La etapa parisina (1848 – 1865)

Un nuevo género: «La novela de la ciencia»

    Para olvidar el hambre se convierte en lector voraz. En los duros bancos de la Biblioteca Nacional, entra en contacto con la literatura de su tiempo, lee las ideas progresistas de Saint Simon y Fourier y descubre la extraña obra de un escritor norteamericano, todavía no traducido al francés: Edgar Allan Poe, por quien siempre sentirá una profunda admiración, aunque tendrá que esperar años a que esta literatura sea traducida al francés original de Julio Verne, pero la providencia se encargará en su respectivo momento de acomodar los acontecimientos.

Biblioteca Nacional de París

Biblioteca Nacional de París
en la época de Julio Verne

    Tiene además la oportunidad de saciarse en la Biblioteca de lecturas científicas y geográficas, entre ellas: Le Tour du Monde, dirigida por el sansimoniano Edouard Charton. Se interesará por el estudio de materias como geometría, física, química, mecánica, biología, balística, geografía, navegación, etc. Es así que concibe la idea de crear «la novela de la ciencia», sería este un estilo nuevo en el cual podría destacar, pues sabe que en el campo de los románticos llenos de genios en su época no será nadie, necesitaba definitivamente el suyo propio. Cuando su padre le pregunta qué estilo piensa tomar como literato, le responde que trabajará en un campo novedoso que está por crear. Le escribe a Pierre en estos términos acerca de sus piezas teatrales: «Estas obras no son apenas serias, en efecto. Tengo en mente muchas ideas en la cabeza, millares de proyectos que no soy todavía capaz de formular; si lo que imagino es bueno, lo verás algún día; pero me hace falta tiempo, paciencia y tenacidad.» Su proyecto de novelar la ciencia dándole un toque romántico se lo hace saber a Dumas, el cual lo califica de «inmenso».
Lo fundamental para Verne era conseguir una documentación extremadamente sólida, y ello exigía un lento y paciente esfuerzo, así como de una tranquilidad económica. Su padre insiste en salvar al hijo de la perdición, pero el terco joven dispuesto a seguir su camino trazado, le responderá enfáticamente en una carta fechada en enero de 1851 lo siguiente: «Estoy trabajando y si mis obras no tienen resultado cercano, esperaré. No creas sobre todo, que me divierto aquí, pero hay una fatalidad que me sujeta a este lugar. Puedo ser un buen literato, pero no sería más que un mal abogado, que no vería en todo más que el lado cómico y la forma artística y tomaría la realidad de las cosas… Agradezco la pensión que me envias como una gracia especial. Si, no obstante después, por mi trabajo se extendiese sobre la familia cierto renombre, esto no haría mal a nadie; hay que actuar, pues, en el presente y tener fe en el porvenir.»
Esta misiva le costó a Julio, la suspensión total de su pensión. Asolado entonces por las dificultades financieras y los problemas familiares, tuvo que considerar seriamente la posibilidad de ejercer la carrera de abogacía en el despacho de un amigo de la familia, de apellido Championnière. Pero, por azares del destino, el señor Championnière murió en ese momento.[1] Julio Verne vio en eso una señal del destino. Sin embargo, la necesidad de sobrevivir le obligará a seguir dando clases de Derecho, redactando cartas para soldados analfabetos, e incluso acepterá trabajar como escribiente subnumerario en el despacho de un abogado, sólo por un pequeño tiempo.

Testigo de la revolución científica del siglo XIX

    Desde 1848, la sociedad empezó a experimentar un profundo cambio. Los románticos dejaron paso a los partidarios de Saint-Simon, quien propuso que los científicos ocuparan el lugar de los clérigos en el orden social. La industria y la ciencia se aliaron y favorecieron el nacimiento de nuevas doctrinas. Las máquinas, hallazgos tecnológicos y descubrimientos geográficos fueron modificando los esquemas del pueblo. El mundo era testigo de los contínuos descubrimientos científicos y Pierre Chevalier que aparecía bajo el seudónimo de Pitre-Chevalier, redactor en jefe desde 1845 de la revista Musée des Familles o Museo de las Familias supo verlo. Dicha revista venía destacando por ese entonces en París, imponiéndose de inmediato como herramienta natural del nuevo ímpetu popular hacia la alfabetización. Presentaba además una vocación enciclopédica, que de pronto se puso muy de moda, donde la colaboración de autores célebres como Dumas, Balzac y otros no podía faltar. La novedad era que los textos iban sistemáticamente acompañados por ilustraciones de buena factura, lo que lograba una atractiva y muy apreciada iconografía. A los treinta y dos años, Pitre-Chevalier ya había realizado una gran labor periodística, escrito algunas obras regionalistas sobre la Baja Loira y la Vendée, y se reveló como un director de ideas modernas. Inventó el principio del folletín y creó una nueva prensa destinada al gran público. Este nativo de Nantes no cesaba de ampliar su círculo de colaboradores, su «cuadra de plumas» para estar bien acorde con la actualidad y seducir a sus lectores.
En 1851, la carrera literaria de Julio Verne tomó un giro decisivo. Gracias a Dumas, frecuentaba el salón de Jacques Arago, personaje entonces célebre y preferido de los círculos parisinos, a quien conoció casi ciego. Hermano menor de François, el encumbrado astrónomo, director del Observatorio de París. Jacques era una persona con una mente brillante, gran viajero y aventurero sin igual. En 1817, participó en la expedición científica de la corbeta Urania alrededor del mundo. Viajó en globo, en barco de vapor y vio los primeros ferrocarriles. Autor dramático y director de teatro, pese a una ceguera, intervenida en 1837, Jacques no dejó de viajar ni de escribir. Atento a toda novedad y a todo descubrimiento, Verne aprovechó muy bien la amistad de Arago, sabiendo que gracias a su ayuda podría concebir mejor su «novela de la ciencia». Esta mezcla resultó ser de una riqueza prodigiosa, y, para el joven escritor fue, sin duda, un gran polo de atracción.
Pitre-Chevalier, habiendo oído hablar seguramente de Julio Verne a través de los Dumas, se puso en contacto con él para pedirle que colaborara en la revista. Fiel a su costumbre, le dio plena libertad temática a su nuevo autor quien le confíó sus ideas sobre México y la navegación en globo. La influencia de François Arago se hizo sentir. Pitre-Chavalier aceptó ambos temas sin prometerle fecha de publicación y Verne quedó encantado: ¡Por fin podría vivir de su pluma! Esta era su oportunidad de ir modelando su «novela de la ciencia». Es así que decide informarse más de los conocimientos científicos de su época. Acude a su primo Henri Garcet, a quien conoció en su segunda visita a París; este matemático, maestro de la Sorbona, lo introduce en el maravilloso mundo de la ciencia. Gracias a él, Verne puede entrar en los gabinetes de química y física experimental, visitar el observatorio astronómico y el jardín botánico. Asiste también a conferencias y pregunta incansablemente, toma notas, las compara y las discute una y otra vez. En los primeros días de abril de ese año, Julio se muda a otra buhardilla ubicada en la rue Notre-Dame-de-Lorette.

 

Bulevar Bonne-Nouvelle

Verne vivió en una buhardilla
del boulevard Bonne-Nouvelle

 

    No obstante, en ese momento, Julio estaba íntegramente dedicado al teatro y, gracias al apoyo de Dumas hijo, se convirtió en secretario del Théâtre Lyrique o Teatro Lírico, bajo la dirección de Édouard Seveste. El sueldo de cien francos mensuales no le sacaba de la miseria, pero era algo, y un algo que lo mantenía cerca de sus dos pasiones mayores: el teatro y la música. Era, sin embargo, una función meramente administrativa que lo absorbía más de lo que él hubiera deseado. Por eso, trabajaba en varias colaboraciones de manera simultánea, como lo son las piezas teatrales: Quiridine y Los sabios, las cuales, a pesar de todo, no fueron representadas. Sus ingresos como secretario del Teatro Lírico, le permiten mudarse a fines de 1851 junto con Bonamy al boulevard Bonne-Nouvelle nº 11. Esta nueva buhardilla, será continuamente frecuentada por los hermanos Arago y por otros personajes vinculados con la ciencia, deseosos de colaborar con Verne en su formación enciclopédica, aunque debido a razones de espacio y de escasez de mobiliario y de víveres, muchas de estas reuniones terminarían en casa de los visitantes.

Primeras publicaciones

    Gracias a esta ardua labor e independizado ya de su padre, publica finalmente en el Musée des Familles dos relatos. El primero de ellos Los primeros navíos de la marina mexicana, fue retitulado después como: Un drama en México. Se trata de un cuento histórico inspirado por el viaje al equinoccio americano, del naturalista y explorador alemán Alexander Von Humboldt; este relato cuenta las peripecias de dos viejos barcos españoles que se pasaron a la causa de los insurrectos durante la guerra de la independencia de México. El segundo cuento que publicó fue Un drama en los aires, donde se narra la historia de un aeronauta que, una vez en el aire, descubre en la barquilla de su globo a un loco ilustrado y maniático de los viajes aéreos. Estos trabajos son ya los anuncios de una obra que empieza a germinar dentro de una imaginación que va descubriendo de a pocos su talento.

 

El Museo de las Familias

La revista Musée des Familles publicó los
primeros trabajos literarios de Julio Verne

 

    Mientras tanto, en enero del año 1852, los acontecimientos políticos se precipitan en Francia, pues Napoleón III proclama el Imperio, desencadenando un proceso reaccionario, que manda al exilio y la cárcel a un gran número de intelectuales y escritores simpatizantes de la República, entre ellos su futuro editor Hetzel.
En febrero muere Édouard Seveste y su puesto en el Teatro Lírico peligra, pero Jules Seveste, el hermano de Édouard que había tomado su puesto, lo sostiene en el cargo. Las obras teatrales y el propio Teatro Lírico le empiezan a pesar, por lo que piensa ya en librarse de este trabajo. De otro lado, continuando con la realización de su gran proyecto, se hace miembro del Club de la Prensa Científica, en donde entabla amistad con más exploradores, viajeros, navegantes, periodistas, científicos y geógrafos. Los más destacados de estas amistades son sin duda alguna, la del explorador Jacques Arago, con quien sigue compartiendo más conocimientos y la de Élisée Reclus, un par de años menor que Julio, pero que ya era un destacado geógrafo de la época. No había duda que la «novela de la ciencia» sería su destino, está seguro de ser el pionero de este género, aunque la tarea sea lenta, y laboriosa.
En la época en que Verne proyecta crear la literatura de la edad científica y sueña en traducir a un lenguaje épico el largo y lento sueño de la naturaleza, la Tierra se ofrece todavía virgen al hombre, como una materia plástica entregada a su genio creador.



Verne en 1852. 24 años

    Por lo pronto, Julio Verne sigue publicando en el Musée des Familles, algunas obras de escaso interés literario como Castillos de arena en California, una obra de teatro no estrenada, escrita en 1851 en colaboración con el director de la revista, Pitre-Chevalier. Esta historia es una sátira acerca de la fiebre del oro tan popular en aquel momento y en que se puede apreciar la influencia de su amigo Jacques Arago del Club de la Prensa Científica, a quien le fascinaba contarle sus aventuras como guía de muchas bandas de buscadores de oro en Colorado, EE.UU. Escribe también una comedia en verso sobre los amores de Leonardo da Vinci y la Mona Lisa. Esta obra nunca fue estrenada pero nos da una prueba de las afinidades espirituales y sicológicas entre Leonardo y Verne.
En 1852 publica también en el Musée des Familles, su primera obra narrativa: Martín Paz. Esta novela corta de estilo romántico basada en el Perú colonial, le fue inspirada a Verne en su visita a la exposición de pinturas del artista peruano Ignacio Merino. En esta historia, por primera vez, aparece el antisemitismo del escritor francés, representado en el personaje del judío Samuel. Tal vez éste sea el motivo por el cual su padre al leer la obra quedó satisfecho. A pesar de todo, el buen Pierre no cede y sigue sin enviarle pensión alguna. Así, Verne escribe en colaboración con su amigo Charles Wallut, un drama en cinco actos: La torre de Montlhery.

Hermanado con la pobreza

    Desde que tomó el cargo de secretario del Teatro Lírico, Julio Verne entabló amistades con personajes del mundo teatral y supo muy bien aprovechar esa oportunidad, pues había escrito ya algunas piezas teatrales. Es así que a su antigua amistad con el músico Hignard, añadió la amistad del no menos renombrado Michel Carré, popular libretista de teatro del momento, que se convirtió en uno de sus estrechos colaboradores.

 

Michel Carré Aristide Hignard

Michel Carré y Aristide Hignard, colaboradores
de Julio Verne en sus primeras obras de teatro

 

    En 1853, Hignard y Verne comenzaron a trabajar en un ópera cómica: Le Colin Maillard, que traducido significa La gallina ciega. Michel Carré participó del libreto de la obra, que será estrenada el 21 de abril de ese año. Cuando su padre se entera del contenido de la misma, se disgusta muchísimo, su solo título le parece procaz, pues el juego de la gallina ciega tenía una carga de pecaminosidad para la mentalidad puritana de su padre. Sin embargo la crítica le da una acogida favorable al estreno de La gallina ciega y aunque la obra no pasó de cuarenta representaciones, su relativo éxito se debió sobre todo a la música. Pero sus trabajos literarios y su ínfimo sueldo como secretario de teatro, no le alcanzan para vivir decentemente. Su situación económica se refleja en su vestimenta, esto se puede recoger de una humorística carta a su madre en la que se pueden leer las siguientes líneas: «Mis calcetines de lana están muertos y enterrados con todos los honores. Los que me ponga el próximo invierno están aún paciendo en las verdes praderas de Berry. Los que llevo de algodón se parecen a una tela de araña en la que hubiera permanecido varias horas un hipopótamo. Nunca el agujero ha dado tantas pruebas de fecundidad. La realidad rodea aún mis pantorrillas, pero mis pies van pisando la nada…»
A pesar de hallarse en esta situación, es capaz de comprarse un piano de tercera mano, pagándolo a plazos junto a Hignard. Verne considera que es más importante para un autor de operetas un piano que calcetines, pues para él las necesidades del espíritu son más importantes que las de la carne. Es en realidad un principio que ya practicaba desde su años de estudiante y que mantendrá durante su vida. La pobreza en la que se encuentra le hace pensar en casarse, como medio de librarse de sus tormentos económicos. Primero lo intentó con una tal Héloise, ardiente criolla, hija de un nantés con quince mil bonos de renta; pero esta tentativa fracasó rotundamente. Su segundo intento se produjo ese mismo año, al volver a vacacionar a Nantes por dos meses en la residencia familiar de Chantenay. Su familia le propone el casamiento con una rica heredera de su ciudad natal, de nombre «Laurence Janmar» pero Verne se resiste, pues como miembro de la peña «Los once sin mujeres» había manifestado ante sus amigos bohemios que: «¡Antes morir de hambre que perecer de aburguesamiento!»; además Laurence amaba a otro nantés en secreto y el recuerdo de su prima Caroline y el de su traición precipitan su decisión.