Infancia y juventud (1828 – 1847)

 

Primeros estudios y travesuras

    De 1834 a 1836, el pensionado de la señora Sambain, recibirá en sus aulas, a los pequeños Julio y Paul. La señora Sambain gustaba de contar a sus alumnos, la historia de su marido, un capitán de barco que había zarpado de Nantes, hacía ya treinta años y al que ella se empeñaba en imaginar en lugares remotos y peligrosas aventuras que le impedían su regreso. Muchos años después, esta señora quedará encarnada en «Mistress Branican», una de las escasísimas heroínas de Verne, la cual partiría en viaje en busca de su marido. Estas aventuras imaginarias despertarán aún más en la mente de los niños su vocación marinera, a tal punto que su diversión favorita era la de contemplar en los muelles, la descarga y la estiba de mercancías, que iban y venían de las rutas marinas. De todos los barcos que ven, sienten especial admiración por uno de ellos, el piróscafo, primer intento de navegación a vapor.

Portada original de Mistress Branican

La novela «Mistress Branican»
fue inspirada en su maestra
la señora Sambain

    El abogado Pierre Verne se cuida mucho de poner al alcance de su hijo libros peligrosos que estimulen sus deseos de aventuras; pero el joven Julio encuentra un colaborador en la persona del señor Bodin, boticario y librero de la Plaza Pilori, quien lo guía en sus lecturas de viajes y pone en sus manos las obras del Barón de Humboldt, los relatos de los viajes de Marco Polo y de todos los viajeros famosos. En 1836, Julio Verne escribe su primera carta, contando con tan solo ocho años de edad. Dicha carta fue escrita con varios errores ortográficos propios de la infancia del autor. Estaba dirigida a su querida tía Châteaubourg:

«Madame de Chateaubourg, 3er. piso en l’Orient

Te ruego que vuelvas a vernos, porque yo te quieros con todo mi corazón. Y además quieres traerme los pequenos telégrafos que tu nos habían prometido. Paul tendrá otro también porque Paul no sabe escribir, el no hace mas que empezar, y yo estoy ya desde un año en pensión. Adios, mi querida Tía, no olvides los pequeños telegrafos, por fabor».

    El contenido de esta singular carta de la infancia del escritor, nos permite apreciar su temprano interés por los juguetes científicos. Y aun mayor es el interés, al asociar a su hermano Paul en la petición, a este hermano a quien se sentirá siempre ligado por un amor infinito. La fraternidad, el tema de los dos hermanos, será una constante obsesiva en toda su prolífica obra.
En 1837, Julio tiene nueve años y Paul ocho, cuando son internados en el seminario Saint-Donatien, donde han de introducirlos en los secretos del latín y de las humanidades, de acuerdo con la voluntad de su padre, que quiere darles una educación sólida y clásica. Aquí estarán sometidos a reglas bastante rígidas que para ellos será una condena.
Una ocasión, mientras dormían, Julio despertó a Paul y le propuso fugar del seminario. Tenía su plan bien proyectado, atando trozos de sábanas, formó una larga cuerda, la colgó de la ventana y a pesar de la inicial oposición de su hermano, se dejó caer a lo largo del improvisado cable. El fugitivo fue descubierto sin que lo sepa por el vigilante, siendo luego capturado en pleno descenso, mientras que Paul no tuvo tiempo siquiera de bajar. Al día siguiente el rector del seminario, mandó llamar a Pierre Verne, para informarle acerca del intento de fuga de sus hijos; el abogado no podía creer lo que escuchaba, es así que al regresar castigó a los hermanos, propinándoles una severa paliza, que nunca olvidarían.

 


Casa de descanso de la familia Verne en Chantenay

Casa de descanso de la familia Verne en Chantenay

 

    Mientras tanto, el bufete de abogado de Pierre Verne prospera, gracias al orden, sudor y trabajo de su administrador, no tardando en convertirse en uno de los más florecientes de Nantes. Es entonces que Pierre logra adquirir una bella y lujosa casa en Chantenay, ubicada en las afueras de la ciudad. Así, que una vez terminado el curso, los hermanos Verne regresaron al hogar, pero para su agradable sorpresa, su familia ya no vivía en el viejo caserón de la calle Kervegan, sino en una fastuosa propiedad que se convertirá en su casa de campo y refugio veraniego. En aquella época, el inquieto Julio disfrutaba observando el funcionamiento de las máquinas en Indret, una de las islas del Loira, ubicada a 8 km de Nantes, que albergaba en la época a las fábricas estatales especializadas en la construcción de máquinas para la Marina. De esta forma, el futuro escritor, no desperdiciaría ninguna de sus estancias en Chantenay para visitar y observar durante horas el funcionamiento de las máquinas en aquella fábrica gubernamental cerca de su casa de verano. Es en esta ciudad en donde conocerán y harán amistad con sus primas Caroline y Marie, hijas de Lise Allotte de la Fuÿe y François Tronçon. La belleza de su prima Caroline, un año mayor que Julio, despertará en él una pasión que habrá de marcarlo para toda su vida, pues los contínuos desaires que sufre a consecuencia de su amor no correspondido, lo sumirán en profundas crisis de melancolía y tristeza.
En 1838, después de concluidos sus primeros estudios, Julio y Paul son ingresados en el colegio Saint-Stanislas. Allí continuarán con su educación rígida y clásica. En dicha escuela el joven Julio ya destaca por sus conocimientos en geografía, aprende griego y latín, y crea algunas canciones.

El supuesto retrato de los hermanos Verne

Henri y Edmond, primos de Julio verne

Retrato de los primos de Julio

    Es común ver en todas las biografías de Julio Verne, un retrato que lo presenta al lado de su hermano Paul, el cual sostiene un aro en la mano (Julio debería tener en esa imagen once años y su hermano Paul diez). Los dos niños estan elegantemente vestidos en el cuadro, que tiene como fondo, un parque de Chantenay. Esta pintura data de 1839, fue hecha por Françisque de la Celle de Châteaubourg, tío de Julio. Sin embargo, estudios recientes, han demostrado que los niños que aparecen en la pintura son en realidad primos de Julio: Henri y Edmond, son hermanos de Caroline Tronçon, hija también de Lise, la hermana de su madre, quien murió en 1836 en un trágico accidente en el río Loira. Lo que sí podemos afirmar de su tío Châteaubourg, es que fue él quien le mostró a Verne muchos inventos y hallazgos científicos. Aquel viejo pintor era un soñador. Fue quien le hizo creer en la voluntad del hombre para progresar. Gracias a su verbo se interesó en la obra y la vida de genios como Walter Scott, Homero, Virgilio, Shakespeare, Cooper, Dickens, entre otros.
Châteaubourg solía darle muchas obras de estos autores, despertando en el pequeño, la costumbre de la lectura, es así que una vez terminadas de leer estas historias de aventuras, comenzó a interesarse por los libros de viajes y geografía, deleitándose en la contemplación de todo tipo de mapas.

La leyenda de una fuga infantil

    Cabe destacar, que es en esta época, que muchos de sus biógrafos atribuyen al pequeño Julio, es decir a sus once años, la historia de una fuga de su casa, para embarcarse como grumete rumbo a las Indias, en un barco llamado La Coralie, con la intención de traerle un collar de coral a su prima Caroline de la que estaba enamorado, siendo capturado por su padre antes de partir, quien lo castiga duramente, haciéndole prometer que a partir de ese momento, sólo viajaría en su imaginación. En la actualidad se sabe que dicha historia nunca ocurrió, y que sólo fue una invención de su primera biógrafa, su sobrina Margüerite Allotte de la Fuÿe, con la finalidad de realzar la personalidad aventurera del escritor. En efecto, es recien en los años sesenta, que algunos estudiosos de la obra de Verne liderados por Charles-Noël Martin, descubrieron que la biografía escrita por Margüerite estaba plagada de invenciones, y que la mayoría de biografías escritas posteriormente a ésta, repitieron la historia conviertiéndola en una leyenda. El mismo Verne confirma esta versión en Recuerdos de infancia y juventud, un ensayo que escribirá años más tarde, en el que el escritor no menciona en ningún momento dicha aventura.

 

Verne y la Coralie

A sus 11 años intentará escapar como
grumete según una leyenda familiar

 

Versos entre estudios

    En 1841, a sus trece años ingresa en el seminario Petit, para comenzar sus estudios de bachillerato. Ya en 1844, los hermanos Verne, finalizan sus estudios en el Liceo Real de Nantes, donde aparecen las primeras manifestaciones de la vocación literaria de Julio, pues ya escribe pequeños poemas en prosa y gana probablemente un premio en geografía. A estas alturas de su educación, Julio continúa introvertido, refugiado en la lectura de libros de viajes, y se apasiona con las aventuras de los exploradores contemporáneos, que desafían las todavía desconocidas regiones del interior de Africa y Australia. Crea su propia disciplina bibliográfica, toma notas de todo, se vuelve un experto en cartografía, y mientras sigue en los mapas las rutas de viajes imaginarios, su mente analítica se anima ya a detallar lugares que nunca ha visto y que posiblemente no verá jamás.
Por otra parte, Julio siguió creciendo y cultivando la amistad de Caroline, que se va convirtiendo en una bonita muchacha. Por aquel tiempo, ya cuando el futuro escritor tenía dieciseis años, dio comienzo a sus primeros ensayos literarios; hizo versos como casi todos los adolescentes enamorados, donde Caroline era la frecuente destinataria de sus poesías. Pero pronto la vena lírica de Julio Verne se extinguió y se dedicó a escribir piezas teatrales cómicas, entremeses festivos, que le leía a sus amigos para divertirlos. Sus estudios en el Liceo y un nuevo cambio de casa al nº 6 de la calle Jean-Jacques Rousseau disiparon en parte los nubarrones de su infancia provocados por el rechazo de la siempre despreciativa prima.

Literatura y desamor

    En 1845 a sus diecisiete años, sigue desarrolando sus manifestaciones literarias, pues comienza a frecuentar una tertulia existente en la trastienda de la vieja librería del señor Bodin. Escribe una tregedia en verso, cuya representación propone infructuosamente en el teatro de marionetas del señor Riquiqui, ya que fue rechazada rotundamente. Pero lo peor de la tragedia no fueron ni el tema ni el rechazo por el teatro de marionetas, sino la indiferencia con que la cruel Caroline escuchó la lectura por su rendido enamorado. Julio la asediaba con los únicos medios que disponía: con sus versos, pero resultaba ser un arma ineficaz, pues ella era insensible a los arrebatos líricos de su primo, mas bien era realista y calculdora, educada por su medio para un matrimonio ventajoso, sabía que los versos no le pueden dar una vida cómoda y placentera. El padre trató de quitarle de la cabeza esas inclinaciones literarias, pero el muchacho siguió en sus trece, con gran desesperación del buen abogado.
En esta época, el joven Julio obtiene por primera vez una gran satisfacción emanada de su fantasía. Asiste con sus compañeros de clase al café «La Abeja» y allí conoce a un presuntuoso vizconde, que ha pasado alguños años en la India. Julio con gran desparpajo, pretende haber viajado por aquel país, citando lugares, costumbres, personajes y describe todo tan vivamente que el vizconde tiene que reconocer el superior conocimiento del joven escolar. La broma divierte en grande a sus amigos, pero éste empieza a creer seriamente que su imaginación lo guía por el camino de las letras.

La boda execrable

    En 1846 a sus 18 años, Julio advierte de pronto, que Caroline es ahora una muchacha orgullosa, poco romántica y llena de ambiciones, la cual le manifiesta sus desdenes. A partir de entonces, se vuelve más estudioso y trabajador, obtiene en el Liceo mejores notas y acaba brillantemente los cursos. Durante ese año Julio hizo los últimos esfuerzos por conquistar a su amada, pero el rechazo era cada vez peor, deprimiéndose aun más cuando se entera que Caroline estaba coqueteando con su primo Cormier. Un mes más tarde se anunciaba el noviazgo de ambos. Este hecho lo convirtió en un joven más áspero e intratable, cayendo en silencios desafiantes, renunciando a las tertulias y a los amigos, y como una ola imparable fue concibiendo la idea de fugarse de casa. Sin embargo gracias a ella descubriría París, la vida misma y lo más importante, su singular destino. Por ese entonces su padre bendice públicamente la decisión de Paul de convertirse en marino, mientras que él tenía que obedecerle y así lo hizo, observando con envidia y dolor, el horizonte que se abre ante su hermano, quien se dispone a poner a prueba su vocación marinera en un barco de cabotaje.

Caroline y Marie Tronçon

Caroline y Marie Tronçon, primas de Julio Verne.
Caroline fue el primer amor del escritor
Pintura de Françisque de la Celle de Châteaubourg

    En 1847, su padre deseaba que comenzara sus estudios de Derecho, para que trabaje con él y sus pasantes. Por otro lado Pierre Verne, había notado el sufrimiento de su hijo por culpa de Caroline, es así que lo envía a sus diecinueve años a distraerse en París, aprovechando la fecha de su primer examen de leyes. Su estancia en la capital, alojado en la casa de su severa tía-abuela Charrüel en el número 2 de la calle Teresa, fue muy breve, apenas el tiempo necesario para vislumbrar la gran ciudad y aprobar su examen. Pero al regresar se da con la sorpresa que Caroline había rechazado también a Cormier, lo que le hizo concebir alguna esperanza. Se esforzó cuanto pudo, escribiendo su segunda tragedia en cinco actos Alejandro VI, que recreaba la tragedia del papá de los Borgia, la cual puso a los pies de la desdeñosa prima, quien lo despreció una vez más, dándole el golpe de gracia al comprometerse en matrimonio con un rico heredero de Nantes, un tal Dezaunay. Desesperado, se sumió durante días en un hosco silencio. Una revolución interior debió fraguarse dentro de él. De los restos de su espontaneidad no quedarían ya sino las apariencias, una máscara que iría cobrando consistencia con el tiempo. Rechazado, el adolescente se recluirá más en sí mismo. Esta boda, que Julio la calificó de execrable, le hará experimentar una amarga desilusión que le imprimirá una huella duradera en su carácter, convirtiéndolo en un joven pusilánime, tímido y receloso ante las mujeres.
Así, no parece difícil creer que esta humillación, fuera el origen de su evidente misoginia y misogamia, presente en toda su extensa obra. Son en efecto muy escasos los personajes femeninos en sus novelas y cuando aparecen, su relevancia es mínima. Tampoco es difícil interpretar que este rechazo y fracaso sellaron en su conciencia, el ansia de llegar a poseer fortuna y a entender al dinero como un medio de alcanzar todo aquello que se quiere. Julio juró vengarse y de alguna forma lo hizo ya que años más tarde, en su novela Familia sin nombre, llamará «Caroline» a un barco, al que da un final trágico, haciéndolo desaparecer en las cataratas del Niágara: «El mugido de las cataratas se oía ya a menos de media milla. Era la muerte para ella y para él, lo mismo que para las demás víctimas que la Caroline arrastraba consigo… Y en aquel momento, hacia el medio de la herradura que forma el río, allí en donde la corriente se hunde en una sima verdosa, la Caroline se inclinó y desapareció en el abismo».
La ausencia de Paul y sus continuos fracasos amorosos, empujan a Verne hacia lo que se convertiría en su constante refugio: escribir. Es así que crea una nueva tragedia en verso: La conspiración, la cual, al igual que la anterior tragedia se han mantenido inéditas.