La etapa parisina (1848 – 1865)

El encuentro con un singular personaje

Nadar

Gaspard Félix Tournachon
alias «Nadar»

    Ese año de 1860, Julio Verne conoce a un hombre extraordinario en el Club de la Prensa Científica, a un típico hijo de su época: Gaspard Félix Tournachon, un escritor, pintor, periodista, caricaturista y fotógrafo, que bajo el seudónimo de Nadar, gozaba de una gran celebridad; pero lo que más lo hizo destacar, era su entusiasmo por la navegación aérea. Cuando Verne conoce a Nadar, éste se encuentra entusiasmado por un gran proyecto: la construcción de un enorme globo dotado de una hélice para poder dirigirlo, llamado «Le Géant» o «El Gigante», que atrae en esos momentos la atención de toda Francia, pues Nadar realizará una infatigable campaña de propaganda de su proyecto, que será financiado mediante suscripciones y colectas públicas. Su entusiasmo despierta el interés de Julio Verne por esa nueva técnica: la aeronáutica, y pronto la inteligencia y capacidad de asimilación del escritor le permitirán dominar sus principios. Verne tiene incluso su propia teoría contraria a la de Nadar, pues mientras éste cree en lo factible de construir globos dirigibles, aquél piensa que son inviables.
La realidad le dará la razón a Nadar, puesto que treinta y ocho años después, el conde Zeppelin, construirá unos globos dirigibles perfectamente manejables. Las locuras de Nadar, serían también las de Verne. El futuro escritor le explicaría muchas veces a su excéntrico amigo su acariciado proyecto de novelar la ciencia. Definitivamente seguía encontrando su camino, y Nadar será uno de los artífices en apoyar a Verne en esta noble labor.

Nace Michel Verne

    A inicios de 1861, Verne realiza un nuevo cambio de domicilio. Esta vez se alojará en el boulevard Magenta nº 45. Por ese entonces, y a escasos días del aceptable éxito en París de la mejor de sus comedias: Once días de asedio, escrita en colaboración con Charles Wallut y representada en el Teatro de Vaudeville. De otro lado, la noticia del embarazo de Honorine alegró a los Verne-Allotte-Viane, pero enfureció a los Morel, familia política de la esposa de Julio Verne. Más de una vez intentó adoptar oficialmente a sus hijastras, pero la insidiosa familia Morel se opuso, tachándolo de advenedizo.
Ese mismo año, el hermano de Hignard, les proporciona nuevamente pasajes gratuitos a los dos amigos; esta vez el viaje es a Escandinavia, rumbo a Dinamarca y Noruega. Este nuevo viaje ilusiona de tal forma a Verne, que no duda en marcharse dejando sola a su mujer, la cual se encontraba esperando su primer hijo, pero la irresistible atracción de los fiordos, del sol de media noche y de las aguas árticas puede más en él que el sentido del deber familiar. Julio, un tanto temeroso ante la reacción de Honorine, procuró ocultar el viaje hasta el último momento. Al enterarse la esposa, comenzaron como era de esperarse los lloros, las súplicas, los insultos y las amenazas de separación por parte de ella. A pesar de todo, se hace a la mar el 15 de junio, hacia una aventura que terminará a los cincuenta días, pues en Copenhague, la capital de Dinamarca, recibe un cable confirmándole que la hora del parto de su esposa ha llegado. Así que, por un sentido de responsabilidad, se ve obligado a abandonar su periplo escandinavo, a mitad de viaje. En este episodio se puede apreciar la falta de interés de Julio por Honorine, aquel enamoramiento, ha resultado ser una ilusión, pues Verne no ama a su mujer. Finalmente tras un apresurado retorno, llega a tiempo para asistir al nacimiento de su primogénito, exactamente el día 3 de Agosto; es entonces que viene al mundo el que será el único hijo de Julio Verne: Michel.

 

bulevar Magenta

En el boulevard Magenta nº 45 nació Michel Verne

 

    Inspirado en su interrumpido viaje, Julio escribe Miserias felices de tres viajeros en Escandinavia. Sus manuscritos fueron descubiertos recientemente. Aquí el escritor está decidido a hablar acerca de sí mismo, describiendo sus estados de ánimo. Por otra parte, la presencia de la nueva criatura limó algunas asperezas entre los esposos, produciéndose una especie de tregua, pero los años demostrarán que Verne no sería un buen padre, con un hijo demasiado rebelde. Pero mucho más importante para Verne que la paternidad, que de hecho le molesta, pues los llantos del niño no le dejan trabajar, es la novela que, por esos tiempos, concibe y empieza a escribir, novela que será su primera obra auténtica, la que le abrirá las puertas de la fama, la riqueza y la gloria, está a unos pasos de convertirse en el novelista de la ciencia, ya que ahora posee los elementos que le permiten conjugar sus inquietudes literarias y científicas con su pasión por los viajes. Pero no son viajes comunes los que saldrán de su pluma, sino que serán extraordinarios como los llamará más adelante, serán las sagas románticas de hazañas maravillosas pero no imposibles, porque Julio Verne es ante todo un hijo del racionalismo del Siglo de las Luces.

Revolución aerostática y exploración del Nilo

    En 1862, Nadar intentará una aventura en globo: la travesía del Canal de la Mancha, que atrae la atención del público mundial. Verne fundará junto a Nadar este año la Sociedad para la investigación aérea. A su lado, el escritor aprenderá las técnicas y recientes experimentos, se zambullirá en problemas aerostáticos, obteniendo datos importantes de diversos personajes allegados con los cuales discute constantemente; aprende por ejemplo de una comunicación a la Academia de Ciencias de París por el capitán Meusnier, que un globo puede ser impulsado a través del África, gracias a la fuerza motriz que proporcionan los vientos alisios. Otro tema de gran popularidad en ese entonces, fue el de la expedición de dos exploradores ingleses, John Hanning Speke y el capitán Richard Francis Burton. Speke es un hombre joven, aventurero, periodista, cuyo mayor sueño es viajar a África, para explorar tierras nunca antes pisadas por el hombre blanco. Burton es uno de los más dinámicos y polifacéticos exploradores de Inglaterra, un hombre culto, capaz de hablar cuarenta idiomas, poeta y antropólogo. En 1854 los dos exploradores consiguen los medios para embarcarse en una aventura única, descubrir el nacimiento del río más grande de África, el Nilo. Luego de una década de haber concebido la «novela de la ciencia», se decide por escribir una novela basada en estos dos temas tan en boga en su época. Lo tiene decidido, el argumento estará basado en un viaje en globo a través del África. Verne intuye o sabe que esta haciendo algo importante, que no esta escribiendo un cuento más de los que publica en el Musée des Familles y se entrega al trabajo con esa dedicación casi brutal de la que es capaz, sin tener en cuenta las necesidades del cuerpo.
Varios físicos e ingenieros amigos de Verne, con su primo Garcet a la cabeza, trabajaron para proporcionarle un dispositivo revolucionario, necesario en la redacción de la novela, capaz de dilatar y contraer el gas de un globo, de tal modo que sus pasajeros pudieran ascender y descender a voluntad. Esa sería la clave de su primera novela: la exactitud y la minuciosidad en las descripciones que jamás abandonaría. Honorine se quejaba de que «estuviera metido siempre en su globo». Esta incomprensión de su mujer y su rutina en la Bolsa le irritan, se queja de su mala suerte en una carta: «Si escribo una comedia para un director, el director cesa; si pienso un título que me gusta, lo encuentro tres días después en cartel; si hago un artículo, aparece uno sobre el mismo tema.»

Un editor con visión de futuro


Verne en 1860. 32 años

Verne en 1860. 32 años
Cortesía de Andrew Nash

    Una vez finalizado su relato, se lanza a la ingrata tarea de buscar editor. De este modo recorre todas las casas editoriales de París, viéndose rechazado por más de una docena, los cuales no tuvieron siquiera la gentileza de leerla, le decían: «Señor Verne, no malgaste su talento, lo suyo ha sido siempre el teatro». Pero el destino pondrá al que sería su único editor Pierre Jules Hetzel en su camino. Al igual que con Dumas, no se sabe a ciencia cierta aún, en qué circunstancias se conocieron. Algunas biografías mencionan que ante la mala acogida que tuvo Verne por parte de los editores, fue a aliviar sus penas junto al excéntrico Nadar, amigo de Hetzel, que no dudó en recomendarlo. Pero el periodista Brisson en su entrevista al escritor dice: «De Bréhat le abrió la puerta del editor Hetzel». Aunque no conocemos acerca de este personaje, el periodista da a entender que fue De Bréhat quien actuó de intermediario, concretándole una entrevista con el editor recién llegado de su destierro político.
Jules Hetzel, años antes de su exilio, había iniciado una nueva forma de publicación, las denominadas novelas «por entregas», las cuales alcanzaron un gran éxito. Cualquiera que haya sido la forma en que se conocieron, lo cierto es que Verne visitó el despacho de Hetzel llevándole en seguida su manuscrito. Este editor era su última posibilidad de alcanzar el éxito en la complicada París. Sin embargo, Verne va a ver a Hetzel con pocas esperanzas, pues éste tiene fama de rechazar a los autores jóvenes, pero no le quedan ya más editores que visitar. Hetzel lo recibe escépticamente al verse ante un autor joven, con suntuosa displicencia, vestido con un camisón celeste, un gorro de algodón y rodeado de tapices, cristales raros y cueros repujados, pues el editor es un excéntrico que se pasa casi todo el día en cama y se levanta al anochecer. A pesar de todo, Jules Hetzel echa una ojeada al manuscrito, lo encuentra interesante a primera vista y lo cita para quince días después, para darle su opinión. Al pasar las dos semanas previstas, Julio retorna lleno de esperanza. Cuando sentado frente al editor a finales de setiembre de 1862, tiembla de miedo al oir su veredicto: «Joven, no está mal, pero en mi modesta opinión, no se trata aún de una auténtica novela, y es que no es un problema de fondo, sino de forma. Le falta dramatismo y cuidado en la unidad de los episodios. Introduzca nuevos elementos, y, sobre todo, acción concreta. Hágame de esto una verdadera novela y le firmaré un contrato. ¿Sabe, usted, joven, que tiene talento?»
En aquel instante debió de sentir Julio Verne cómo se abrían todos los más espaciosos caminos para su porvenir. Debió de sentir cómo se despertaba su secreto instinto, hasta entonces bien oculto y soterrado de crear e inventar. Acaso se vió entonces por primera vez en posesión de su personalidad auténtica. Entre tantos editores y expertos literarios que advirtieron su sed de gloria, ninguno había sabido encontrar, la hasta entonces misteriosa vena de su genio. Sólo Hetzel entrevió esa posibilidad, siquiera remotamente. Después de la entrevista, Julio corre excitadísimo a ver a sus amigos de la Bolsa y les dice: «Muchachos, los voy a dejar. He tenido la idea de que todo hombre debe tener una oportunidad en la vida y que yo he tenido una sola en mi vida. Acabo de escribir una novela de nueva forma, bien mía. Si tiene éxito será el filón de una mina de oro, luego entonces seguiré escribiendo sin tregua, en tanto que ustedes seguirán comprando valores en vísperas de la baja, y los venderán en vísperas del alza. Abandono la Bolsa, buenas noches, muchachos.»


Pierre Jules Hetzel

Pierre Jules Hetzel,
editor de Julio Verne

    Al llegar a su casa loco de alegría, se encierra en su despacho. «¡Qué papelería!», exclama Honorine, cuando atraviesa de puntillas el cuarto, sin saber que Julio ni ve ni oye nada de lo que le rodea. En veinte días escasos está nuevamente sentado frente al editor ya por tercera vez, con el relato modificado. Jules Hetzel debió sorprenderse al hallar sobre su mesa el manuscrito de Cinco semanas en globo. Observó los papeles primero distraido, quedándose maravillado de la erudición enciclopédica del joven, luego siguió revisando los escritos con curiosidad, y finalmente con encendido entusiasmo, dijo: «¡Sí, era esto, era esto exactamente lo que buscaba!» y no dudó en manifestarle que publicaría la novela. Ambos estaban muy emocionados y Hetzel dejaría hablar a Julio Verne a sus anchas. En esos preciosos minutos el escritor le expuso su proyecto de «la novela de la ciencia», que le había costado diez años de sacrificios, y que permaneció todo ese tiempo encarcelada en su corazón.
Verne le hace saber también su proyecto denominado: «Un paseo por el Cosmos de un hombre del siglo XIX», concebido dentro de una imaginación ya madura y apoyada en cientos de horas de estudio. Estas condiciones hacen ver al editor que se encuentra frente a un verdadero talento literario. Hetzel lo percibió, tenía frente suyo «una verdadera mina de oro que explotar».
A continuación, el astuto editor se dispuso a negociar, y le hizo firmar un contrato en el cual, cláusula a cláusula, salían ganando ambos. En ese documento, Verne se comprometía a escribir y entregar a Hetzel dos novelas anuales, durante el período de veinte años, por las que le pagará 1.925 francos por cada una de ellas, era una pequeña fortuna por ese entonces. Todo esto ocurrió un memorable 23 de octubre de 1862. Su encuentro con Hetzel fue decisivo, pues éste se convirtirá no sólo en su editor, sino también en su mentor literario y en su consejero.

El inicio de una carrera exitosa


Cinco semanas en globo

Grabado original de
Cinco semanas en globo

    Cinco semanas en globo es publicada finalmente el 31 de enero de 1863. La novela asombra al mundo con un éxito de ventas sin precedentes, se convirtió en un auténtico best-seller de su época, al triplicarse el tiro de la revista en que se publicó, pues en ella Verne da con lo que el público estaba esperando. Aquella «novela de la ciencia» que ha preparado durante diez años, es algo que, inconscientemente, estaba echando de menos la sociedad del siglo XIX, esa sociedad que ve con normalidad el hallazgo científico más sensacional, el prodigio técnico más revolucionario, la explotación más arriesgada, en una palabra, la conquista de la Tierra y la transformación de la naturaleza por la inteligencia y la fuerza del hombre. Por eso el lector acepta el nuevo género y el nuevo estilo que aporta Julio Verne a la literatura. El contrato a que Hetzel somete al bretón a partir de sus treinticinco años, hace de éste un escritor profesional y prácticamente asalariado, pero además condiciona decisivamente su obra en proyecto, al enmarcarla en los límites de la literatura infantil y juvenil.
Dotado de una férrea voluntad y de una capacidad de trabajo prodigiosa, Verne no sólo cumplirá hasta el último día de su vida las obligaciones a que le sometía dicho contrato, sino que incluso fue siempre delante del mismo, con varias obras en reserva. La literatura será para él su vocación, su devoción y su vicio, escribirá hasta el final de su vida, cuando su estado de salud lo obligue hacerlo. «Privarme de escribir sería la peor de las continencias», dijo alguna vez en una de sus cartas.
Contribuyó también al éxito de la novela, el hecho de que apareciera justamente en plena revolución aerostática. Nadar anunciaba por aquellos días, una suscripción pública para la construcción de su gigantesco globo «Le Géant» o «El Gigante» A los cinco meses de la publicación de su primera novela, Gabriel Landelle y Ponton d’Amécourt, fabricantes de juguetes científicos, propusieron a Nadar la creación de un nuevo centro de estudio y experimentación, a fin de evaluar las ventajas e inconvenientes de ambos sistemas: lo más ligero o lo más pesado que el aire. El centro fue bautizado con el nombre de Sociedad de Fomento para la Locomoción aérea por medio de aparatos más pesados que el aire, la cual tuvo su sede en casa de Nadar y en la que Verne participaría en ella en calidad de crítico.
Por ese entonces, Verne realiza un nuevo cambio de domicilio. Ahora se instala en el pasaje Saulnier. En octubre de aquel año de 1863, Nadar al frente de su «Le Géant», se eleva sobre el Campo de Marte, ante la mirada de una dos mil espectadores, potenciales compradores de Cinco semanas en globo. El viaje fue un éxito, pero lamentablemente el segundo viaje en su fastuoso globo terminó en tragedia. Un violentísimo viento arrastró al globo y cayó a seiscientos kilómetros de París. El aterrizaje fue penoso, pues la barquilla y el globo se arrastraron por el campo y Nadar se fracturó las dos piernas. Este hecho conmovió a Verne, que se vió obligado a publicar en el Musée des Familles un artículo en su favor: A propósito del Gigante.
Escribió además el cuento El humbug y la novela París en el siglo XX, la cual fue rechazada siempre por Hetzel, al considerar que estaba dirigida al público adulto, por ser un libro serio, incluso trágico, que no correspondía al proyecto literario que el editor había formado para su joven autor.[1] Sus manuscritos fueron descubiertos recientemente en 1990, por su tataranieto Jean, quien lo encontró en una caja fuerte, perteneciente al hijo del autor: Michel. Finalmente será publicada en 1994 por la editorial Hachette.

Educar recreando y por entregas


La revista de la Educación y la Recreación

La Revista de la Educación y la
Recreación
fue fundada en 1864

    El 1ro de enero de 1864, Verne y Hetzel firman un nuevo contrato, donde el escritor le vende a su editor los derechos de publicación de los dos volúmenes de la novela Aventuras del capitán Hatteras, que Julio Verne se había mantenido ocupado escribiendo el año anterior, y que estaba próxima a publicarse. El primero de los volúmenes se tituló Los ingleses en el Polo Norte y el segundo El desierto de hielo. Hetzel le modifica los términos del contrato y eleva la cantidad que cobra a 3.000 francos por volumen. Unas semanas después de haber firmado el contrato, Hetzel, animado por el éxito que le sigue proporcionado Verne con las ventas de su primera novela, concibe el proyecto de lanzar un periódico para la juventud: Magasin d’Education et de Récreation o La Revista de la Educación y la Recreación. Esta nueva revista, instructiva y recreativa a la vez, ilustrada y apta para todas las edades, sería dirigida por Verne en la parte científica, acompañado de Jean Macé en educación, y Stahl, seudónimo de su editor Hetzel, en la parte literaria. Pero ya la infatigable pluma había zarpado hacia otras latitudes. Era el Polo Norte.
En las páginas del Magasin d’Education et de Récreation y en forma de folletón, es decir mediante entregas sucesivas, ve la luz el 20 de marzo de ese año, la segunda novela de Julio Verne: Los ingleses en el Polo Norte, que constituye la primera parte de Aventuras del Capitán Hatteras, la novela de las latitudes polares. Su aparición suscitó inmediatamente una extraordinaria curiosidad y atención, pues el Polo Norte era misterioso e inaccesible en aquella época. Esta novela patentiza la extensión de los conocimientos geográficos de su autor, de los que, además, está al día. Escrita medio siglo antes del descubrimiento del Polo Norte, Julio Verne estaba perfectamente al corriente de los viajes árticos realizados. Pero, nuevamente, el exceso de de trabajo le reproduce las neuralgias y los ataques de parálisis facial. Pese a ello «la ociosidad me es un suplicio», «apenas un libro está terminado, me veo obligado a comenzar otro» confía a su hermano e íntimo amigo Paul.
Y es que su imaginación es un volcán por cuyo cráter inflamado se derraman todos los conocimientos acumulados y sometidos durante tantos años a la presión de la paciencia. La obra que ahora se «ve obligado a comenzar» es Viaje al centro de la Tierra, una de las más fascinantes que hayan nacido de su imaginación. Verne se sabe ya poseedor de todos los recursos para acometer un empresa tan difícil como la del descenso a las entrañas del Globo; era un viaje que nadie había imaginado antes que él. Para la elaboración de dicha obra cuenta con el asesoramiento del vulcanólogo Saint-Claire Déville, que hasta cierto punto ha intentado la hazaña de visitar las entrañas de la Tierra, puesto que ha descendido por la chimenea del volcán Strómboli. El contacto con especialistas que lo asesoren en lo que escribe es un principio que preside el método de trabajo de Julio Verne, quien en el caso concreto de Viaje al centro de la Tierra, se documenta además, en los estudios de geólogos, naturalistas y mineralistas, siguiendo las polémicas científicas que oponen a los naturalistas catastrofistas con los evolucionistas. Viaje al centro de la Tierra es un nuevo éxito, sin embargo, su vertiginosa producción literaria no se detiene, y publica ese mismo año dos ensayos: El Conde de Chantelaine y Edgar Allan Poe y sus obras.
A fines de 1864, decide instalarse en un espacioso piso del residencial barrio de Auteuil en la rue de la Fontaine nº 39, en donde recibe únicamente a sus más íntimos amigos: Maisonneuve, Wallut, Phillipe Guille, Leo Délibes y Victor Massé, músicos estos dos últimos. Las visitas de sus más cercanas amistades cada vez disminuían más, pues Verne se halla concentrado en la preparación de una nueva novela que le absorbe completamente.

El primer viaje espacial

    En 1865 publica en el Journal des débats, otro de sus grandes viajes: De la Tierra a la Luna, que produce en el público una emoción indiscriptible. Hay que mencionar que esta obra va apareciendo en folletón o por entregas, lo que excita aún más la ansiedad de los lectores, a tal punto que en el episodio en que el francés «Ardan», personaje que es un homenaje al intrépido aeronauta Nadar, cuyo nombre transforma Verne cambiando el orden de las letras, anuncia mediante un telegrama que piensa viajar en el interior del proyectil con destino a la Luna, de pronto, la editorial Hetzel se llena de telegramas de individuos que quieren participar del viaje, es decir ¡se ha producido un fenómeno de alucinación colectiva!


De la Tierra a la Luna

Grabado de De la Tierra a la Luna

    La notoriedad de Verne era tal en esa época, que a su casa afluían invitaciones de los más renomabrados salones de París, que rivalizaban en fiestas fastuosas. Pero el escritor declinaba aquellas invitaciones para no distraerse de la titánica obra emprendida, que le acaparaba totalmente. En la época de Verne, la idea de visitar la Luna no era nueva, pero hasta él, no se había encontrado otro vehículo más que el sueño y la poesía. Anteriormente, Charles Sorel, Cyrano de Bergerac y Poe, entre otros, habían acometido este viaje. Lo que era absolutamente nuevo era abordar y plantear el sueño como un problema científico y tener conciencia de su factibilidad. El genio de Verne estuvo ahí, pues fue él, el único que tuvo la audacia y la extraordinaria intuición de la posibilidad de enviar un «obús» a la Luna como vehículo espacial. Y es que las entregas de la obra De la Tierra a la Luna parecen en realidad reportajes de un proyecto aunténtico; a tal punto cuida Verne los detalles científicos, acudiendo en este caso al asesoramiento de los matemáticos Henri Garcet, primo suyo, y a Joseph Bertrand, que revisan todos y cada una de las curvas, parábolas e hipérboles del vehículo espacial en forma de «obús-vagón».
Esta novela será una de las más populares del escritor a través de los años, pues Yuri Gagarin, el primer hombre que ascendió al espacio, dirá: «Fue Julio Verne quien me orientó hacia la astronáutica», y la Unión Soviética dará el nombre de Monte Julio Verne a uno de los cráteres descubiertos en la cara oculta de la Luna por el primer vehículo que realizó el viaje ideado por Verne, el Lunik III.
Este año también publica el cuento Los forzadores de bloqueos. De otro lado, Verne recibe un fuerte golpe sentimental, debido a la muerte de su íntima amiga «Estelle Duchêne de Asnières». En efecto, muchos de sus biógrafos modernos, admiten que fue por aquella época que Verne mantuvo una relación paralela con otra mujer, que sólo acabó cuando ésta dejó de existir. Todo parece indicar que Estelle es aquella misteriosa dama que habría robado el corazón del escritor. Y, el 11 de diciembre de ese año, Verne y Hetzel firman un nuevo contrato de trabajo, donde el editor toma la propiedad absoluta e indefinida de las obras del escritor, ganando el derecho exclusivo sobre las ediciones ilustradas. Un examen de las cuentas de Hetzel, realizado algunos años después de la publicación de las primeras ediciones ilustradas, mostraron que Hetzel había ganado sumas de dinero enormes, gracias a estas ediciones, de las que Julio Verne solo percibió una mínima fracción.