadamente hacia la tormenta. Robur presume que su artefacto es lo suficientemente capaz de superar el temporal. Pero su orgullo lo traicionará, pues la nave es alcanzada por un relámpago, cayendo destrozada al océano.
Afortunadamente, John Strock es el único sobreviviente, siendo rescatado de los restos de la nave por un barco que recorría el lugar. En cuanto al ingeniero Robur, su cuerpo no fue encontrado, por lo que se asume que él ha muerto, llevándose consigo el secreto de su increíble invento. Sin embargo, no se puede estar totalmente seguro de ello, y queda en el lector juzgar si es que Robur en realidad ha muerto o no.

La película

    Hollywood llevó a la pantalla grande Dueño del mundo en 1961, produciendo una versión apartada del diseño original del Espanto de Verne, aunque sí se consiguió acertadamente la transformación del idealista Robur. En realidad, la película combina el argumento de las dos novelas de Robur, y la aeronave que aparece en la producción es un modelo basado en el Albatros mas no en el Espanto.
La película es protagonizada por Vincent Price y Charles Bronson en los roles de Robur y el inspector Strock respectivamente, en tanto que la dirección estuvo a cargo de William Witney. El argumento de Richard Matheson, que combina elementos del libro como el personaje de John Strock con la novela predecesora Robur el Conquistador, presenta un tema mucho más sofisticado que ambos relatos.
En un pueblecito del Medio Oeste americano nada sucede, hasta que un día del monte cercano emana un resplandor rojizo y surge una voz que proclama citas bíblicas. Un agente del Gobierno contrata a dos inventores, quienes han desarrollado un globo motorizado, para sobrevolar el monte e investigar: el fabricante de municiones Prudence (Henry Hull) y Philip (David Frankham). Les acompaña Dorothy (María Webster), hija de Prudence y prometida de Philip, y el inspector Strock (Charles Bronson).

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Diferentes carteles de la película El dueño del mundo (1961). Fue dirigida por William Witney y protagonizada por Vincent Price y Charles Bronson.

    Poco después, quedan cautivos a bordo del Albatros, una revolucionaria aeronave creada por el brillante, pero desequilibrado Robur (Vincent Price). Él les explica que es un hombre de paz que usa su enorme dirigible a fin de persuadir a los líderes del mundo que cesen sus guerras, sin que le importe que algunos inocentes mueran en el proceso.
Siguiendo sus ideales, Robur ataca ubicaciones militares estratégicas como París, Madrid y África del Norte. Para evitar que continúe la matanza, Prudence renuncia a sus inventos. Sin embargo, los secuestrados planean la destrucción del Albatros arriesgando sus propias vidas.

Bibliografía

  • Verne, Julio. Dueño del mundo. Editorial Molino, Barcelona, 1960.

  • Lottman, Herbert. Jules Verne. Editorial Anagrama, Barcelona, 1998.

  • Ariel Pérez. Viaje al centro del Verne desconocido. Editorial Gente Nueva, 2009.

  • David Mayor Orguillés. Julio Verne. Grandes biografías. Editorial Edimat, 2004.

  • Dehs, Volker. Jules Verne. Editorial EDAF. Colección Monografías, 2005.

  • Blog “Un universo de Ciencia Ficción”. Dueño del mundo. http://universodecienciaficcion.blogspot.com

  • Wikipedia. Master of the world (novel). http://en.wikipedia.org/wiki/Master_of_the_World_(novel)



Robur el Conquistador(Viajeros intrépidos)
Diseños del Albatros (Vehículos para un viaje)
Diseños de El Espanto (Vehículos para un viaje)
1961 – Dueño del mundo (William Witney – USA)
1976 – Dueño del mundo (Leif Gram – Australia)
Robur el Conquistador (Análisis literario)
Los ovnis de Julio Verne (Artículo de estudio)
Robur el Conquistador. (Libro virtual)
Dueño del mundo. (Libro virtual)

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(Lima, Perú, 1977). Vice-presidente de la Sociedad Hispánica Jules Verne. Ingeniero Industrial. Docente pre-universitario de Matemática. Desde 2004 es propietario y administrador del sitio web "Julio Verne, el más desconocido de los hombres". Es uno de los vernianos más activos en Latinoamérica. Ha escrito artículos sobre el autor que ha publicado en su sitio. También ha traducido al castellano varios textos inéditos del novelista francés.

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