El retiro definitivo en Amiens (1872 – 1905)

Amiens recibe al escritor

    En 1872 se libera de la Bolsa, ahora que su situación económica es mejor, y a petición de su esposa Honorine, se traslada definitivamente a la ciudad Amiens, donde ella y su hijo lo reclamaban, pues Verne prefiere Le crotoy, permaneciendo alejado de su responsabilidad de esposo y de padre. Con las ganancias de sus novelas, comprará una soberbia mansión ubicada en el boulevard Longueville nº 44 en el centro de Amiens, demasiado grande para la familia, pues las dos hijas de Honorine habían ya contraído matrimonio. En esta mansión, Honorine organizará pretensiosas reuniones de sociedad, que provocarán en Julio Verne un mayor distanciamiento de la vida familiar, encerrándose en sí mismo cada vez más. A sus amigos, que no comprenden su decisión de recluirse en una ciudad provinciana, responde:
«A petición de mi mujer, voy a instalarme en Amiens. Amiens está cerca de París, lo suficientemente cerca para que le llegue el reflejo, sin el ruido insoportable y la agitación estéril. Y para decirlo todo, mi Saint Michel está anclado en Le Crotoy.»

 

La mansión del Boulevard Longueville Boulevard Jules Verne

El salón del boulevard Longueville nº 44. Actualmente boulevard Jules Verne

 

    Amiens lo recibió con todos los honores. La burguesía ilustrada se apresuró a rendirle homenaje concediéndole un sillón en la Academia de la ciudad. En un rasgo de ironía, Verne lee como discurso de ingreso en la Academia, una comedia inédita sobre los amores de Leonardo y la Gioconda, una de aquellas mediocres obras de teatro, que escribía antes de la «novela de la ciencia» y que todo el mundo ha olvidado. En esos días de su instalación en Amiens, llevaba ya muy avanzada la obra que a la celebridad ya adquirida, le añadiría la fortuna. En este año publica Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el África austral. Posteriormente a su instalación definitiva, Julio Verne hace un viaje con destino a Inglaterra, visitando las ciudades de Londres y Woolwich.

En la cumbre del éxito

    En 1873, siendo ya un escritor consagrado, alcanzará su máxima popularidad, con la publicación de su obra más exitosa: La vuelta al mundo en 80 días, en forma de folletón en el diario Le Temps. Esta novela lo catapulta a la fama mundial, pues producirá en el público una conmoción y un interés aún superior al de De la Tierra a la Luna, ya que las principales compañías de navegación, que ven las inmensas posibilidades publicitarias que puede ofrecerle la novela, entablan una competencia cerca de Julio Verne para conseguir que éste embarque a sus personajes en los vapores de sus empresas. Sus representantes ofrecen considerables sumas de dinero al escritor para inclinarle hacia una u otra línea de navegación, pero considera estas ofertas como intentos de sobornar su independencia de autor y las rechaza indignado.
La obra narra las peripecias de «Phileas Fogg», un caballero británico, extremadamente exacto, flemático y ordenado, que tras haber apostado su fortuna a que dará la vuelta al mundo en 80 días, empleará todos los medios de locomoción a su alcance: trenes, barcos, coches, y hasta un elefante y un trineo. Pero esta vuelta al mundo, donde se combinan, el humor, la aventura y el heroísmo, reserva una sorpresa: la apuesta que le hace perder un policía que lo sigue a través de todo su viaje, acusándolo de un gran robo en el Banco de Inglaterra, se la hará ganar el sol de forma inesperada. La idea argumental, le fue sugerida a Verne por un anuncio de la «Agencia Cook», que comienza a ofrecer a sus clientes viajes turísticos alrededor del mundo en 1871, aunque el desenlace de la novela, la podemos encontrar en el cuento de Edgar Allan Poe titulado «Tres domingos en una semana». Sin embargo el verdadero origen de la novela, se encuentra en un artículo publicado en 1870 en Le Magasin Pittoresque, que muestra un itinerario casi idéntico al descrito por Phileas Fogg.

Portada de La vuelta al mundo en ochenta días

La vuelta al mundo en ochenta días

    El éxito de la novela y el suspenso que generó en el público fue tal, que se llegaron a cruzar apuestas sobre si Phileas Fogg, «el hombre menos apurado del mundo», lograría llegar a la meta en tan breve tiempo. Incluso no faltó quien le desafiara, asegurando estar dispuesto a realizar el viaje en menos tiempo. Fue precisamente una periodista del World, llamada «Nellie Bly», la cual, antes de la creación del ferrocarril transiberiano, logró su meta e hizo el viaje en ocho días menos, recibiendo la efusiva e irónica felicitación de Julio Verne, quien en definitiva, no sólo había puesto de moda los viajes alrededor del planeta, sino que había probado a sus coetáneos, que el mundo era ya treinta o cuarenta veces más pequeño que a principios de ese siglo. El 29 de setiembre de 1873, Verne es el protagonista de una aventura real al mismo estilo de su obra Cinco semanas en globo, pues asciende en un globo por encima de la ciudad de Amiens durante veinticuatro minutos. También publica ese mismo año El país de las pieles y estrena la obra teatral Un sobrino en América.

    En este año, los llantos y travesuras de Michel se prolongan cada vez más. Desesperado ante el carácter de su hijo, Verne decidió consultar a varios médicos, uno de ellos, el doctor Blanchard, le recomendó la estancia en un sanatorio. Y a sus doce años, Michel conocería esta vez el espanto de la soledad por espacio de dos años.

Adaptaciones teatrales

    En 1874, un empresario teatral pide a Verne, una adaptación de su obra La vuelta al mundo en 80 días para la escena. Es entonces que decide con buen juicio confiar dicha versión teatral a un experimentado dramaturgo: Adolphe d’Ennery, que la estrena el 7 de noviembre de 1874, en el Teatro de la Porte-Saint-Martin a modo de gran espectáculo, con una escenografía fabulosa para la época. El día del estreno, Julio Verne experimentó la única experiencia de su vida digna de sus personajes: insistió en revisar personalmente la canastilla que conduciría a Phileas Fogg y a su inseparable criado Passepartout sobre un elefante verdadero. La caída de una parte del escenario asustó al animal, que salió despavorido del teatro con el autor a cuestas, para recorrer el Boulevard de los Capuchinos hasta que el domador los alcanzó en las Tullerías.

 


La vuelta al mundo en ochenta días en el teatro


Afiche publicitario de una de las exitosas representaciones
teatrales de La vuelta al mundo en ochenta días

 

    La pieza conoció un éxito sin precedentes que le deparó una cuantiosa fortuna, pues consigue que durante dos años seguidos se coloque el cartel de «no hay entradas», en la taquilla. ¡Qué lejos estan aquellas representaciones de sus primeros estrenos! El éxito de la adaptación escénica significó la fortuna. Sin embargo, Verne es capaz abandonar la mitad de sus derechos, que eran del 50 por 100, ya que d’Ennery se llevaba el resto, a Édouard Cadol, que había hecho una primera adaptación rechazada por los teatros, argumentando por tanto ser coautor de la adaptación teatral. Aunque de su adaptación no quedara nada en la que fue llevada a la escena, él y sus descendientes se enriquecieron con ese 25 por 100 concedido gracias a la generosidad de Verne. En esta época Verne tiene el humor de escribir un breve trabajo satírico: Una ciudad ideal, Amiens en el año 2000, que leyó en la Academia local. En este discurso, se pueden apreciar muchas similitudes con París en el siglo XX.

El mito del robinsonismo

    En estos momentos que es alabado por todos, y libre ya de apuros económicos, va a alcanzar una cima mucho más importante que las anteriores, la cima de su propia obra, pues publica su novela La isla misteriosa, con la cual se inicia en el género robinsoniano, iniciado anteriormente por Defoe y Wyss. En efecto, La isla misteriosa es la coronación del proyecto inical de los Viajes Extraordinarios, y es probable que no hubiera surgido en la forma que la conocemos, de no haber rechazado airadamente Jules Hetzel el manuscrito que Verne le había entregado con el título de El tío Robinson, influido indudablemente por el éxito alcanzado por El Robison suizo de Wyss, un libro aparecido un poco antes. Tal fue la indignación de Hetzel que criticó a su autor en estos términos luego de leer los manuscritos: «¿Dónde está aquí la ciencia?…Ochenta y dos páginas de texto y ninguna invención que no hubiese hallado el último cretino…Resuma todo vivamente, casi alegremente…Son todos lentos, ni uno vive. Los personajes de sus libros son la vida misma, la energía misma…Éstos son un montón de seres lánguidos, ninguno es vivaz, vivo, ingenioso…Deje a todos estos tipos y recomience con nuevos personajes.»


Portada de La isla misteriosa


Portada de la novela
La isla misteriosa

    Verne acepta las censuras y se pone a trabajar en una nueva novela sobre robinsones, documentándose bastante como siempre. Dolido por la crítica que Hetzel le hiciera de su falta de cientifismo, le dice al editor: «Estoy estudiando química. Paso mi tiempo con profesores de química y en fábricas de productos químicos, en las que mis trajes han atrapado manchas de las que pasaré la cuenta, pues La isla misteriosa será una novela química.» Esta novela narra la historia de cinco hombres que escapan de una prisión federal en Richmond, usando un globo. En plena fuga, son azotados por una tormenta que los lleva hacia una isla desierta en el Pacífico Sur. Los náufragos, guíados por el ingeniero Cyrus Smith, tienen que utilizar todo su ingenio para poder sobrevivir. Durante su estancia en la isla, los prófugos reciben la generosa ayuda de un misterioso hombre, que resulta ser el Capitán Nemo, quien reaparece después del trágico final de Veinte mil leguas de viaje submarino. De otro lado, La isla misteriosa es también una novela educativa. Julio Verne escribirá una carta al coronel Hennebert: «El lector, no pide sólo que se le instruya sino también que se le divierta, y cuando se quiere instruir hay que hacerlo sin que se note, de modo que si la instrucción no se desliza en la acción, se falla el objetivo.»
Tras La isla misteriosa, comienza la etapa pesimista de Verne, que no será más que el reflejo de su tiempo. Ese mismo año de 1874 también publica la colección de cuentos: El doctor Ox, la cual contiene: Una fantasía del doctor Ox, otros de sus relatos de juventud: El maestro Zacarías, Un drama en los aires y Una invernada entre los hielos, y una historia escrita por su hermano Paul: La cuadragésima ascención francesa al Mont Blanc.

Una molesta acusación

    En 1875, la celebridad de Julio Verne, le produjo un incidente enojoso, pues en ese año recibió una carta de Polonia de un tal Olschewitz, en la que éste le decía que era su hermano y que hacía treinta y seis años que no se veían. Esta carta fue seguida de otra dos meses más tarde, carta que precedería a la visita de un periodista polaco; el contenido de la entrevista es el siguiente: «Señor Verne, todo el mundo lo cree francés, pero es inútil ocultármelo a mí. Yo sé, de fuente segura, quién es usted, y su existencia entera me es conocida. Usted es en realidad un judío polaco, nacido en Plock, cerca de Varsovia. Su nombre verdadero es Olschewitz, nombre derivado de Olscha, que en polaco tiene la misma significación que en francés el de Vergne o Verne. Es usted mismo quien ha traducido al francés su nombre. Hallándose en Roma, en 1861, abjuró usted de la religión hebraica, a fin de contraer matrimonio con una princesa polaca de gran fortuna. Su abjuración fue hecha en la congregación polaca, en Roma, de los padres resurreccionistas. Tuvo usted como confesor al padre Semenko. Habiéndose roto su noviazgo con la princesa Kryzanoska, el gobierno francés, por consejo de la Santa Sede, le ofreció un empleo en el Ministerio del Interior. Francia le compró su pluma y, desde entonces, jamás ha confesado usted sus orígenes israelitas… Se equivoca usted en algunos puntos caballero, repuso Julio Verne. Esa polaca se llamaba princesa Crac…ovitz. Yo la rapté, y nos fuimos a vivir a orillas del lago Leman, adonde ella se tiró un día tras una violenta querella amorosa. Este es el eterno remordimiento de mi conciencia. Pero, en cuanto a mis orígenes, silencio, por favor. Yo deseo pasar aquí por un cristiano completo». En resumen, el periodista polaco acusa a Verne de poseer una falsa identidad, que no es francés ni se llama así, sino que se trata de un judío polaco emigrado que ha cambiado su nombre eslavo, para adoptar la identidad de un burgués de Nantes. Sin embargo al final de la entrevista, Verne termina su broma referente a lo de la princesa, diciendo que deseaba pasar por un cristiano completo. Esta leyenda se ha prolongado hasta fechas recientes, a pesar de la publicación hecha por el canónigo nantés Durville, de todos los documentos que prueban incontrastablemente las raíces bretonas de Verne.



Verne en 1875. Dibujo de Gedeon Baril

    En mayo de ese año, Verne firma el sexto y último contrato con su editor Hetzel, el más extenso de todos los contratos. En él se resumen los cinco anteriores. Este nuevo acuerdo entre Hetzel y Julio Verne sería definitivo, destacando que «Los señores Jules Hetzel y Co., deseosos de hacer partícipe al Sr. Julio Verne del éxito creciente de su trabajo, han declarado, hace unos meses su intención de renunciar a la ganancia del contrato de setiembre de 1871, que debía cesar en el año 1881, y faltando aún seis años para que el contrato expire, se ha decidido renunciar al sistema de pago basado en una mensualidad fija, preferida por él hasta ese momento, y asociar el éxito de sus obras futuras la percepción de un derecho de autor basado en el número de copias vendidas». El editor Hetzel murió en marzo de 1886, y su hijo Louis-Jules Hetzel, quien formaba junto a su padre los Señores Hetzel y Co, continuará aplicando este contrato, de común acuerdo con Julio Verne. A tal efecto ambos firman en junio de 1889 la ratificación del último de los contratos entre Verne y Hetzel. Mientras tanto, han pasado los dos años de la nueva reclusión de Michel Verne en un sanatorio. Pero la supuesta cura, no hizo más que empeorar al muchacho.
Al salir, contando con catorce años, Michel ya roba, bebe y miente. Su próximo destino será la penitenciaría de Mettray. Luego de unos meses de encierro, los encargados de la penitenciaría temen que el hijo del escritor esté al borde de la locura o del suicidio. Esto motivará a Verne, a devolverlo al ambiente familiar. Por lo pronto, publica El Chancellor, una novela con un realismo y una crueldad terribles. Es evidente la influencia de Poe en esta narración, pues la novela asustó al mismo Hetzel cuando la leyó por primera vez. Verne le escribió a su editor acerca de esta obra, en la época en que la elaboraba: «Le llevaré un volumen de un realismo espantoso. Se titula El Chancellor. Creo que la balsa de la Medusa no ha producido nada tan terrible, creo sobre todo que tendrá un aire verídico, a menos que me equivoque.»