El secreto de Maston

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El retorno de los artilleros del Gun-Club

    Los recordados héroes de la famosa aventura espacial de Verne conformada por las obras De la Tierra a la Luna y Alrededor de la Luna, son reclutados nuevamente por el escritor para reaparecer luego de veinte años en un nuevo proyecto. Esta vez, los honorables miembros del Gun-Club ya no utilizarán sus desarrollados conceptos de artillería y balística para viajar al espacio exterior. Ahora intentarán enderezar el eje de la Tierra con fines lucrativos, olvidando los propósitos altruistas de su anterior viaje a la Luna.

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a) Jules Verne hacia 1888, año en que redactó su novela El secreto de Maston b) Portada original en francés de la novela Sans dessus dessous, publicada por editorial Hetzel, en 1889, con las ilustraciones de George Roux.

    El autor tituló a su nueva novela Sans dessus dessous, que traducida literalmente significa Sin arriba abajo. Fiel a su estilo, Verne quiso jugar con las palabras porque los personajes de la obra pretenden modificar el ángulo que hace el eje de rotación de la Tierra con el plano de la eclíptica. Pero este juego de palabras no es claro, y el propio Verne tuvo que aclararlo en más de una oportunidad, insistiendo en que no se trataba de un simple error de imprenta u ortografía. No obstante, en el relato, el escritor nos brinda su punto de vista en lo referente a este singular nombre: «Verdaderamente, su operación podría titularse Sin arriba ni abajo o Lo de arriba abajo; pues en adelante ya no habría ni abajo, ni arriba, y, según la expresión de Alcide Pierdeux, se seguiría un revoltillo general».
Verne terminó por reconocer que en realidad, el título correcto habría sido Sans dessus ni dessous, o sea, Sin arriba ni abajo, pero eso significaría perder el juego verbal. En castellano, la novela fue traducida con diversos títulos como El eje de la Tierra, En completo desorden o El secreto de Maston, este último en alusión al protagonista principal del relato, el excéntrico secretario del Gun-Club, J. T. Maston, un científico y matemático de carácter apasionado, que se encarga de realizar los cálculos del proyecto que pretende cambiar el clima del planeta.

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El confuso nombre del libro en francés, Sans dessus dessous, fue traducido al idioma castellano con diversos títulos como El secreto de Maston o Sin arriba ni abajo. En las imágenes, las portadas publicadas por Editorial Difusión y Editorial Orbis.

    En El secreto de Maston, los sesudos inventores eran ya conocidos en el mundo de Verne. Los antiguos artilleros de De la Tierra a la Luna se han recuperado de las emociones del viaje a nuestro satélite y, veinte años después, quieren lanzar otro proyectil, pero esta vez con una intención de lucro personal. El presidente del Gun-Club, Impey Barbicane, ha descubierto que bajo los hielos del Polo Norte existe una inmensa extensión de carbón, la fuente de energía por excelencia del siglo XIX. Por ello, junto con el capitán Nicholl, J. T. Maston y Mrs. Scorbitt, una rica viuda que aporta el enorme capital inicial necesario, fundan la North Polar Practical Association, con el fin de adjudicarse todas esas tierras. Tras una subasta pública, en la que pugnan la adquisición con las potencias del mundo, compran finalmente por 14.000 dólares –un poco más de 14 millones de francos en la época de Verne–, la desolada tierra que rodea el Polo Norte y que carece en apariencia de valor. Sin embargo, el clima de la región les impide la explotación y el aprovechamiento de todo el carbón enterrado bajo el círculo ártico.
Para conseguir su objetivo, J. T. Maston cuenta con construir un gigantesco cañón, con cuyo retroceso bastará para modificar el eje de la Tierra y colocar el Polo Norte bajo los rayos solares. Con ello derretiría el hielo, con lo cual podrá él y sus socios explotar a sus anchas los recursos minerales de aquella región. Pero conforme va saliendo a la luz la envergadura del proyecto, al mismo tiempo va en aumento el temor ante sus posibles efectos. ¿Cuáles serán las consecuencias que tendrá aquel impacto? ¿Qué va a pasar con la repentina alteración del nivel del mar?

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a) Los héroes de De la Tierra a la Luna, Impey Barbicane, el capitán Nicholl y J. T. Maston, retornan en El secreto de Maston, pero esta vez con la intención de enderezar el eje de la Tierra, por medio del disparo de un nuevo y poderoso cañón. b) El encargado de realizar los cálculos de alta mecánica que harán factible esta empresa, no podía ser otro que J. T. Maston, el irascible secretario del Gun-Club, quien era además, un experto matemático y científico de reconocida trayectoria.

    En tal sentido el gobierno norteamericano abre una investigación, pero los socios del Gun-Club desaparecen de inmediato. Sin embargo, cuando localizan a J. T. Maston, éste se niega a hablar y desvelar su secreto, incluso se traga sus notas cuando lo detienen. La investigación pone al descubierto el proyecto: modificar la posición de la Tierra mediante el retroceso de un cañón, al disparar éste una fortísima carga. Pero ¿dónde van a dispararlo? Los desventurados habitantes del planeta ignoran qué zonas van a inundarse y cuáles se quedarán sin agua. Los investigadores acaban por descubrir el lugar donde piensan los socios de Barbicane realizar el disparo: la cadena montañosa del Kilimanjaro, en África. No obstante, es demasiado tarde ya para impedido. En realidad, no piensan usar un auténtico cañón, pues hacer uno con el calibre necesario para obtener el pretendido resultado sería una tarea sobrehumana, sino una galería excavada en la montaña del Kilimanjaro. Felizmente, a la postre, la empresa fracasa.
Jules Verne recurrió para escribir este libro, a un especialista, Albert Badoureau, ingeniero de minas de treinta y cinco años, que estaba destinado por aquel entonces en Amiens y que era un genial matemático. Verne le consultó los temas sobre matemática y balística y le pagó la suma de 2 500 francos. Y, por vez primera y única, Verne incluyó los cálculos del ingeniero en un anexo titulado: «Capítulo suplementario, del que pocos lectores van a aprender», y citó el nombre de Albert Badoureau, como no podía por menos de suceder. Pero este capítulo con cálculos, cifras y firma del propio Badoureau, fue eliminado de las siguientes ediciones.
En este apéndice a la novela, Badoureau demostraba en qué y cómo se había equivocado el soberbio J. T. Maston. En el relato de Jules Verne, el sabio francés Alcide Pierdeux, quien representa a Badoureau, le escribe una carta al periódico Le Temps para explicar lo sucedido. J. T. Maston había omitido tres ceros en sus cálculos, a causa de las llamadas telefónicas de la señora Scorbitt, una mujer millonaria que subvenciona el osado proyecto de los artilleros y que se relaciona sentimentalmente con el secretario del Gun-Club. Esta novela pues, no era un libro de Jules Verne como los demás. En esta ocasión, la ciencia fracasaba o, para ser exactos, eran los científicos los que se equivocaban, o había algo peor, su meta era el enriquecimiento personal y, en caso de haber conseguido sus funestos propósitos, éstos habrían sido realmente trágicos para la humanidad.

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En El secreto de Maston, los artilleros del Gun-Club pretenden modificar el eje de la Tierra con el objeto de colocar el Polo Norte bajo los rayos solares, y de esta manera derretir los hielos para explotar los recursos minerales de esta región. Para ello, construyen un cañón gigantesco, situado en el ecuador terrestre y excavado en el monte Kilimanjaro, el cual efectuará el disparo en dirección sur del esferoide

    Con respecto a este relato, Verne confesó a un periodista, a quien reveló su secreto, que esta obra la venía pensando escribir hacía ya unos veinte años atrás, pero que no sabía cómo abordarla. De otro lado, respondía Verne también con esta novela al astrónomo Camille Flammarion, quien era, por aquel entonces, investigador y autor de obras de divulgación científica destinadas al común de los lectores. Flammarion lo había acusado alguna vez, de basar sus obras en datos incorrectos. Por ello, Verne decidió esta vez recurrir al asesoramiento científico del ingeniero Badoureau, para evitar las objeciones de los expertos.

Albert Badoureau y el error de J. T. Maston

    Un personaje, Alcide Pierdeux, aparece en la novela con la única misión de leer periódicos y darse cuenta del error cometido por J. T. Maston, creando así un elemento de intriga. En francés, la pronunciación del nombre Pierdeux no se distingue de la de «pi erre dos» (pi r2, el área del círculo), y Jules Verne quería realizar de esta forma una broma para designar a su amigo Albert Badoureau, un ingeniero politécnico que merece ser presentado en esta sección.

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a) Albert Badoureau, alumno de l’Ecole des Mines de Paris. (Retrato alrededor de 1877) b) El personaje de Alcide Pierdeux fue concebido por Jules Verne e ilustrado por el dibujante George Roux, inspirados en la figura del ingeniero Albert Badoureau.

    Albert Badoureau (1853-1923), ingresa a la Escuela Politécnica en 1872. Convertido en un ingeniero de minas, Badoureau ejerce en Amiens, donde entra en contacto con Jules Verne. Él es el autor de Sciences expérimentales (1889), citada por Verne en El secreto de Maston. La obra de Badoureau hace una revisión de los últimos descubrimientos de aquella época y abunda en fórmulas matemáticas, motivo por el que estuvo lejos de convertirse en un libro popular. Pero Albert Badoureau fue también un auténtico matemático. En su juventud escribió un estudio sobre los poliedros semi-regulares publicado en el Journal de l’École polytechnique y hacia el final de su vida, publicará la obra Causeries philosophiques (1920).
El personaje Alcide Pierdeux fue diseñado por Verne, e ilustrado por el dibujante George Roux, inspirados en la imagen de Albert Badoureau. Éste le escribió a Verne, como se ha citado, el apéndice de su libro El secreto de Maston, titulado «capítulo suplementario, del que pocos lectores van a aprender», con que acaba la obra. En este anexo, Badoureau explica los detalles del cálculo y muestra el error de J. T. Maston. Se trata de la única de las novelas de Verne que desarrolla a plenitud un tema científico, apoyado en cálculos minuciosos al final del libro. La introducción del apéndice comienza así: «La novela que presentamos al público, como todos nuestros trabajos anteriores, se apoyan sobre las bases más serias, a pesar de sus apariencias ultra-fantásticas. Después de haber diseñado el esquema, le pedimos a nuestro buen amigo, el señor Badoureau, ingeniero de minas y autor de Sciences expérimentales, publicada recientemente en editorial Quantin, la medición exacta de los diversos fenómenos descritos en esta novela. Sometemos esta medida a los matemáticos. Lo que la novela ha mostrado, este trabajo lo demuestra.»

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El capítulo suplementario escrito por Albert Badoureau para la novela El secreto de Maston de Jules Verne, solo apareció en la primera edición. El editor, para no saturar al público con la excesiva ciencia desarrollada en su análisis, decidió suprimirlo de las ediciones posteriores.

    Este texto complementario, no obstante, es abundante en cálculos físicos y matemáticos. Por ello, lamentablemente, este capítulo extra se suprimió en la mayoría de las ediciones para no saturar a los lectores con la excesiva ciencia desarrollada en el relato. Badoureau tenía por objeto explicar en dicho anexo, el error cometido por J. T. Maston, por el cual el proyecto del Gun-Club fracasa. Recordemos que en el libro, los protagonistas, en subasta pública, compran el Polo Norte para su explotación minera. El problema estriba en que nadie ha sido capaz de llegar al Polo Norte, por lo que deciden, basándose en los cálculos matemáticos del honorable J. T. Maston, y, mediante una explosión, cambiar el eje de inclinación de la Tierra, utilizando un potentísimo cañón, provocando con ello el acercamiento del Polo Norte hacia el ecuador y derretir así los bloques de hielo. A consecuencia de esto, el planeta recibiría la radiación solar de forma más uniforme, hecho que alteraría las condiciones climáticas, pasando luego a disfrutar de una temperatura templada.
Pero para asegurar el éxito de la complicada operación, el cañón en cuestión debía tener proporciones gigantescas. J. T. Maston diseñó el ingenio con 27 m de diámetro y 600 m de profundidad, el cual debía estar ubicado en un punto de la Tierra cuidadosamente calculado: el monte Kilimanjaro. El tremendo retroceso provocado por el descomunal disparo de un proyectil de 180 000 toneladas sería suficiente para desviar unos grados el eje de rotación del esferoide.
Esta proeza, desde luego, conllevaría la desaparición de continentes y la creación de otros nuevos. Con semejante riesgo para la raza humana, las naciones más perjudicadas por causa del disparo, se levantarían en pie de guerra. Sin embargo, los artífices de la explosión se han borrado de la faz de la Tierra para llevar a cabo sus siniestros propósitos en un lugar secreto de África. Pero lo que finalmente ocurre es que J. T. Maston comete un imperdonable error en sus cálculos. El origen de esta equivocación se entiende mejor si se tiene previsto que la novela culminará con la boda entre J. T. Maston y Mrs. Scorbitt, ya que a lo largo del relato aparecen unas cuantas pistas que indican este final.

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a) La señora Scorbitt realiza una llamada telefónica a J. T. Maston, durante una noche en que se está produciendo una terrible tempestad. b) La llamada de la dama interrumpe el trabajo de J. T. Maston, y en el momento preciso en que contestaba la llamada, un formidable trueno estalló, y la corriente, pasando a través del hilo telefónico, atravesó rápidamente por su gancho de hierro, propinándole una tremenda sacudida que lo derribó al suelo como un muñeco.

    Mientras J. T. Maston realizaba sus cálculos, Mrs. Scorbitt lo llamó por teléfono un par de veces, hecho que alteró la concentración del calculador. Además, entre las dos llamadas, una súbita tempestad estalló e hizo caer la pizarra en donde estaba haciendo sus cuentas. Esto pasó justamente cuando escribía la longitud de la circunferencia de la Tierra, un valor redondeado a 40 000 km. J. T. Maston tenía que haberlo escrito en metros, pero la segunda llamada lo despistó del todo y olvidó añadir los tres ceros más para pasar de kilómetros a metros. En conclusión, el desplazamiento previsto fue insuficiente, y las características del proyectil no fueron las adecuadas para producir el impacto deseado.
En efecto, mientras J. T. Maston estaba haciendo los cálculos para el diseño del cañón, la llamada telefónica de Mrs. Scorbitt lo distrajo de tal manera, que por una absurda confusión escribió el perímetro de la Tierra con el valor de 40 000 m, en lugar de los 4 000 0000 m que esta tiene aproximadamente. Puesto que lo que quería era calcular el radio de la Tierra para obtener después el volumen y la masa del planeta, un error de una magnitud de 1 000 en la longitud se convertía en un error de 1 000 000 000 al calcular la masa, que es proporcional al volumen. Y, por lo tanto, la energía cinética de la bala disparada en la novela, terminó por generar una desviación del eje de la Tierra mil millones de veces menor que el esperado, o sea, el desplazamiento calculado de los Polos fue tan solo de unas micras, o millonésimas de metro, en vez de los miles de kilómetros que querían los artilleros, obteniéndose un resultado inapreciable, no generándose al término de la operación, ninguna de las catástrofes temidas y deseadas.
Finalmente, es conveniente citar con respecto a este documentado anexo de la novela de Verne, que el expediente técnico elaborado por Albert Badoureau para El secreto de Maston, así como las cartas que le escribió a Verne, fueron publicados en 2005, en Le Titan moderne, un libro imprescindible para todos aquellos que deseen comprender la génesis de esta obra y entender la relación entre el escritor francés y su asesor científico.

Características y estructura

    El secreto de Maston fue redactado por Verne hacia 1888, dos años después de la muerte de su querido editor Jules Hetzel , quien no intervendrá esta vez para aconsejarle y criticarlo como de costumbre. Su publicación no se realizó de forma serializada y apareció en formato de libro en noviembre de 1889 con las ilustraciones del dibujante George Roux, junto a un capítulo suplementario escrito por Albert Badoureau, un notable ingeniero de minas residente en Amiens. Al mismo tiempo, el libro se publicó en edición doble con El camino de Francia, aunque en esta edición no se incluyó el capítulo suplementario.
Esta novela constituye la tercera parte de la trilogía que inició con De la Tierra a la Luna y Alrededor de la Luna. Pero el recurso de continuar las aventuras de los héroes afortunados no es siempre el mejor método usado por los autores para mejorar las ventas, pues en ocasiones una mala secuela puede acabar por desanimar al más entusiasta de los lectores. Eso le pasó al propio Verne, quien en esta obra retoma la línea argumental y los personajes de su famosa aventura lunar para paliar los descensos de ventas o, en todo caso, disimular en lo posible la inevitable pérdida de facultades que el agotamiento y la enfermedad iban provocando en él.
Desde el punto de vista literario, nos encontramos con una de las novelas menos logradas de Verne. Sus grandes obras, aquellas por las que aún es querido y recordado, ya habían sido escritas hacía bastantes años. En aquella época, el autor, acosado por problemas familiares y económicos, entraba ya en la etapa final de su carrera. Ello queda de manifiesto en el estilo y la acentuación de algunos puntos débiles. Por ejemplo, la poca intriga por saber de qué forma van a transcurrir los acontecimientos. Asimismo, el incidente que provoca el fracaso del plan de los miembros del Gun-Club es también previsible. Además, en muchas ocasiones, Jules Verne exagera en brindar datos geográficos y físicos, convirtiendo al relato en una narración lenta y poco ágil, y ello a pesar que los personajes mantienen en todo momento su valor e ingenio, así como el tono humorístico que a veces tiende a ser irónico.

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a) Cuando los miembros del Gun-Club lanzaron un proyectil a la Luna, fue para lograr, en nombre de la ciencia, un reto técnico que no les aportaba ningún beneficio. b) Veinte años después, los artilleros de Baltimore vuelven con un nuevo y temerario proyecto de balística: enderezar el eje de la Tierra. Pero esta vez, sus propósitos no serán altruistas, sino que ocultan intenciones de enriquecerse sin medir las consecuencias.

    En El secreto de Maston, reaparecen los audaces protagonistas de De la Tierra a la Luna, quienes ahora se ven envueltos en un proyecto muy distinto al de su aventura espacial. Esta vez buscan obtener provecho a partir de una oscura operación especulativa y de un no menos disparatado plan geofísico, con el fin de apoderarse de las tierras situadas bajo el Polo Norte. Felizmente para la humanidad, ninguno de estos propósitos se concreta, quedando los antiguos héroes sumergidos en el más absoluto de los ridículos.
De aquellos héroes de la épica aventura espacial verniana, en esta obra solo permanecen tres como protagonistas: el presidente Impey Barbicane, el capitán Nicholl y el científico J. T. Maston. Pero el cuarto de los mosqueteros, el excéntrico francés Michel Ardan, esta vez ya no aparece. Michel Ardan es sustituido ahora por un compatriota suyo igualmente provocativo, Alcide Pierdeux. Jules Verne necesitaba para este relato científico, un personaje con amplios conocimientos matemáticos, y como se recuerda, el aventurero Ardan sentía aversión por el álgebra, así que necesariamente tuvo que reemplazarlo.
Como muchas de las obras publicadas al final de su vida como Ante la bandera o La caza del meteoro, Verne mantiene en El secreto de Maston el tono científico que normalmente usa en sus Viajes extraordinarios, denunciando en esta novela los excesos de una visión científica y racional del mundo, con un tono fuertemente teñido de ironía hacia sus héroes ficticios. En efecto, en esta historia, el autor denuncia con crudeza lo que le sucedería a la Tierra si se continúa con la desmedida explotación de los yacimientos minerales que contiene la placa de hielo del Polo Norte. El objetivo es posible conseguirlo si se deshiela aquella región, al lograr que el eje de rotación de la Tierra caiga perpendicularmente sobre el plano de la eclíptica, es decir, eliminando la inclinación de 23º 27’ que nuestro planeta tiene con su plano de rotación alrededor del Sol, dejándolo en una condición similar a Júpiter. Pero tal operación, de resultar exitosa, auguraría cambios desastrosos que provocarían más perjuicios que beneficios, pues la fusión de los Polos elevaría el nivel del agua, y la desaparición de esa masa líquida sobre una zona concreta del planeta desencadenaría otros movimientos compensatorios en distintos territorios, como elevaciones de países enteros o el hundimiento de líneas costeras.
En efecto, como resultado de esta catástrofe es muy probable que quede totalmente seco el océano Atlántico Norte y el mar Mediterráneo, levantando las Azores o las Bermudas hasta una altitud como la de la cordillera del Himalaya. Quedarían inundados también totalmente el sur de África como América Latina y todo el Extremo Oriente desde Siberia a Java, mientras que Australia y sus alrededores quedarían elevados varios miles de metros. Sin embargo, el autor logró minimizar este desastre haciendo cometer a J. T. Maston, el principal científico de la novela, un considerable error que desembocó en el fracaso del desquiciado proyecto. Por ello, aunque con cierta inocencia en su planteamiento y consecuencias, una vez más, como ya hizo en otras novelas, Verne deja patente su desconfianza hacia el uso que el hombre puede hacer de la ciencia, en este caso persiguiendo intereses económicos.
A pesar de estas objeciones, es menester resaltar que este libro tiene algunos elementos interesantes que no cobrarían su verdadera relevancia hasta muchos años después. Entre los temas que destacan, tenemos el uso cotidiano del teléfono, representado en el coqueteo de J. T. Maston con la millonaria señora Scorbitt; el ilimitado poder que produce el dinero; el poder creciente de la artillería a finales del siglo XIX; la posibilidad de diseñar explosivos más poderosos a partir de la química orgánica, una idea que será mejorada en Ante la bandera (1896); el peligro que supone el mal uso de la ciencia y la tecnología; y un tema que es de candente actualidad: el cambio climático.
Con respecto a este último tópico, es de notar que Jules Verne no alaba el proyecto del Gun-Club como una proeza científica y tecnológica, pues la idea de transformar el ecosistema del planeta, para convertirlo en una gran máquina con la cual se pueda obtener prestigio, poder y beneficios económicos, se encuentra con una gran oposición en la propia novela. En este sentido, una de las características más notables del libro radica en la condena universal que sufren los artilleros encargados del proyecto; esto, debido al aplanamiento de la Tierra en los Polos que puede causar, como ya se ha explicado, la reducción o elevación del nivel de agua hasta más de 8 700 metros, lo que produciría una catástrofe sin precedentes para el planeta.

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El gigantesco cañón que debía efectuar el disparo, con cuyo retroceso se enderezaría el eje del planeta, tuvo que construirse estratégicamente en el monte Kilimanjaro, en el corazón de África. La idea de los artilleros era aprovechar su ubicación geográfica, en el ecuador terrestre y su lejanía de las civilizaciones.

    De otro lado, la operación que conseguiría este desquiciado objetivo, es decir, el disparo del proyectil, efectuado en el monte Kilimanjaro por los artilleros del Gun-Club, también son importantes de evaluar, teniendo en cuenta que sus detalles técnicos pueden ser comparados con los del cañón Columbiad de De la Tierra a la Luna, la novela predecesora de esta obra. Para esto, es necesario analizar, además del prodigioso cañón, el proyectil, y el explosivo que se usarán en esta nueva y arriesgada tentativa.
En lo referente a la concepción del cañón, Badoureau se basa para imaginarlo en un arma naval, el cañón de la marina francesa de 27 cm, modelo de 1875, que lanza un proyectil de 180 kilos a 500 m/s. De la adaptación de esta arma multiplicada sus dimensiones por cien, se obtiene un gigantesco cañón de 27 m de diámetro y 600 m de profundidad, un millón de veces más grande en volumen, con el cual los artilleros estarán en condiciones de lanzar un proyectil de 180 000 toneladas. Pero construir un cañón de tal magnitud exigiría un esfuerzo sobrehumano. Para resolver el dilema, los ingenieros del Gun-Club deciden estratégicamente reemplazarlo por un enorme agujero, una auténtica galería excavada en el macizo del monte Kilimanjaro, en África, proceso para el cual se requirió la mano de obra de miles de indígenas negros. Este pozo de mina reemplazaría al monstruoso cañón de metal, cuya fabricación habría sido tan costosa como difícil.
La elección del Kilimanjaro, en Tanzania, como teatro de operaciones, responde a varias cuestiones de orden técnico. En primer lugar, porque el país era conveniente por su ubicación geográfica: el ecuador terrestre, y su poca conocida posición en el continente negro, alejado de los territorios recorridos a menudo por los viajeros. El macizo les ofrecía también todas las condiciones de solidez y orientación. Asimismo, los alrededores del monte contaban con las materias primas necesarias para fabricar aquel colosal cañón, tales como el hierro y la hulla, y existían además en las zonas aledañas, enormes filones de nitrato de sodio y pirita de hierro, necesarios para procesar el explosivo de la detonación.
En cuanto al proyectil, se trataba de una pieza cilindricocónica de 180 000 toneladas. Su fundición, debido a su longitud de 500 m, tuvo que fabricarse por masas de 1 000 toneladas cada una, que después de ser unidas entre sí, formarán un todo compacto que resbalará por las paredes del tubo interior, hasta hacer contacto con el lecho de 2 000 toneladas de pólvora dispuestas al fondo del ánima del cañón excavado en el macizo.
Por último, el explosivo usado es revolucionario. Se trata de la meli-melonita, un explosivo ficticio de una potencia casi infinita, derivado de una reacción de un meli-melo de sustancias orgánicas y de ácido azoico. Su creador, el capitán Nicholl, está convencido que esta supera a la pólvora usada en De la Tierra a la Luna, el algodón pólvora o fulmicotón. El nombre del explosivo evoca a la melinita, una poderosa pólvora creada en 1884 por el inventor francés Eugène Turpin, quien siete años más tarde se sentirá difamado en la novela Ante la bandera, al comprobar que en esta obra se desarrollaba una historia similar a la de él y a la de su prodigioso invento. El químico le entabló en aquella oportunidad una demanda a Verne, pero el escritor terminará saliendo absuelto del juicio. Sin embargo, resulta notorio que el novelista tomó como referencia este novedoso explosivo para adaptarlo a los requerimientos técnicos de su relato.
Para culminar, merece precisar una curiosidad de esta novela: la mención de otros relatos del mismo Verne durante la narración de los acontecimientos. Descontados están De la Tierra a la Luna y Alrededor de la Luna, pues el autor nos brinda un resumen pormenorizado de la aventura espacial, a modo de presentación de sus héroes. Pero también cita, a propósito de la subasta por la adquisición de las tierras del Polo Norte, la compra de la isla Spencer, en San Francisco, por parte de William W. Kolderup, hecho que ocurre en Escuela de Robinsones (1882), y asimismo, evoca las aventuras de Héctor Servadac (1877) en su sorprendente viaje por el Sistema Solar a través del cometa Galia.

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a) El túnel horizontal excavado en el macizo del Kilimanjaro, debía tener 600 m de profundidad y 27 m de diámetro. La perforación serviría para reemplazar el auténtico cañón de hierro, que dadas sus dimensiones, sería imposible de fabricar. b) El proyectil también era colosal, debía medir 500 m y pesar 180 000 toneladas. Su proceso tuvo que hacerse fundiendo masas de 1 000 toneladas cada una, para luego ensamblarlas.

    En conclusión, El secreto de Maston es una novela en que queda de manifiesto que Verne ya no es el mismo autor de De la Tierra a la Luna, pero que sirve de tribuna al escritor para denunciar su creciente preocupación por el mal uso de la ciencia y la tecnología en manos de hombres que solo buscan beneficiarse sin importarle las consecuencias. Se trata de un relato en que se desarrolla un amplio contenido científico, incluyendo un anexo complementario que tuvo que ser eliminado por el editor para no saturar al público. Sin embargo, la novela juega con ciertos elementos de ficción que enriquecen el hilo argumental, actuando como catalizadores que dinamizan una narración en su mayor parte lenta, ofreciendo al lector una historia que fluctúa generalmente entre la tragedia y la comedia de forma aceptable, aunque sin lograr a alcanzar el nivel de las mejores historias de los Viajes extraordinarios.

Personajes

  1. J. T. Maston. 58 años. Científico y matemático de gran prestigio, miembro de asociaciones como el Gun-Club y Barbicane & Compañía. Creador del proyecto de enderezar el eje de la Tierra por medio del retroceso del disparo de un gigantesco cañón.

  2. Impey Barbicane. Presidente del Gun-Club y de Barbicane & Cía. Lidera a los norteamericanos en su pugna por la compra del Polo Norte.

  3. Capitán Nicholl. Miembro de Barbicane & Compañía y creador de la meli-melonita, el poderoso explosivo que lanzará el proyectil de J. T. Maston.

  4. Evangelina Scorbitt. 45 años. Rica viuda de un millonario. Apoya incondicionalmente a J. T. Maston. Terminará casándose con él.

  5. Alcide Pierdeux. 35 años. Francés. Ingeniero de minas. Experto matemático que explica el error cometido por J. T. Maston en sus cálculos.

  6. William S. Forster. Consignatario de bacalao a nombre de la casa Ardrinell y representante de la North Polar Practical Association, institución fundada también por los artilleros del Gun-Club.

  7. Comandante Donellan. 60 años. Delegado inglés y el mayor competidor de Estados Unidos en la subasta por la compra del Polo Norte.

  8. Dean Toondrink. Secretario del comandante Donellan. Escocés de nacimiento. A diferencia del comandante, es un joven locuaz y divertido.

  9. Jacques Jansen. 53 años. Delegado de las Indias holandesas.

  10. Eric Baldenak. Delegado danés. Ex subgobernador de las posesiones groenlandesas.

  11. Jan Harald. Delegado de Suecia y Noruega. Profesor de cosmografía en Cristianía. Poco interesado en adquirir el Polo Norte.

  12. Boris Karkov. Delegado ruso. Antiguo militar y diplomático.

  13. Fire-Fire. Criado negro de J. T. Maston.

  14. Richard W. Trust. Cónsul americano destinado en Zanzíbar, quien informa al gobierno de Estados Unidos de las actividades de los miembros del Gun-Club en África.

  15. Bali-Bali. Sultán de Wamasai, admirador de los miembros del Gun-Club. Facilita a los artilleros la mano de obra necesaria para la construcción del gigantesco cañón en los flancos del monte Kilimanjaro.

Portadas de ediciones francesas

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Portadas de ediciones castellanas

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El argumento

    La historia comienza en Baltimore, Estados Unidos, hacia el año 1890, donde los antiguos artilleros del Gun-Club retornan luego de veinte años para sorprender al mundo con un nuevo y osado proyecto de balística. Pero este reto no tiene ahora un carácter filantrópico como lo fue hace dos décadas su sorprendente viaje a la Luna. Esta vez, los antiguos héroes del Gun-Club se asocian con diversos hombres de negocio americano, entre ellos una viuda millonaria, Mrs. Scorbitt, eternamente enamorada de J. T. Maston, y fundan la North Polar Practical Association, una misteriosa empresa que hace pública su intención de comprar, mediante una subasta sin precedentes, a la que pueden participar las sociedades de los países que estimen tener derechos, las tierras del Polo Norte que se encuentren encima del paralelo 84º N, donde hasta esa fecha, ningún experto navegante ha podido dejar su huella. Las condiciones de la subasta especifican que el título de propiedad no podrá ser anulado, aunque aparezcan cambios en las condiciones geográficas o meteorológicas del orbe, una condición que resulta ser muy intrigante para todo el mundo.

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a) J. T. Maston persuade a la señora Scorbitt, una viuda millonaria enamorada de él, para que financie con su enorme fortuna, la creación de la empresa North Polar Practical Association. b) El objetivo de esta asociación era adjudicarse, tras subasta pública, las gélidas tierras del Polo Norte, que se encuentren por encima del paralelo 84º N, que hasta esa fecha, ningún experto marinero había logrado superar.

    Las verdaderas intenciones de estos hombres eran la de explotar los grandes yacimientos de combustibles, especialmente la hulla, que algunas proyecciones pronosticaban existían allí. Pero hacia 1890, para que aquella explotación fuera factible, era preciso eliminar los hielos de la superficie del Ártico, que en esas fechas no eran tan escasos como son ahora. Y no se les ocurrió otra idea que intentar cambiar la posición del eje de la Tierra, que como se sabe, está inclinado respecto a la perpendicular del plano de traslación, hecho que genera las estaciones terrestres. El cambio de posición del eje de la Tierra generaría una nueva distribución de las masas de agua en el planeta, lo que haría que el Atlántico casi se vaciara, se incrementara el nivel del mar del Pacífico, y se fundiera el casquete polar ártico. En resumen, el proyecto era en realidad una operación de ingeniería a escala planetaria.
Sin embargo, las potencias del mundo ignoraban los auténticos planes de los artilleros de Baltimore. Se tejieron rumores en todas las naciones y los diarios más reconocidos expusieron diversas teorías. Al final, luego de muchas especulaciones, solo se presentan a la subasta los delegados de Holanda, Suecia, Dinamarca, Rusia e Inglaterra. El comandante Donellan fue el mejor competidor en la adquisición, en nombre de Gran Bretaña, que había dado a su representante una cuantiosa suma para anexar a sus posesiones las alejadas tierras del Polo Norte. Pero la subasta es ganada por la North Polar Practical Association, en nombre del gobierno de Estados Unidos. No obstante, la sociedad americana tarda en hacer públicos sus propósitos. Y es que para poder explotar de manera rentable los yacimientos de carbón bajo los hielos del casquete, tienen que llevar el Polo Norte al límite del casquete polar, con el fin de que los hielos se fundan por sí solos y no sea necesario perforarlos.

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a) La inquietante subasta pública efectuada en Baltimore, convoca abiertamente a todos los países que crean tener derechos sobre estas tierras. b) Tras muchas especulaciones por conocer los verdaderos motivos de adquirir el Polo Norte, al final acuden, además de Estados Unidos, representado por la North Polar Practical Association, los delegados de Holanda, Suecia, Dinamarca, Rusia y Gran Bretaña.

    Tras la adquisición y el pago correspondiente, se descubre por fin que tras el nombre de la North Polar Practical Association, se esconden en realidad los miembros del Gun-Club, un grupo formado por artilleros estadounidenses retirados, cuya presidencia la sigue ostentando Impey Barbicane, el mismo quien veinte años atrás, junto al capitán Nicholl, Michel Ardan y J. T. Maston, lanzaron con éxito, desde Florida, un proyectil a la Luna. Era precisamente J. T. Maston, el mismo matemático que ahora había planificado, luego de complejos y enrevesados cálculos, los detalles técnicos que harían posible enderezar el eje de la Tierra.
En la época que lanzaron el proyectil a la Luna, los antiguos militares del Gun-Club fueron capaces de obtener por suscripción pública, la importante suma de cinco millones y medio de dólares, siendo apoyados por los países del mundo, solo para realizar desinteresadamente un reto técnico que no aportaba ninguna utilidad práctica. Pero luego de veinte años, ahora los artilleros quieren hacer un reto técnico comparable, pero con la finalidad de enriquecerse, sin importarle las consecuencias de su inconsciente acto, siendo financiados principalmente por la gran fortuna de la señora Scorbitt y otros hombres de negocios.
Según los cálculos hechos por J. T. Maston, este cambio climático puede conseguirse por medio del lanzamiento de un enorme proyectil de hierro de 180 000 toneladas, impulsado por la detonación de un poderosísimo explosivo creado por el capitán Nicholl: la meli-melonita. El formidable disparo debía efectuarse en el Kilimanjaro, un monte de África ubicado a 3º N y que tiene unos 5 900 m de alto, perforando en su base un túnel horizontal de 600 m de largo y 27 m de diámetro, que reemplazaría al monstruoso cañón de hierro, el cual sería imposible de construir debido a sus descomunales dimensiones.

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a) Las autoridades de Estados Unidos, tras informarse de las reales intenciones de la compra del Polo Norte, deciden acusar formalmente a J. T. Maston y entablarle un juicio. b) La noticia se propagó como un rayo por las diversas redacciones de los diarios del mundo, causando el pánico entre los habitantes de la Tierra por el temor a la catástrofe.

    La energía cinética producida por el disparo efectuado a 2 800 km/s, generaría una acción de retroceso lo suficientemente grande para enderezar el eje de la Tierra. Así, las regiones polares dejarían de ser heladas y se harían practicables a la explotación minera. Y aunque el proyecto significa una catástrofe mundial, pues se acabarían las estaciones del año, unas regiones quedarían invadidas por las aguas, mientras que otras serían trasladadas a los nuevos Polos, ninguna de estas tragedias preocupa en absoluto a los obstinados y codiciosos artilleros, que ya han enviado en secreto una expedición al punto de lanzamiento, dirigida por Barbicane y Nicholl.
Para suerte de los artilleros americanos, el sultán local resultó ser gran admirador de los temerarios aventureros espaciales. Así que, recibiendo una buena cantidad de dinero, le pone a disposición de la expedición, unos diez mil negros para perforar el gigantesco cañón en las laderas del Kilimanjaro, para fabricar el terrible explosivo, así como para fundir el monstruoso proyectil. Pero una vez enterado el mundo entero de la noticia, a través del comunicado que envió el cónsul de Estados Unidos en Zanzíbar al gobierno norteamericano, en el que pone al descubierto los planes de los desquiciados yanquis, todos los países se levantaron en pie de lucha para impedir aquel descabellado lanzamiento y evitar la catástrofe.
Ante la presión ejercida por la opinión pública, y conociendo las verdaderas motivaciones de los miembros de la North Polar Practical Association, el propio gobierno de Estados Unidos decide formular una acusación formal contra J. T. Maston y llevarlo a los tribunales. A tal efecto, las autoridades ordenan detenerlo, siendo él, uno de los artilleros que no viajó al Kilimanjaro, y quien además, es el único en conocer el secreto del lugar del lanzamiento.

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a) La orden de captura de J. T. Maston es llevada a cabo por la policía, pero al ingresar a su hogar, los efectivos no encontraron al secretario del Gun-Club. b) Tras una ardua búsqueda, el prófugo finalmente es prendido. Pero el viejo artillero no develará el secreto de la ubicación de sus compañeros. Preferirá morir antes de delatarlos.

    La millonaria señora Scorbitt también es presionada para que convenza a J. T. Maston a declarar, pero todo intento es inútil, pues el célebre secretario del Gun-Club prefiere tragarse los papeles con los apuntes de sus cálculos de alta mecánica, y hasta es capaz de ofrendar su misma vida, antes que traicionar a sus compañeros de armas. Sin embargo, luego de diversas aventuras propias de un proyecto de semejante magnitud en las faldas del monte Kilimanjaro, los artilleros finalmente lanzan su proyectil el día señalado.
Pero afortunadamente para la humanidad, no ocurre ninguna de las desgracias previstas, pues había un error en los cálculos de J. T. Maston, y los Polos de la Tierra se desplazan solo tres micras. Este increíble error del secretario del Gun-Club hace que la potencia del cañón no alcance los niveles deseados y nada cambie en la Tierra, llevando este resultado al fracaso de la empresa y cubriendo de ridículo a los impulsores del enloquecido plan geofísico. La explicación técnica de la equivocación en los cálculos apareció publicada en el diario francés Le Temps, la cual estaba firmada por el ingeniero francés Alcide Pierdeux, quien siempre estuvo al pendiente del desarrollo del proyecto norteamericano y de las nefastas consecuencias que habrían de producirse si este se concretarse, llegando a viajar a Estados Unidos con el fin de averiguar los funestos planes de los artilleros de Baltimore.
El artículo en cuestión expuesto por Pierdeux, explicaba que en realidad, los cálculos de J. T. Maston descansaban sobre datos exactos, y que estos hubieran producido los resultados que deseaban, si a consecuencia de una distracción inexplicable, no hubiesen padecido de error desde un principio. El error de J. T. Maston fue al momento de tomar por base de la circunferencia del esferoide terrestre, el valor de 40 000 m, en vez de los 40 000 km que ésta realmente tiene, lo cual ha falseado la solución del problema de alta mecánica.

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a) El sultán Bali-Bali, en Tanzania, le brinda una gran acogida a los antiguos viajeros del espacio, a quienes admiraba. A cambio de una buena cantidad de dinero, puso a su disposición, en las laderas del monte Kilimanjaro, a miles de indígenas negros como mano de obra para su demencial proyecto. b) El proyectil finalmente fue disparado el día previsto. Pero a consecuencia de un error en los cálculos de J. T. Maston, el resultado pronosticado no se produjo. La Tierra solo giró tres micras, en vez de los miles de kilómetros que se esperaban.

    El olvido en los cálculos de J. T. Maston, con respecto a los tres ceros equivalentes para transformar el perímetro de la Tierra de kilómetros a metros, condujo luego a un error de los cálculos del volumen y la masa del planeta, con una diferencia de doce ceros en el resultado final. El cañón necesario para conseguir el objetivo no debía ser entonces un millón de veces mayor que el cañón de 27 cm de la marina francesa, modelo en que estaba basado el diseño, sino un trillón de veces mayor, lanzando un trillón de proyectiles de 180 000 toneladas para enderezar el eje de la Tierra en 23º 27’, asumiendo que la meli-melonita tuviera la potencia expansiva que le atribuía el capitán Nicholl.
En suma, el disparo efectuado en el Kilimanjaro no movió el Polo más que en tres micras, un resultado inapreciable, en vez de los miles de kilómetros deseados por los artilleros. En lo referente al proyectil, retenido por la atracción solar, quedó convertido en un nuevo pequeño planeta de nuestro sistema. Con estas conclusiones, J. T. Maston corrigió sus cuentas y pudo comprobar que el tamaño y potencia apropiados para que un cañón logre el efecto deseado, estaba fuera de las posibilidades tecnológicas y materiales del Gun-Club.
Pero ¿cuál había sido la causa del error de J. T. Maston? Su terrible descuido se produjo a causa de las llamadas telefónicas que le efectuó la señora Scorbitt, durante una noche en que se producía una inclemente tempestad. En aquellos momentos, mientras J. T. Maston hacía sus cálculos, una de las llamadas provocó que la corriente producida por un rayo pase por el hilo telefónico a través de su gancho de hierro, provocando una descarga que lo sacudió y derribó al suelo con violencia, haciendo caer también la pizarra donde hacía sus cálculos. Fue allí, en aquel preciso instante que olvidó los tres ceros para pasar de kilómetros a metros.

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a) La humillación por el fracaso de la empresa promovida por la North Polar Practical Association, afectó mucho a J. T. Maston, quien habiendo sido ridiculizado, prometió no dedicarse más a la matemática. b) Olvidando la desgracia en que había caído como científico, alivió sus penas al lado del único ser que se mantuvo a su lado en todas las penurias y adversidades: la señora Evangelina Scorbitt. Por ello, le propuso matrimonio, llamándose desde ese momento la señora de J. T. Maston.

    Demás está decir que tanto Barbicane, como el capitán Nicholl, y los demás miembros del Gun-Club, jamás lo perdonarían. No obstante, y a pesar de que la señora Scorbitt había sido, sin proponérselo, la responsable de su humillación como científico, era consciente de que era el único ser que podía aún quererlo y apreciarlo. Y fue así que el viejo matemático convirtió a la señora Evangelina Scorbitt, en la señora de J. T. Maston. Y en cuanto a Alcide Pierdeux, se convirtió en una celebridad, luego de explicar al mundo, a través de los diferentes medios de comunicación, el motivo por el cual el funesto proyecto de la North Polar Practical Association fracasara. Por esta razón, el padre de la joven a quien había solicitado la mano en Francia, le aceptó en esta ocasión su pedido para casarse con ella.
Y ahora la humanidad puede permanecer en calma, porque Barbicane, el capitán Nicholl y J. T. Maston, no volverán a intentar su empresa tan lastimosamente abortada. Los habitantes de la Tierra pueden dormir tranquilos, porque modificar las condiciones en que se mueve nuestro planeta, es obra superior a los esfuerzos permitidos por el hombre, ya que no corresponde a los seres humanos cambiar en nada el orden establecido por el Creador en el sistema del Universo.

Bibliografía

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(Lima, Perú, 1977). Vice-presidente de la Sociedad Hispánica Jules Verne. Ingeniero Industrial. Docente pre-universitario de Matemática. Desde 2004 es propietario y administrador del sitio web "Julio Verne, el más desconocido de los hombres". Es uno de los vernianos más activos en Latinoamérica. Ha escrito artículos sobre el autor que ha publicado en su sitio. También ha traducido al castellano varios textos inéditos del novelista francés.

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