La etapa parisina (1848 – 1865)

El organismo humano tiene un límite de resistencia

    En 1854 estando de regreso en París, muere Jules Seveste, a causa de la epidemia de cólera que los combatientes de la guerra de Crimea han llevado a París. La muerte del director del Teatro Lírico va a librarle del cargo de secretario que a él le parecía una total pérdida de tiempo, pues siempre anheló tener libertad para poder estudiar y escribir. Verne se resiste incluso a la tentadora oferta que le hacen la viuda de Seveste y Emile Perrin, director de la ópera cómica, para que se haga cargo de la administración de la escena del teatro, es decir un empleo superior y mejor pagado, pero lo rechaza definitivamente para dedicarse por completo a la realización de su obra, dejando en su puesto en octubre de ese año, a Philippe Gille.

 


Teatro Lírico

Verne trabajó como secretario
del Teatro Lírico de 1851 a 1854

 

    Una vez libre de este trabajo, sigue sus intensos estudios en la Biblioteca Nacional, sigue visitando también a su primo matemático Henri Garcet, del cual estudia con esmero una de sus obras: «Elementos de mecánica» y no deja de frecuentar el Club de la Prensa Científica con la finalidad de seguir ampliando sus conocimientos. Tanto estudio y trabajo le ocasionan fuertes dolores que terminan por producirle una parálisis facial que le deforma levemente el rostro. Estas parálisis se repetirán en Julio Verne a lo largo de su vida cuando intensifique su trabajo.
Al resentimiento de su salud se añade ahora la muerte de dos de sus amigos, haciéndolo introducirse en el estudio de temas metafísicos desconocidos para él hasta entonces, con la finalidad de tranquilizar su espíritu. Estos estudios se reflejan en la novela corta que publica en ese año de 1854 en el Musée des Familles: Maestro Zacarías. En ella narra la historia de un relojero quien cree haber descubierto el secreto del Universo con sus instrumentos reguladores del tiempo, y que desafía a Dios. La inspiración del argumento, la encontramos en un hecho real ocurrido a Verne, pues se cuenta que, recién llegado a París, se lanzó a la calle y, deslumbrado por el esplendor de la capital, chocó con un transeunte de aspecto inocente que lo despojó con habilidad de su reloj; al percatarse del hecho el futuro escritor acudió inmediatamente a la gendarmería más cercana para denunciar al ladrón. El policía, con una curiosidad de buena ley, le preguntó de qué tipo era el mecanismo del reloj. El joven no supo qué responder, pero la pregunta lo intrigó tanto, que más adelante estudió por su cuenta el funcionamiento de los relojes, instrumentos dotados de «una especie de corazón que late incesamente en el interior de sus cuerpecillos». Esta anécdota ilustra la atracción absorbente que Verne comenzaría a sentir por la ciencia desde ese momento.
La situación anímica del autor empeora, cuando por esos días circula clandestinamente en su ciudad natal de Nantes una poesía pornográfica titulada Lamentaciones de un pelo de culo de mujer, que se le fue atribuída a Julio Verne, creándole innecesariamente más problemas familiares, pues Pierre Verne no puede menos que atribuir esa falta de respeto a los más acendrados valores y principios de su clase, al ambiente bohemio, al «antro de perdición» en que se mueve su hijo. Es entonces que va en busca de reposo a las costas de Dunquerque a pasar unos días con el dinero que ganó con la publicación de su último relato. Allí puede apreciar la hermosura del mar del Norte, comprendiendo que su pasión por ese mar que dejó en su infancia, aún le quema con el mismo ardor de sus primeros años.

Una nueva literatura va tomando forma

    En 1855, gracias a su experiencia vivida en Dunquerque y habiendo retornado a París, publica en el Musée des Familles: Una invernada entre los hielos. Esta novela corta no es muy buena, pero en ella se puede apreciar ya los rasgos de un trabajo que va tomando forma y que está cercano a llevarlo a la cumbre literaria. Estrena en el Teatro Lírico la ópera cómica en un acto, escrita en colaboración con Michel Carré: Los compañeros de la Marjolaine. Escribe dos piezas teatrales más: A orillas del Adur y Guerra a los tiranos.
Pero sus obras si bien van mejorando, siguen sin proporcionarle el suficiente dinero para mantenerse adecuadamente; es entonces que su padre vuelve a la carga, con la esperanza aún de recuperar al hijo perdido, proponiéndole un tercer intento matrimonial. Esta vez la candidata era una rica heredera de Mortagne. Verne parece aceptar casarse por dinero, pues le había escrito a su madre: «Cásame mamá, tomaré la mujer que quieras, con los ojos cerrados y la bolsa abierta.» Pero una vez más, Julio reacciona y tras conocer a la novia renuncia nuevamente a la proposición de su padre, mediante una carta, refiriéndose en estos términos: «Mi mujer no está ni bien ni mal, no es ni estúpida ni inteligente, ni divertida ni desagradable. Me da un hijo o una hija cada nueve meses, lo que me hace tan feliz como el final de un cuento de hadas. ¿No está ahí mi porvenir, puesto que la felicidad de la existencia consiste en tener el cerebro atrofiado y en vivir la existencia de los patos en una charca?»
Sin embargo, el bohemio miembro de la peña «Los once sin mujeres», poco a poco se cansa de su soledad y ansía ahora fundar un hogar,[1] por lo que decide abandonar esta agrupación, refugiándose una vez más en su trabajo. A este fin, Verne se muda al nº 18 del mismo boulevard Bonne-Nouvelle.

Boda y agente de Bolsa

    En 1856, Auguste Lelarge, uno de sus amigos de estudio de la Sorbona, le invitó a ser testigo de su boda con Aimée de Viane, la cual se realizaría en la ciudad de Amiens. De esta manera, el 20 de mayo de ese año viaja a dicha ciudad, sin sospechar que este breve viaje lo marcaría para toda su vida. Allí conoció al día siguiente a la hermana de la novia, una mujer a cuyos encantos sucumbió de repente, a pesar de su recalcitrante escepticismo. Aquella muchacha era una viuda muy bella, de la misma edad que Julio Verne, se llamaba Honorine Anne Hébe du Fraysse Morel de Viane, que tenía dos hijas de su primer compromiso -Auguste Morel, empleado en una notaría de Amiens que falleció de neumonía- y su padre era un viejo militar jubilado, el cual retiene a Julio durante ocho días, con la intención de asegurar el futuro de su hija y de sus dos nietas: Suzanne y Valentine, de cuatro y dos años respectivamente.
Hasta ese momento, Verne lleva una vida muy dura, llena de privaciones, detrás de un objetivo que ve aún incierto, pero esto no fue obstáculo para que la pidiese en matrimonio, con gran escándalo de su familia en Nantes. Julio ve en Honorine, a la compañera que lo puede apoyar y alentar, en el titánico proyecto que se ha propuesto. Con la emoción que lo embarga en esos momentos, le escribe a su madre desde Amiens: «Tengo más que nunca decididas ideas sobre el matrimonio. Quiero casarme, hay que casarme; no es posible que la mujer que debe desposarme no haya nacido todavía.»


Julio Verne en 1856. 28 años

Verne en 1856. 28 años

    Por otra parte, Julio cree haber hallado solución a sus problemas económicos, ya que Ferdinand, el hermano de Honorine, es un agente de Bolsa y gana mucho dinero; es de esta forma que concibe la idea de dedicarse a la profesión de su cuñado, la cual le daría el tiempo necesario para profundizar en su novedoso proyecto literario. Mas para acceder a esta nueva profesión, se asoció por recomendación de su cuñado, con un agente ya establecido en París de nombre Eggly, que se hallaba en busca de un socio capitalista. Para establecer la sociedad se necesitaba 50.000 francos, ¿dónde conseguir tan elevada cifra? y Julio Verne piensa en buena lógica que, habiendo conseguido anteriormente vencer la resistencia de su padre, esta vez también lo conseguirá y comienza la lucha. Julio le explica a Pierre con todo detalle lo que desea, le envía informes, le pone al corriente que no desea dejar la literatura, pero que necesita urgente una situación desahogada y una esposa, para poder aspirar a la misma felicidad que él tiene. En una de estas cartas Julio le manifiesta:
«Yo no puedo continuar viviendo del milagro. Correr tras la moneda de cinco perras puede ser divertido a los veinte años. A los treinta, uno pierde en ello su dignidad. Queda por saber si, eventualmente, tú querrías prestarme la suma necesaria a la compra de una parte de agencia de cambio.» Esta proposición aterra a Pierre, produciéndose un nuevo conflicto entre ellos, ya que el severo abogado no puede concibir que su hijo, además de pretender casarse con una viuda con dos hijas, ahora quiera ser financiero y especulador. Pero nuevamente la madre hace entrar en razón al padre y lo convence a arriesgarse en favor de su hijo, concediéndole el préstamo requerido, a pesar de haber vendido hace un año antes su bufete, pues Pierre se había resignado a no tener a su primogénito a cargo del mismo. Incluso consiente en financiar también su boda. Pero otra vez el hijo incorregible le da un nuevo disgusto a sus padres. Ahora se empeña en no celebrar la boda de manera convencional, sino realizarla en forma secreta, sin más acompañamiento que el necesario, es decir, el de algunos familiares y el de sus testigos: Hignard y Garcet.
El resto del año lo invierte en hacer los preparativos para casarse y convertirse en agente de Bolsa, realizando un corto aprendizaje en el despacho de su amigo Giblain. Sin descuidar su trabajo de escritor de obras de teatro, estrena: Los felices del día. El hecho de que rinda tributo a la moda de la época escribiendo una comedia de costumbres, que en aquel entonces junto al vodevil habían puesto de moda al Segundo Imperio, no significa que haya renunciado a su magno proyecto de novelar la ciencia, de realizar la síntesis de un mundo que se transforma vertiginosamente, un dominio aún no abordado por nadie y que está esperando a su autor. Se trara, simplemente, de que se reconoce todavía insuficientemente preparado para abordarlo. Paralelamente, sigue enriqueciéndose en conocimientos y se esfuerza por mejorar cada vez más su «lenguaje científico» que lo ayudará a convertirse en un escritor con estilo propio.

El luto nupcial

    Verne había fijado su boda para el 10 de enero de 1857 y sabedor de las burlas a las que se sometía como último soltero del club «Los once sin mujeres», propaló toda suerte de mentiras con respecto al lugar donde se celebraría la boda. A sus amigos de París les hizo saber que se casaba en Amiens, a los de Amiens en Nantes y a éstos, en París.

 

Honorine Morel de Viane Julio Verne

Honorine de Viane y Julio Verne en 1857, año de su matrimonio

 

    Finalmente, después de ocho meses de noviazgo, Julio y Honorine se casan en la fecha fijada, ante la presencia de Hignard y Garcet como testigos. La ceremonia civil se realizó en la alcaldía del tercer distrito de París y a continuación la boda religiosa en la iglesia Saint-Eugene. Gracias a sus artimañas, consiguió tal como había previsto, que sólo asistieran una docena de invitados, contabilizando a sus padres y sin la presencia de su hermano Paul que se encontraba de travesía. Esta forma de contraer matrimonio, irrita profundamente a su padre que la considera fuera de todo protocolo burgués, al mismo tiempo que critica duramente la extravagante indumentaria con que su hijo contrae matrimonio: un traje completamente blanco y unos guantes negros, cuyo color representa señal de duelo, pues para Verne, la muerte entraba en su alma al casarse, ya que lo hace más por llevar la contra a su familia que por auténtico amor. Con el pasar del tiempo, Verne sentirá por su mujer sólo indiferencia, al descubrir en ella su auténtico carácter de mundana y de amante de las fiestas de sociedad. Había escapado de la tiranía del padre para caer en la de una esposa dominante, insensible y pendiente de sí misma.
Sin embargo, en los primeros meses de casados, instalados ahora en el boulevard Poissonnière nº 18 de la rue Saint-Martin, la abuela de las niñas de Honorine se hizo cargo de ellas, lo que le proporcionó a los flamantes esposos cierta libertad durante algunas semanas. Tras el viaje de bodas, posaron para el célebre Delbarre, fotógrafo de su alteza imperial, la princesa Mathilde. Estos meses en París fueron un torbellino de cenas, fiestas y teatros. Honorine rebosaba de felicidad aquellos días primorosos.
Conseguida su tranquilidad económica, Julio Verne se lanza como una tromba a la consecución de su meta que ya ve cercana. Se levanta a las cinco de la mañana y durante cinco horas escribía sin interrupción. A las diez de la mañana, encerraba bajo llaves sus cuartillas y se iba a la oficina de Eggly para luego ir a la Bolsa, y las tardes las dedicaba a estudiar y a aumentar su fichero técnico en la Biblioteca Nacional. En aquellos días, como medio de distracción, escribe numerosas canciones con música de su amigo Hignard.

 


Bolsa de París

Verne trabajó como agente de cambio en la Bolsa de París

 

    De momento basta señalar que, en contra de los temores de su padre, Julio Verne se desenvuelve bien en la Bolsa, no hace grandes ganancias pero tampoco se arruina. Su nueva ocupación no le absorbe ciertamente y como se ha autodisciplinado y tiene gran capacidad de trabajo, puede dedicar muchas horas a su proyecto literario, aunque sea robándosela al descanso, concepto que le es prácticamente desconocido. Pero es que además, su nueva profesión no está distanciada en absoluto con sus aficiones literarias. En la Bolsa de París hay un buen número de agentes que son escritores o periodistas, entre ellos Charles Wallut, actual director del Musée des Familles, la revista que publica sus relatos. Con sus amigos, solían formar tertulias en los pasillos del templo del Capital; Julio Verne animaba estas reuniones, en compañía de Philippe Gille, Charles Wallut, Cardaillac, Duquesnel, Genevois, Feydeau, entre otros, todos integrantes del antiguo club «Los once sin mujeres», a quien la providencia se encargaría de reunirlos nuevamente. Aquella Bolsa se convertiría en una de las más divertidas tertulias de París.
En 1858 manteniendo su ritmo de vida, escribe el cuento El destino de Juan Morenas, y se muda nuevamente, esta vez a la rue Faubourg-Montmartre nº 54.

El placer de viajar

    En 1859 a sus treintiun años, Alfred, hermano de Aristide Hignard, les proporciona a Julio y a su hermano músico, dos billetes gratuitos para que viajen ida y vuelta a Escocia, ya que era agente en Saint-Nazare de una compañía de navegación. El gran sueño de su infancia, ese gran viaje por mar, se realizará al fin el 25 de julio, partiendo de Nantes. Emocionado, Verne envía a su esposa a Amiens para viajar en compañía de Hignard. ¡Rumbo a Escocia! ¡El país de sus ancestros, la tierra de su antepasado el arquero Allott y de Walter Scott!. Visitan Edimburgo, y sobre todo el gran centro industrial de Glasgow, en cuyos astilleros contempla maravillado al gran trasatlántico «Great Eastern», el pionero de los modernos trasatlánticos al que será reservado el honor de tender el primer cable transoceánico. Su inmensidad lo deja perplejo a tal punto, que promete navegar en él, cuando tenga el dinero suficiente para costearse un pasaje a bordo. Los recuerdos de este viaje le inspiran a escribir Viaje maldito por Inglaterra y Escocia.
Durante una partida de caza, en octubre de este año de 1859, Verne estuvo a punto de matarse, al disparársele accidentalmente la escopeta; y horas más tarde tomaría por blanco una extraña pieza que resultó ser el gorro de un gendarme, lo que le produjo problemas con la autoridad. Esta aventura, produce en él una aversión por la caza que mantendrá durante toda su vida. Para Verne los cazadores incurren en dos fechorías: cazar y relatar sus proezas cinegéticas. Él se limitará a la segunda, pues estas experiencias aparecerán años más tarde en su cuento Diez horas de caza.

 


Julio Verne en 1860

Julio Verne en Provins, en la parte superior junto a su familia hacia 1860

 

La influencia de Poe

    En 1860 estrena las operetas El Señor Chimpancé y El albergue de las Ardenas, ambas con música de Hignard. En la época del estreno de esta última opereta, Honorine queda embarazada. Acomodado en el trabajo y en el hogar, Verne ve pasar el tiempo como una rutina: estudio de temas científicos para su proyecto, estreno de operetas y publicación de relatos de poco interés, que a veces le desespera, como refleja en una carta a su padre: «Hay veces que me desanimo…Estoy seguro de que con el tiempo alcanzaré mi fin, pero me asusta verme a los treinta y dos años donde estoy, cuando pensaba haber adquirido a los treinta y cinco, una situación estable en la literatura.»


Edgar Allan Poe

La literatura de Edgar Allan Poe
ejerció una notable influencia
en la obra de Julio Verne

    El escaso o nulo éxito de sus obras teatrales comienzan a minar en el corazón de Verne, sin embargo, la providencia pone en sus manos en la Biblioteca Nacional, las «Historias Extraordinarias» de Edgar Allan Poe, relatos que habían sido traducidos en 1854 por el poeta Charles Baudelaire. Aquella literatura estaba íntimamente relacionada con su proyecto, aquello extraordinario se reflejaba en los números, enigmas y cosas exóticas. El éxtasis por la literatura de Poe le duró meses, hallando en ella sólo una objeción, que las fantasías del escritor americano estaban construidas sobre fantasías también, y eso en opinión de Julio Verne constituía un grave error. A pesar de esto, sus vivencias sobre Poe fueron tan excitantes, que Verne se compremetió con Wallut a escribir un extenso ensayo sobre el poeta en el Musée des Familles. Así que su proyecto de novelar la ciencia a punto de perecer por la mediocridad de sus obras teatrales revivieron gracias a esas «Historias Extraordinarias» de Edgar Allan Poe.

    Paralelamente la ciencia marchaba a la cabeza de la sociedad, desde la filosofía hasta la literatura, los periódicos y revistas abrían sus páginas a los más audaces proyectos técnico-científicos y Verne gozaba de una gran ventaja, sus envidiables ficheros, fruto de años de estudio e investigación en la Biblioteca Nacional. La sociedad se encontraba ahora ansiosa y dispuesta para esa literatura de la ciencia a la que Verne apuntaba.