La estancia en Le Crotoy (1866 – 1871)

Escribiendo frente al mar

    En 1866, a raíz de la gran aceptación de sus primeros relatos, el editor decide darle un nombre a la colección de novelas que seguirán apareciendo en los años sucesivos. Cuando Hetzel le pregunta a Verne qué nombre podrían darle, éste decide llamar a su obra: Viajes Extraordinarios, probablemente en honor a las «Historias Extraordinarias» de Edgar Allan Poe, que siempre le fascinaron. Es así que la primera novela perteneciente a esta serie es Aventuras del Capitán Hatteras, acabada de publicar ese año con la aparición de la segunda parte de la misma: «El desierto de hielo».

 


Ciudad de Le Crotoy

En 1866 Julio Verne se instaló en Le Crotoy,
una ciudad de pescadores en la bahía del Somme

 

    Con este nuevo éxito, la fortuna le es nuevamente propicia, mudándose a una casita frente al mar en la costa de Le Crotoy, pequeño pueblo de pescadores en el estuario de la bahía del Somme, debiendo para ello vencer la oposición de su esposa, quien se queja en su correspondencia: «Julio hace siempre exactamente lo que quiere». Una vez instalado, Verne viajará a París ocasionalmente sólo por cuestiones comerciales. Su nuevo hogar es acogedor, pues la casa que ha alquilado preside el espléndido panorama de la bahía, en un paisaje saturado por los vientos marinos, que desalojan toda vegetación. Nada se interpone, pues, entre su mirada y el lejano, sereno, idéntico y siempre cambiante horizonte, surcado de cuando en cuando por el vuelo raudo de las gaviotas o el lento discurrir de las chalupas de pesca. Es en esta localidad que vuelve a su mente aquel viejo sueño infantil de cruzar el Atlántico. Años antes, cuando estuvo en Glasgow, había prometido embarcarse en el «Great Eastern» el día que tuviera el dinero suficiente; pero para sufragar el costoso viaje a Estados Unidos, tendrá que multiplicar su trabajo.

 


La casa de Verne en Le Crotoy

La casa de Julio Verne en Le Crotoy

 

    De esta necesidad de dinero, Verne acepta la propuesta de Hetzel, de hacerse cargo de una obra enciclopédica: Geografía Ilustrada de Francia y de sus colonias, la cual había sido dejada inconclusa por Théophile Lavallée, a causa de su muerte, y que venía siendo publicada por entregas, por Hetzel. En su refugio marítimo va escribiendo esta obra de no-ficción, alternándola con la que escribía en esos momentos para su serie de los Viajes Extraordinarios: Los hijos del capitán Grant. No es de extrañar que Verne aceptara esta proposición, a pesar de interrumpir sus proyectos referentes a su contrato, ya que es un amante de la geografía, un apasionado de los viajes de Alexander Von Humboldt, además, es contínuamente influenciado por los trabajos de uno de sus amigos, el geográfo Elisée Reclus.
En esa época comienza a escribir el libro que inicialmente debía titularse «Viaje bajo las aguas», luego «Viaje bajo los océanos», después «Veinticinco mil leguas bajo el mar» y, finalmente, Veinte mil leguas de viaje submarino. Al igual que la evasión de la Tierra, el descenso a las profundidades marinas era un viejo sueño de la humanidad, sueño que Verne se propuso exorcizar por recomendación de George Sand, escritora de la época que el año anterior le había enviado una carta en donde le decía: «Espero que nos conduzca bien pronto a las profundidades del mar y que haga viajar sus personajes en esos aparatos sumergidos que su ciencia y su imaginación pueden permitirse perfeccionar.» Y es que la ilusión del novelista por el tema es obvia, dada su pasión por el mar. A Hetzel le escribe ese año: «El barco avanza. Será maravilloso. Estoy enamorado de esta amalgama de clavos y tablas, como se puede estarlo a los veinte años de una amante. Le seré aún más fiel. ¡Ah, el mar, qué belleza, incluso en Le Crotoy, donde no se le ve más que dos veces al día!»

 


Great Eastern

Verne viajó en el trasatlántico Great Eastern a Estados Unidos en 1867

 

    A punto de terminar la Geografía Ilustrada de Francia, vuelve a París por unas semanas en diciembre. Este trabajo suplementario, le escribe en una carta a sus padres: «dará a Honorine los millares de francos necesarios para la casa y para poder vestirse, y a mí para permitirme hacer con Paul la travesía en el Great Eastern, del que tanto les he hablado.» Es entonces que el 16 de marzo de 1867 viaja con su hermano Paul a Liverpool, a cumplir ese deseo contenido en años de abordar el gran trasatlántico. El 18, dos días después, compran los boletos e inician el viaje, que para Julio será el más largo que emprenda durante toda su vida. Llegará sin problemas a Estados Unidos, donde es invitado a dictar conferencias, dado el enorme éxito que causó la publicación en ese país de su novela De la Tierra a la Luna. En el lapso de una semana de estadía, visita Nueva York, las catarátas del Niágara, entre otros lugares, que le causaron una impresión inolvidable y que aparecerán repetidamente en su obra. Inspirado en los recuerdos de este viaje, publicará unos años más tarde la novela Una ciudad flotante.
De regreso, tras una breve escala en Brest, en casa de su cuñado, el capitán de fragata Du Crest de Villenueve, vuelve a Le Crotoy para continuar con la culminación de un gran libro que tiene en mente. También en este año de 1867 aparecen las primeras traducciones al inglés de algunas de sus novelas.


Verne en 1868


Julio Verne en 1868. 40 años

    El viaje a Estados Unidos y la incapacidad de resistir por más tiempo el llamado del mar que tiene cerca, lo motiva a comprar en 1868, un pequeño velero de regular porte, por intermedio de su amigo Alfred Berlot. Después de algunas necesarias modificaciones, lo bautiza como Saint-Michel, nombre dado en honor a su hijo. La tripulación la formaba Alexandre Delong, su maestro en el arte de navegar, el ya mencionado Berlot, el marinero Lelong y el grumete Michel Verne. En dicha embarcación pasará maravillosos ratos de ocio, paseará sobre las aguas, que según se dice, le curan las neuralgias. Este velero lo convertirá en una especie de gabinete flotante, desde el cual trabajará incansablemente.
En mayo de ese año, Julio Verne y Hetzel firman su cuarto contrato, donde se ratifica el derecho de publicación de los cuentos escritos por Verne para el Musée des Familles, y que la obra Geografía de Francia y de sus colonias sería propiedad exclusiva y completa de Hetzel, dándole al autor una mensualidad por la realización de este trabajo.

    El gozo del novelista es únicamente empañado por las quejas de Honorine y de sus hijas, a las que exaspera la monotonía de aquella vida solitaria. ¡Su familia añora París y le exige regresar a la capital! Sin embargo, y a pesar de estos inconvenientes publica aquel año su gran novela geográfica: Los hijos del capitán Grant.
Esta novela es en opinión de los críticos, si no la más perfecta del escritor, la mejor construida, que al hilo del argumento desarrolla un auténtico curso de geografía recreativa, valiéndose de las peripecias de los protagonistas para describir el paisaje, la fauna, la flora, las costumbres y la historia de países tan exóticos y lejanos para los europeos del siglo XIX, como lo son Sudamérica, Australia y Nueva Zelanda.

La aventura submarina

    En 1869 comienza a publicar por entregas, en la Revista de la Educación y la Recreación: Veinte mil leguas de viaje submarino, que terminarán de ser publicadas el siguiente año. Aquí Julio Verne crea el submarino Nautilus. La idea de un sumergible que sea un auténtico hogar para el hombre es otra de sus geniales anticipaciones, pues habrá de pasar casi un siglo para que, en la década de 1950, la tecnología atómica construya el primer submarino autosuficiente, un submarino capaz de mantenerse sumergido indefinidamente, capaz de cruzar el casquete polar por debajo del gran banco de hielo, como lo hace el Nautilus al mando del capitán Nemo.
Sin embargo, una contrariedad enojosa oscurece la alegría que pone el escritor en su trabajo. En un periódico llamado Petit Journal, comienza a aparecer, a finales de 1867, una novela por entregas titulada Viaje bajo las olas, escrita por Aristide Roger, pseudónimo del doctor Jules Rengade, en el que aparece el submarino Relámpago, manejado por el «capitán Trinitus». A pesar de que la novela apareció en varias ediciones de 1867 a 1877, quedará definitivamente hundida por el Nautilus. Verne llegaría a escribir al director del Petit Journal, puntualizando que hace un año había empezado a escribir su novela submarina. Es curiosa su preocupación para que no lo tomen por plagiario, cuando en realidad el tal Roger es el que escribe imitando claramente a Verne.
El argumento de Veinte mil leguas de viaje submarino inicia cuando la fragata americana Abraham Lincoln parte en busca de un monstruo marino de extraordinarias proporciones al que se le atribuyen múltiples naufragios. El monstruo aparece precipitándose sobre el barco expedicionario y lo echa a pique, llevándose con su espinazo al naturalista francés «Pierre Aronnax», su criado «Conseil» y al arponero canadiense «Ned Land». El monstruo resultará ser un enorme submarino, el Nautilus, en el cual los tres hombres pasarán cerca de diez meses hospedados por el enigmático capitán Nemo, artífice del invento. A bordo visitarán los tesoros sumergidos de la Atlántida, lucharán contra caníbales y pulpos gigantescos, llegarán al Polo Sur y asistirán a un entierro en un maravilloso cementerio de coral. Nemo, hostil e iracundo, no tardará en revelarse como un proscrito, un sublevado solitario cuyo manto de misterio esconde una identidad principesca y una pesadumbre tenebrosa que lo llevarán a convertirse en un «sombrío justiciero». Se podría señalar a Nemo como el reflejo de Verne, partiendo del nombre mismo del personaje, pues Nemo es la traducción del latín de «Nadie». Ambos viven encerrados, solos e incomprendidos, Nemo lo hace en su coraza de acero, y Verne lo hará en la soledad de su gabinete de trabajo, ambos refugiados tras el disimulo y el secreto.


El Capitán Nemo y el Nautilus


El capitán Nemo y el Nautilus

    La correspondencia dirigida a Hetzel, muestra que éste se había sobresaltado al descubrir el personaje de Nemo y su odio implacable. Verne trató de apaciguar la emoción de su sensible amigo, disminuyendo el rigor de su héroe. En una carta escrita en Le Crotoy aproximadamente en 1867 le dice al editor: «haré desaparecer el horror que, al final, Nemo inspira a Aronnax, suprimir la actitud de odio del capitán al ver hundirse el navío, e incluso no hacerle asistir al hundimiento.» Otro tema que discutieron fue el de la nacionalidad de Nemo, el escritor en un principio planteaba que fuera ruso o polaco, pero Jules Hetzel que conocía la impopularidad de Rusia en Francia, que en esa época venía dada por la feroz represión que el zar Alejandro II sometió a los polacos por la insurrección de 1863, lo convenció de hacerle cambiar de opinión. El origen y la nacionalidad de Nemo se conocerá con más detalle en La isla misteriosa, novela publicada unos años más tarde. Pero la concepción de la actitud vengadora de Nemo también fue discutida.
En alguna ocasión Hetzel le recriminó la actitud asesina de Nemo en algunos pasajes de la novela, pero Verne le respondió: «Nemo no ataca. Responde al ataque. Nunca, pese a lo que diga su carta, admitiré que un hombre mate por matar.» Sin duda que Nemo fue uno de los personajes más polémicos creados por la pluma de Julio Verne. Mientras escribía la rebelde epopeya submarina del capitán Nemo, Verne intenta modestamente llegar a París en su Saint Michel, embarrancando en un banco de arena y alcanzando al fin la capital con el yate llevado por un remolcador. Lo amarra en el corazón de París, al pie del Pont des Arts, a pocas brazas de la escalinata de la Academia Francesa, una escalinata que nunca franqueará. Entonces entrega a Hetzel el manuscrito de su obra, mientras su cansino y humilde yate se ve contemplado por toda la capital francesa, sorprendida ante el hecho. Por aquellos días, Verne renta una mansión en Amiens, la ciudad natal de su esposa, en la que pronto se instalará definitivamente.

Michel comienza a dar problemas


Michel Verne

Michel Verne a los 8 años

    En estos años Verne sufre atrozmente del comportamiento de su hijo, que manifestaba un carácter profundamete perturbado. La permanente evasión del medio familiar en que vivía, mediante su trabajo, sus escapadas a París y sus travesías, había llevado a Julio Verne, «el educador de la juventud», a desentenderse de la educación de su hijo, confiándolo a la madre. En este ambiente, Michel creció malcriado y consentido, llegando Verne y su esposa a claudicar siempre una y otra vez a cumplirle sus caprichos, con tal de tranquilizarlo. A los ocho años, el carácter perturbado de Michel planteaba tales dificultades que hubo que confiarlo a los métodos educativos de un internado especial. La severidad de estos métodos sólo consiguió exacerbar la rebeldía del niño hasta tal punto, que hubo de recurrirse a la asistencia psiquiátrica, con resultados aún peores. En medio de estas preocupaciones, va escribiendo Historia de los grandes viajes y de los grandes viajeros y Una ciudad flotante. A su retiro en Le Crotoy, le llegan tardía y fragmentariamente las noticias de actualidad, que confirman que el Segundo Imperio hace crisis, desde hace ya un buen tiempo, y que probablemente estalle un nuevo conflicto.

Un escritor en medio de una guerra

    En febrero de 1870, Ferdinand de Lesseps, en la cúspide de la gloria por la reciente inaguración del canal de Suez, llevado de su entusiasmo por la obra de Verne, había pedido para éste, a través de su secretario, el polifacético Nadar, la condecoración de la «Legión de Honor», dada su influencia ante las majestades, y el ministro solícitamente se la concede. Pero antes que firme el Emperador el decreto, estalla súbitamente, el 19 de julio la guerra franco-prusiana, que llena a Verne, idealista y pacifista a ultranza, de una gran ira, peor aún cuando Hetzel, le tiene lista para publicar Veinte mil leguas de viaje submarino.
El conflicto se presenta por parte alemana, el genio político de Bismarck busca una guerra y una victoria espectacular, que le sirvan para fortalecer la unidad de los reinos alemanes. Provoca maquiavélicamente a Francia, y ésta cae en la trampa de declarar la guerra. Una breve campaña les basta para que caiga el Imperio de Napoleón III. Este es derrotado y hecho prisionero por los prusianos en Sedán. Luego se proclama la Tercera República, pero el cambio de régimen no va a ser un simple cambio de etiquetas, hay un sector social que ha esperado y pretende un cambio revolucionario: «el proletariado». Los derrotados de 1848 vuelven a levantarse, y en marzo de 1871, establecen en París el «Gobierno de la Comuna», el primer poder proletario de la historia.
La Emperatriz regente, Eugenia de Montijo, firma a la vez el decreto y la orden de movilización de Verne y de su embarcación, como guardia nacional en el mismo Le Crotoy. El Saint Michel, lleva como tripulación doce veteranos de la guerra de Crimea, tres fusiles y un pequeño cañón absolutamente inofensivo. Los tranquilos servicios de vigilancia le sirven para escribir la novela Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el África austral. Aunque la obra se ciñe demasiado a un argumento científico, escrita al estilo peculiar de Verne, cabe resaltar que su contexto es completamente antibelicista.
La guerra civil supone una desgracia concreta para Julio Verne. A consecuencia de los disturbios, los bombardeos y los incendios, el editor ha perdido su taller y se encuentra prácticamente arruinado. Por otra parte, los ahorros del escritor han volado durante esos meses de guerra, es por eso que se ve obligado a dejar a su familia en Amiens, ciudad natal de su esposa Honorine, a donde la había mandado durante la guerra como medio de precaución, y vuelve a la Bolsa de París a intentar ganar otra vez el sustento con su antigua profesión de agente. Afortunadamente, la crisis de Hetzel dura poco, y tan pronto como la editorial vuelve a funcionar, publica: Veinte mil leguas de viaje submarino y Alrededor de la Luna, las cuales solucionarán la situación económica, tanto para el autor, como para el editor.


Julio Verne en 1870. 42 años

Julio Verne en 1870. 42 años

    A mediados de 1871, Verne cede ante los reclamos de su esposa que no soporta su permanencia en Le Crotoy.[1] Le exigía vivir en Amiens, su ciudad natal que se encontraba a dos horas de París en tren, ciudad en la que además, sus hijas habían ennoviado mientras que vivieron allí durante la guerra de 1870. Verne no tenía otra solución, si no aceptaba, tendría que conformarse a trabajar rodeado de reclamos y quejas constantemente. Así, la próxima mudanza será a la residencia en Amiens que venía alquilando desde 1869 en el boulevard Saint Charles nº 3. Aunque su esposa, Michel y sus hijastras se trasladaron a Amiens, Julio Verne no se trasladaría del todo hasta el próximo año, pues durante 1871 vivió alternando entre las dos ciudades. Mientras tanto, su editor va publicando por entregas Una ciudad flotante, basada en sus experiencias realizadas por su viaje a EE.UU. a bordo del Great Eastern.

    Aquel año, Hetzel se da cuenta de la gran laboriosidad de Verne, que por causa de los contratos a que lo somete se ve obligado a escribir sin descansar, poniendo a prueba sus fuerzas físicas en exceso. Por temor a complicar la salud de su escritor, le firma un nuevo contrato en setiembre de ese año, donde se estipula que: «En lugar de tres volúmenes al año, el escritor entregará solamente dos, y recibirá 1.000 francos al mes, osea, 12.000 al año, en vez de 9.000. A cambio, el escritor concede la prolongación de tres años para el derecho de uso de las ediciones no ilustradas, y por ello sin retribución por los libros aparecidos o por aparecer». Verne aceptó publicar dos volúmenes en un año en lugar de los tres que estipulaba el contrato, además exigió publicar un volumen compuesto por cuentos publicados anteriormente en la revista Musée des familles bajo las mismas condiciones de un trabajo inédito. Este volumen del cual habla Verne sería publicado, luego, como una colección de cuentos bajo el título de El doctor Ox.
En 1871 se produjo también, la muerte de dos de sus familiares, el primero de ellos en fallecer fue Henri Garcet, el generoso colaborador que había aplicado laboriosos cálculos matemáticos a los sueños de su primo. Una muerte que será seguida en breve, el 3 de noviembre, por la de su padre, en presencia de toda la familia, pero no de Julio, quien llega tan sólo para asistir al entierro.