Julio Verne y el plan educativo de Hetzel

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La educación es una segunda existencia dada al hombre;
es la vida moral, tan apreciable como la vida física
Claude Saint- Simon

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Pierre-Jules Hetzel (1814-1886) editor de Julio Verne

    Para intentar comprender una obra es importante tener elementos del contexto histórico en el que ésta se desenvuelve. En el caso de Verne, para saber por qué fue tan entusiasta respecto a la ciencia y por qué se convirtió en un gran divulgador de ella a través de su obra, tendríamos que situarnos en la Francia del siglo XIX. En esta época se produjo un avance vertiginoso tanto en el campo de la ciencia y la tecnología, así como en el político-social. El primer avance, impulsado por la Revolución Industrial, iniciada a finales del siglo XVIII; y el segundo, como consecuencia de los hechos sociales que llevaron a la revolución de 1789. Pero no es sino hasta comienzos del siglo XIX que los filósofos y pensadores, ante la inminencia de la inestabilidad política y económica, trataron de encontrar un sistema social idóneo para buscar el bienestar o la felicidad de la humanidad, entre ellos destacan el conde de Saint-Simon (Claude Henri de Rouvroy), Charles Fourier y Auguste Comte. Estos pensadores, en sus distintas teorías, plantearon las ideas para el establecimiento de una nueva sociedad.

Estos sistemas socialistas se basaban en la completa realización del hombre, abarcando el desarrollo de sus capacidades físicas, morales e intelectuales. Una de las teorías más aceptadas entre los intelectuales de la época era la propuesta por Saint-Simon, en la cual la ciencia y la industria eran elementos indispensables. En ésta la ciencia alcanza un grado supremo, y construye junto con la industria el camino hacia el progreso. «La crítica social de Saint-Simon y Fourier había surgido de la experiencia del industrialismo y de sus efectos desoladores, pero el realismo de estos pensadores estaba todavía mezclado con una buena dosis de romanticismo, y los problemas auténticamente planteados se mezclaban con fantásticos intentos de solución»,[1] es lo que algunos llaman socialismo romántico.

La literatura infantil y los proyectos editoriales

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    El despacho del editor             Pierre-Jules Hetzel,            ilustración de periódico

    Jules Hetzel, futuro editor de Julio Verne, era un hombre comprometido con las ideas de los enciclopedistas y la revolución de 1789 y por eso su primer objetivo era formar a los ciudadanos libres del nuevo París. Para ello, pensó en la manera de implementar la filosofía saintsimoniana en su quehacer editorial y concibió que la mejor manera era dirigiendo su atención hacia la infancia, pues creía firmemente en que el futuro de la libertad estaba en la formación de las nuevas generaciones. Así, intenta formar a los más jóvenes a través de sus publicaciones en un momento que, a diferencia de Inglaterra, en Francia prácticamente no existían libros para niños.[2]

Para él la educación definiría el destino del hombre futuro. De este modo, Jules Hetzel buscó en sus proyectos editoriales el cómo brindar a niños y jóvenes la mayor cantidad de información con la que pudieran desenvolverse en el mundo moderno. En este ideal, la ciencia no podía ser considerada algo alejado de la realidad cotidiana, sino parte del desarrollo que la industria había introducido a la vida cotidiana. Parte del paisaje presenta ciertos cambios: fábricas y estaciones de ferrocarril eran sólo una muestra de la incipiente modernidad. Como reformista, Jules Hetzel buscó en la educación, la formación y la lectura un camino hacia el mejoramiento de las condiciones sociales y confió en la ciencia como piedra de toque del progreso.[3]

El plan del editor Hetzel era crear un modelo educativo a partir de diversos proyectos editoriales, como La Nouveau Magasin des Enfants, Colletions y Bibliothèques, un espacio de buena literatura dirigida de manera especial, por vez primera, al publico infantil y juvenil. Para ello invitó a escritores como Nodier, La Bedollière, Dumas, Musset y Sand a formar parte de sus proyectos. No obstante, la revolución de 1848 interrumpe sus propósitos ya que por sus ideas políticas tiene que exiliarse en 1852 y no puede regresar hasta 1859.
Existieron otros editores, además de Jules Hetzel, que buscaban para el público infantil herramientas educativas, como fueron los casos de Charles Lahure y de Louis Hachette, quienes lanzaron una publicación educativa llamada La Semaine des Enfants. Pero el caso de Hachette es distinto. Tras la revolución de julio de 1830 tuvo la oportunidad de publicar los libros de texto y escolares que la nueva situación política requería. Más tarde, la Ley Guizot de 1833, que regulaba la enseñanza primaria, lo favoreció para que se convirtiera en la primera editorial del país.
También algunos educadores participaron en esta ebullición de publicaciones infantiles. Ernest Legouvé, por ejemplo, enunció los principios de la «lectura en familia» y Jean Macé, por su parte, fundador de la Liga francesa para la enseñanza, partidario de la educación laica y obligatoria, consideró que el objetivo del libro infantil era instruir divirtiendo. En este proceso las ilustraciones jugaron el papel esencial de apoyar y prolongar el texto.
Jules Hetzel quiso crear una nueva revista donde conjugar la buena calidad literaria y la amenidad, pues pretendía que niños y jóvenes tuvieran la mayor cantidad de información.

El encuentro entre Julio Verne y su editor

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   Julio Verne (1828-1905)

    Julio Verne conoció las ideas de Saint-Simon poco tiempo después de llegar a París en 1847. De sus libros le llamó la atención que defendía la importancia de la ciencia para el bienestar del ser humano. En aquella época se respiraba un asombro mayor ante los descubrimientos científicos, mientras la tecnología se mostraba con mayor frecuencia. Es a finales del siglo XVIII que Napoleón III revalorizó la actividad científica al ejercer un mecenazgo sobre científicos como Monge, Berthollet y Laplace, y al permitir el ascenso de una nueva generación de científicos, más preocupados por la propia ciencia que por sus implicaciones sociales. Estableció premios y concursos orientados a los nuevos logros científicos y a los hallazgos y mejoras en el campo tecnológico.

Como los saintsimonianos, Verne creía en la edad de oro de la ciencia, y que ésta se proyectaría en el futuro. Vislumbró la importancia de la ciencia en ese momento y fue a raíz de ello que, tras varios años de buscar un estilo literario, encontró una rica veta que le permitiría divulgar la ciencia contemporánea a través de novelas. Julio Verne conjunta en sus historias el toque romántico, herencia de sus lecturas, y la admiración hacia la ciencia y el positivismo. Su primera creación con este nuevo estilo es Un viaje en globo (que posteriormente se conocería como Cinco semanas en globo). Con esta obra inicia el proyecto de escribir Un paseo completo por el Cosmos de un hombre del siglo XIX. Se dice que Julio Verne dijo cierto día a sus compañeros del trabajo: Acabo de escribir una novela con una forma nueva, una idea propia. Si tiene éxito, constituirá, estoy seguro, un filón abierto.[4] Se refería a una nueva forma de escribir a través de la cual intentaba divulgar la ciencia y la tecnología, pues es con la aparición de Cinco semanas en globo que se puede dar por iniciada la novela científica o de divulgación.

Para nutrir sus obras, Verne se convirtió en un lector insaciable que se documentaba de todas las publicaciones periódicas que llegaban a sus manos, tomando notas de lo que le parecía más interesante, para posteriormente utilizarlo. El material que leía se basaba en los más diversos temas: la lectura de revistas científicas y geográficas como Revue Bleue, Revue Rose, Revue des deux mondes, Cosmos, La nature de Tissandier y L’astronomie de Flammarion, entre otras, que le daban bases reales a sus historias. De esta manera anticipaba un futuro posible que convertía en la trama de sus novelas.
Sin embargo, no fue tan fácil de publicar, ya que por lo menos una decena de editores rechazaron su primera novela, hasta que en 1862 conoce a Jules Hetzel, quien desde el principio se interesó. El editor encontró en la escritura de Verne una manera de consolidar todas sus ideas educativas y científicas al brindar un proyecto de lectura pedagógico. Julio Verne, por su parte –a pesar de lo dicho por muchos estudiosos que ven a un editor aprovechándose de un novel autor–, logró finalmente dedicarse por completo a la escritura.

La Revista para la educación y recreación

    Hetzel integró a Verne a sus proyectos editoriales. En 1864 publicó la Revista para la educación y recreación (Magasin d’Éducation et de Récréation) de periodicidad quincenal; en ella colaborarían otros escritores como Jean Macé, Jules Sandeau, Hector Malot, y el mismo Jules Hetzel bajo el seudónimo literario de P. J. Stahl. Siguiendo las ideas de su amigo Jean Macé acerca del libro infantil como una combinación de aprendizaje de forma divertida, invitó a ilustradores como Bayard, Riou o Férat. También lo hace con un grupo de científicos como lo son Fabre (naturalista), Viollet-le-Duc (arquitecto), Camille Flammarion (astrónomo), Elisée Reclus (geógrafo) y Sainte Claire Deville (químico).

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Magasin d’Éducation et de Récréation, Nueva serie I y                 II (1895)

El fin de la revista estaba en proporcionar un material educativo y a la vez ser objeto de diversión para toda la familia. Mientras que Hetzel se encargaba de la labor editorial, Macé se ocupaba de la parte pedagógica. Sin embargo su contenido pedagógico no sostenía a la revista y era necesario nutrirla de contenidos literarios con rigor educativo pero también con atractivo imaginativo. Es ahí donde interviene Verne con sus novelas, las que se publicaron puntualmente a manera de entregas.
Hetzel encuentra en las novelas de Verne la posibilidad pedagógica de educar y divertir. Así, fue ideado un vasto plan de educación científica que cubría las necesidades literarias y morales de la juventud burguesa. Desde el primer contrato entre el editor y el autor se previó una producción de no menos de dos libros al año, lo cual hizo pensar a Hetzel en dar un título general a las obras del divulgador. Quizá por la cercanía que sentía Julio Verne hacia la literatura del popular escritor norteamericano Edgar Allan Poe, o por creer que éste representaba la esencia de sus obras, propuso el título general de Viajes Extraordinarios (64 libros en total). Hetzel definiría este vasto proyecto de la siguiente manera: Se trata [en ellos] de resumir todos los conocimientos geográficos, geológicos, físicos y astronómicos amasados por la ciencia moderna, y de rehacer, bajo la forma atrayente y pintoresca que le es propia, la historia del universo.[5]
Las novelas que integran los Viajes Extraordinarios tuvieron gran aceptación en su tiempo y aun hoy, pues a la fecha se han traducido a más de 110 idiomas. El carácter pedagógico de los Viajes Extraordinarios es, principalmente, el de formar el espíritu científico tanto en el lector como en el protagonista juvenil. En este sentido, muchas de las novelas que forman los Viajes Extraordinarios entran dentro de la categoría de novelas iniciáticas.[6]

La capacidad de Julio Verne para crear novelas que anticipaban futuros posibles se vio demostrada en múltiples ocasiones durante el siglo XX; sólo por dar dos ejemplos, en 1955, Estados Unidos construyó el primer submarino atómico al cual se le dio el nombre de Nautilus recordando a la nave descrita por Verne. Y el viaje previsto por el autor De la tierra a la Luna (1865), fue realizado por astronautas norteamericanos cuando alunizaron por primera vez en 1969.

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Cartel propagandístico de la revista Magasin d’Éducation et de Récréation J. Hetzel & Cie., 1890

Las aventuras de Verne pudieron dar a conocer los terrenos de la ciencia a un público más amplio, vaticinando inventos que si en algunos casos existían de manera teórica aún no se materializaban. Curioso e insaciable pronosticó usos prácticos del conocimiento científico de su época pero también lo hizo en el terreno social. En una entrevista, siendo ya famoso, que le concede a R. H. Sherard dice: A través de mis novelas, mi objetivo ha sido dar una imagen de la Tierra y no sólo la Tierra en sí, sino el Universo. Recuerde que, en algunas ocasiones, he llevado a mis lectores más allá de la Tierra. Al mismo tiempo he intentado mantener la belleza en el estilo.[7]
En 1994 apareció una novela que se daba por perdida, París en el siglo XX, que Jules Hetzel no publicó por considerarla demasiado pesimista, en ella se muestra a una sociedad obsesionada por la tecnología. Verne, que parecía encantado con la capacidad inventiva del ser humano, también conocía sus debilidades por lo que anticipaba los peligros que puede ocasionar la ciencia en manos del hombre. Después de una reflexión filosófica, y ya distante de las doctrinas positivistas, cuestiona el progreso y pone en duda los beneficios de la industrialización.


  1. Arnold Hauser, Historia social de la literatura y el arte: Desde el rococó hasta la época del cine, Madrid, Debate, 1998.

  2. En 1745, John Newbery abrió en Londres la primera librería y editorial para niños, La Biblia y el Sol, y en 1751 lanzó la primera revista infantil del mundo: The Lilliputian Magazin

  3. David Mayor Origuillés, Julio Verne, Madrid, Edimat Libros, 2004.

  4. David Mayor Origuillés, op. cit.

  5. Pere Sunyer Martín, Literatura y ciencia en el siglo XIX, Los Viajes Extraordinarios de Jules Verne, Geo Crítica, Cuadernos Críticos de Geografía Humana, núm. 76, julio de 1988.

  6. Pere Sunyer Martín, op. cit.

  7. Robert H. Sherard, Julio Verne en casa (Su propia narración de su vida y su obra), publicado originalmente en McClure’s Magazine, enero de 1894. Traducción de Ariel Pérez.

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(México D.F., México, 1971). Estudió la licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas en la UNAM. Es colaborador en medios periodísticos (reseñas, artículos y entrevistas). Actualmente realiza trabajo editorial y reseñas en medios. Poemarios: Estrella Madre y los días urbanos, 1993; Desierta Luz, 1996; Del crepúsculo y los decapitados, 1996; De luz las nuevas horas, 1996; Deslave Marino, 1997; Partevientos,1999 e Historia de los nombres, 2000.

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