El retiro definitivo en Amiens (1872 – 1905)

Por última vez ante los tribunales

    En 1896 publica Ante la bandera, en este año es demandado por el químico Eugene Turpin, creador del explosivo «la melinita», quien dice haberse reconocido en el personaje de «Thomas Roch» de la citada novela. De esta forma, Verne viaja a París a causa de dicho proceso, pero es defendido exitosamente por Raymond Poincaré, quien años más tarde se convertirá en uno de los presidentes de Francia. Con su ayuda sale absuelto y retorna a Amiens. No obstante, Verne mintió al alegar que Roch no tenía nada que ver con Turpin, puesto que en dos cartas a su hermano, fechadas en 1894 y 1895,[1] le anunciaba su proyecto de utilizar el caso Turpin en una de sus novelas. Turpin se hizo famoso en aquel entonces al ser condenado por divulgar documentos que concernían a la Defensa Nacional, al haber protestado enérgicamente por el hecho de que el secreto de su invento hubiese sido entregado al extranjero.

 


Verne en una playa de Nantes

Julio Verne, Michel Verne y Honorine en 1894 en una playa de Nantes junto a unos amigos

 

Verne se declara antifreyfusista

    Otros casos judiciales de aquella época que emocionaron a Julio Verne fueron el de los «Hermanos Rorique» y el «capitán Dreyfus». El capitán del ejército francés Alfred Dreyfus en 1894 había sido acusado de espionaje por un tribunal militar francés, sentenciado a prisión perpetua en la Guyana Francesa. La única evidencia en su contra era un trozo de papel manuscrito dirigido al mayor Max Von Schwartzkoppen, agregado militar alemán en París, encontrado en un tacho de basura y cuya caligrafía apenas se asemeja a la de Dreyfus. Durante el juicio público, la muchedumbre, incitada por la prensa anti-semita, hostiga a Dreyfus con gritos e insultos. El Caso Dreyfus dividió a la sociedad francesa. Por un lado el gobierno derechista, el ejército nacionalista, la Iglesia Católica y los partidos conservadores, que unieron fuerzas en el bando anti-Dreyfus (con grandes características anti-semitas), por el otro, las fuerzas progresistas de republicanos, socialistas y anticlericales, liderados por Émile Zola y Jean Jaurès entre otros, que hicieron suyas la lucha por los derechos humanos en la República.
Este proceso, situó al novelista francés en las filas reaccionarias, alineándose con los antidreyfusistas, hecho al parecer incomprensible, siendo incluso su hijo, al contrario que su padre, un ardiente dreyfusista, a pesar de estar imbuido de ideas reaccionarias e incluso monárquicas…La situación era paradójica: ¡Verne, de espíritu republicano y avanzado, se hallaba así entre los que mantenían las opiniones más conservadoras, y Michel, monárquico y conservador, se había convertido de repente en socialista! Sin embargo, Verne aprobaría finalmente, la revisión del proceso Dreyfus, en un cambio de opinión que le daría la razón, pues Dreyfus después de muchos años de padecimientos será declarado inocente. La emoción causada por este error judicial y las maquinaciones de la justicia le harían escribir dos novelas basadas en sendos errores judiciales: «Los hermanos Kip» y «Un drama en Livonia».

 


Julio Verne en 1896

Julio Verne en 1896. 68 años

 

    Por otro lado, el noble austríaco Archiduque Luis Salvador, con quien Verne se entrevistó en Italia en 1884, le había obsequiado la obra «Die Balearen». Verne se lo agradece a través de una carta. En ella le dice que la lectura del tomo «Mallorca», le proporcionó una información tan precisa y detallada sobre la ciudad de Palma de Mallorca que le permitió escribir dos capítulos de su novela a publicar en ese año: Clovis Dardentor. Esta novela, Verne se la dedicó a sus tres nietos. La carta manuscrita original se encuentra en poder de los herederos mallorquines del Archiduque. En las elecciones de ese mismo año, Verne es reelegido por segunda vez al frente de la Consejalía de Amiens, dada su gran labor en el cargo municipal que desarrolló en su anterior gestión.

La diabetes avanza irremediablemente

    En 1897 vuelven las penas para el escritor, pues en agosto de ese año, muere de una crisis cardíaca, su hermano y gran amigo Paul a los sesentiocho años, deprimido desde hacía tiempo por la muerte de su hijo Gastón en el manicomio. El ser para él más querido, el único confidente íntimo, asesor solicitado y escuchado, el compañero de tantas travesías, desaparecía de su vida y lo relegaba en lo sucesivo al monólogo y a la soledad. Paul ya no existía, se había sumido en el torbellino de la memoria, en tanto que él continuaba anclado a la vida, al sufrimiento. «Yo no hubiera creído nunca poder sobrevivir a mi hermano.» A raíz de la muerte de Paul, Verne se sentirá completamente solo, su enfermedad de diabetes se agrava y una parálisis lo deja en cama por varios días. La aparición de unas cataratas, secuela inexorable de la diabetes que va minándolo, lo somete a una nueva renuncia: la lectura. El lector insaciable debe ahora confiar su avidez a su oído, pero éste, a su vez, se entorna penosamente, dejándole aún más solo consigo mismo. Ya solo le queda la antena del espíritu, todavía asombrosamente intacto en su vigilia. En una de sus últimas entrevistas al periodista norteamericano Gordon Jones[2] dice: «Es verdad que mi vista se ha dañado considerablemente en los últimos tiempos, pero no tanto como algunas de las noticias sugieren. Todavía puedo ver casi tan bien como siempre con mi ojo izquierdo, pero en el derecho una catarata se está formando y los doctores recomiendan una operación, a la cual no estoy determinado a someterme tomando en cuenta que a mi edad el resultado podría ser bastante serio.» Sin embargo, es capaz de conservar el sentido del humor, como se ve en una carta que le envía a su hermana: «Cada vez veo peor, querida hermana. He perdido también un oído; gracias a esto sólo corro el peligro de oir la mitad de las tonterías y de las mezquindades que corren por el mundo. Es una gran consolación.»
Es curioso el destino de los hermanos Verne. Paul había comenzado realizando sin la menor traba la vocación marinera que le había sido prohibida a Julio, para terminar su vida con el oficio de agente de cambio que Julio había debido asumir para poder casarse. Por esta misma razón es por la que Paul había renunciado al mar. La pasión convidada por el mar, la música y la libertad les unían en una consanguineidad espiritual mucho más fuerte que la meramente familiar. En este año aparece La esfinge de los hielos, esta novela surgió de la fascinación que sobre él ejerció siempre La narración de Arthur Gordon Pym, de Poe, y su misterioso final inacabado.[3] Muchos años antes había escrito en su ensayo Edgar Allan Poe y sus obras: «¿Quién la continuará algún día? Alguien más audaz que yo y más resuelto a avanzar en el dominio de las cosas imposibles.» Al fin se decidió él mismo. Para ello ideó al capitán Len Guy, el hermano del capitán Guy de La Narración de Arthur Gordon Pym, que emprende un viaje al polo tras las huellas de la desaparecida goleta de su hermano. Y, en una sucesión de aventuras por un fantástico mar Antártico, llegan a una tierra desconocida, donde descubren el secreto de la esfinge.
Al año siguiente, en 1898, publica El soberbio Orinoco, contando con setenta años de edad. Lo más fácil de interpretar es que en sus constantes lecturas en la Biblioteca de la Sociedad Industrial de Amiens, Verne se documentó acerca de los viajes que su compatriota Jean Chaffanjon realizó por la región del Orinoco, entre los años 1884 y 1887, de los cuales publicó dos libros.

Una misteriosa eliminación de documentos

    El autor, a pesar de sus achaques, sigue escribiendo sin detenerse, el trabajo es su isla solitaria, su refugio. Sus cajones se van llenando de manuscritos, cuya publicación sabe ya ha de ser póstuma. 1898 es, de acuerdo a varios biógrafos, el año en que Julio Verne, para «protegerse de la posteridad», quemó muchos de sus papeles, documentos personales, cartas, manuscritos inéditos e incluso libros de cuentas. Sin embargo, esta aseveración aun no esta comprobada según otros estudiosos, por tanto, este anécdota esta clasificado como uno de los misterios que rondan su existencia, más aun cuando encierra todavía muchas dudas el porqué el escritor tomó esa decisión, dada su conocida afición por la creación de criptogramas, los cuales guardaba con recelo.
Por esos días ya no recibe a nadie, excepto al periodista Raymond Roussel, un ferviente admirador suyo. El miságomo y misógino autor se ha convertido también en un misántropo que tiene ahora la idea de diseñar su propia tumba, para esto acude a su amigo, el escultor Albert-Dominique Roze, a quien le confía la labor.
Al siguiente año, en 1899, presagiando ya su muerte, Verne publica una novela acorde a este tema: El testamento de un excéntrico. En 1900, a pesar de tener setentidos años, es reelegido ya por tercera vez como consejal municipal, y publica Segunda Patria, una novela que es la continuación de El Robinson suizo de Wyss. Por aquella época, regresa a pasar los últimos años de su vida a su mansión del boulevard Longueville nº 44.

 

Verne en 1900

Verne en 1900 a sus 72 años en el Consejo Municipal de Amiens

 

El fin se acerca

    En 1901 se publican El pueblo aéreo y Las historias de Juan María Cabidoulin. En 1902: Los hermanos Kip, novela basada, en la dramática historia real de los hermanos Rorique, que fueron enviados al presidio a causa de testimonios dudosos, estos hermanos proclamaban una inocencia que fue reconocida tardíamente, pero en la que Verne parece haber creído desde un principio. Con respecto a este caso que conmocionó a la opinión pública a partir de 1893, Verne le escribiría en una carta al periodista italiano Mario Turiello en octubre de 1898: «Hace mucho tiempo que yo ya he juzgado eso, y bien juzgado, pase lo que pase en el futuro.» Al mismo Turiello le proclamó su célebre lamento: «Me siento el más desconocido de los hombres». Eran los últimos años de su vida, y Verne era consciente de que su celebridad universal se basaba en un mal entendido, en una interpretación tan superficial como errónea de su obra. Al escritor le dolió siempre el no haber sido reconocido en vida por la Academia Francesa de Literatura; quizá su falta de estilo literario hizo que sus compatriotas no le otorgaran el anhelado reconocimiento. En 1903 publica la novela Los piratas del Hálifax y en 1904 los relatos El dueño del mundo y Un drama en Livonia. En esta última novela, Verne intentará subsanar el error que cometió al manifestarse en un inicio como partidario antidreyfusista.

A pesar de todo: «¡Sed buenos!»

    En 1905, a pesar de encontrarse aquejado por múltiples dolencias, estando corto de vista por las cataratas, y casi sordo a consecuencia de las diabetes, logra concluir La invasión del mar. Cuando estaba terminando las últimas cuartillas de su novela El faro del fin del mundo, sus fuerzas humanas ya no le dan más. Postrado en su lecho, Julio Verne se dirige a su familia, sus nietos y al hijo de Hetzel que lo rodean, diciéndoles: «¡Sed buenos!», se vuelve hacia la pared y estoicamente espera la muerte. Estas fueron sus últimas palabras. Había emprendido el último de sus Viajes Extraordinarios. Eran las ocho de la mañana del 24 de marzo, la ciudad de Amiens era testigo de su fallecimiento a sus setentisiete años de edad. La muerte de Verne causa un duelo casi universal, a su entierro asisten embajadores de diversos Estados. Hasta el Kaiser Guillermo II, que viajaba en su yate hacia Tánger, envió una radiotelegrafía, a través de un representante suyo, en el que manifestaba su pésame a la familia y el perdón hacia el escritor por su evidente germanofobia presente en muchas de sus novelas.

 


Julio Verne en su lecho de muerte

Fotografía de Julio Verne en su lecho de muerte
en 1905 a sus 77 años a causa de la diabetes

 

    Julio Verne era el escritor más popular del mundo y se había convertido en una figura legendaria por todo lo que había escrito. Injustamente se le acusó de poseer una serie de colaboradores, pues su secreto fue simple, el de tener una idea clarivedente de su mundo y de lo que tenía que hacer con él, y sobre todo una enorme fuerza de voluntad puesta en el estudio y en el trabajo. Julio Verne empleó una formula infalible: la especulación científica, apoyada en datos y en una concienzuda investigación tanto en el ámbito geográfico de las regiones, como de los adelantos científicos de su tiempo, combinado con aventura y lugares exóticos o de enigmático colorido. Verne fue en cierto modo un ratón de biblioteca y sus libros estuvieron hechos de temas más vereficables que imaginativos, pues poseía más de un millón de fichas con datos sobre los temas más caprichosos. El funeral fue celebrado el 28 de marzo. Verne es sepultado en el cementerio «La Madeleine» en la ciudad de Amiens, en presencia de unas 5.000 personas. Se le rindieron honores militares, pues estaba en posesión de la Legión de Honor de la República de Francia.

 

El entierro de Julio Verne

El entierro de Julio Verne congregó a miles de personas

 

    Según sus biógrafos, sobre la lápida de su tumba debería de leerse la leyenda: «Hacia la inmortalidad y la eterna juventud». Sin embargo, sobre ella sólo se muestra la inscripción:

 

 

JULES VERNE.
NÉ A NANTES
LE 8 FEVRIER 1828.
DÉCEDÉ A AMIENS
LE 24 MARS 1905.

 

 

    Es decir: «Julio Verne. Nacido en Nantes el 8 de febrero de 1828. Fallecido en Amiens el 24 de marzo de 1905».

    A unos cuarenta centímetros debajo de la leyenda de la hornacina, se encuentra también el nombre semiborrado de Honorine, su esposa, fallecida en 1910 y sepultada en el mismo lugar. Es necesario aclarar que la sentencia «Hacia la inmortalidad y la eterna juventud» no aparece en ninguna parte de la tumba. También se puede ver sobre la tumba enigmática, el monumento del escultor Albert-Dominique Roze, representando a Julio Verne emergiendo de su tumba y levantando su brazo derecho con la mirada al cielo. Estos detalles son un compendio de su paso por la vida. Es justamente que gracias a la inestimable colaboración de su íntimo amigo Albert Roze, la máxima «Hacia la inmortalidad y la eterna juventud» recibió el bautismo público en la Exposición de Artistas Franceses, dos años después de la muerte del escritor. De esta forma, la sentencia formó parte de la historia. De otro lado, cuando ese mismo año de 1907, se procedió a inaugurar el actual momumento funerario, Roze, al parecer, olvidó colocar el famoso epitafio.

 


La tumba de Julio Verne

La tumba de Julio Verne en el cementerio «La Madeleine»

 

Publicación de las novelas póstumas

    Después de la muerte de Verne, su hijo Michel se pone de acuerdo con el hijo de Hetzel, con la intención de publicar las obras inconclusas del escritor. De esta forma, Michel revisa y modifica los manuscritos de su padre, tratando de conservar el estilo de éste, pero una vez terminado su trabajo, los publica con la firma de Julio. Este conjunto de obras fueron:

  • El faro del fin del mundo (1905)
  • El volcán de oro (1906)
  • La agencia Thompson y Cía (1907)
  • La caza del meteoro (1908)
  • El piloto del Danubio (1908)
  • Los náufragos del Jonathan (1909)
  • El secreto de Wilhem Storitz (1910)
  • Cuentos de ayer y mañana (1910), que contiene: La familia ratón (1891), El señor Re-sostenido y la señorita Mi-bemol (1893), El destino de Juan Morenas (1858), El humbug (1863), La jornada de un periodista americano en el 2889 (1889).

  • La impresionante aventura de la misión Barsac (1919)

 


Michel Verne

Michel Verne en 1900. 39 años

    A esta última obra, Julio Verne pensó llamarla inicialmente Viaje de Estudios, y estaba inspirada en la partida a África de una expedición en busca de la misión Crampel, que había desaparecido por tierras del Congo desde 1889. En vida, el escritor influyó decisivamente en que el Consejo Municipal de Amiens contribuyera a subvencionar en 1891, la partida de esta misión. Del conjunto de novelas póstumas, se sabe hoy que La agencia Thompson y Cía, y La impresionante aventura de la misión Barsac, fueron novelas escritas íntegramente por Michel Verne, dado que han sido encontrados sus manuscritos firmados por el hijo del escritor. Esta hipótesis, sin embargo, viene siendo discutida en la actualidad, debido a que el estilo literario de las novelas citadas, es muy similar al estilo de Julio Verne, por lo que se sospecha que fueron escritas en parte por padre e hijo.
De otra parte, en una entrevista realizada en 1903,[4] dos años antes de fallecer, Julio declara: «Aun cuando puedo trabajar muy poco -realmente muy poco-, si lo comparamos con los años anteriores-, tengo un adelanto de varios años respecto a la impresión de los libros. Mi libro más reciente de la serie los Viajes Extraordinarios será publicado brevemente bajo el título de Los piratas del Halifax. Mientras, existen otros trece manuscritos completos de la misma serie que están listos para ser impresos». La polémica todavía persiste, y nuestro querido escritor francés nos ha dejado aún mucho por conocer acerca de su misteriosa vida y de su extensa obra. Difícil labor el descubrir los misterios que se esconden detrás de la vida y obra de Julio Verne, ¡el más desconocido de los hombres!