El romántico rayo verde

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Una antigua leyenda escocesa

    «¿Ha presenciado alguna vez la puesta del Sol en el mar? (…) Pero, ¿se dio cuenta de un fenómeno que ocurre en el momento en que el astro radiante lanza su último rayo cuando el cielo está completamente despejado y transparente? Puede que no. Pues, no pierda la ocasión de presenciar este fenómeno. Sus ojos percibirán, no un rayo rojo, sino un maravilloso rayo verde, de un color, que no hay pintor que pueda reproducirlo en su paleta, y que la propia Naturaleza no ha repetido ni en los diversos tonos de las plantas, ni en el color más transparente de los mares. Si existe el verde en el paraíso, no puede ser mas que este verde, que es sin duda, el verdadero verde de la esperanza.»
Este artículo publicado en un periódico inglés cautivó de tal forma a la joven protagonista de la novela El rayo verde, que resolvió emprender una serie de viajes con el único fin de apreciar en persona el mítico rayo. El propio autor menciona que se trataba de una antigua e inexplicada tradición, según la cual aquel que tuviera la fortuna de contemplar el rayo, podría ver con claridad en su corazón y en el de los demás. Su leyenda cuenta que dos personas que lo observen juntas, quedan automáticamente enamoradas la una de la otra, representando el instante mágico en que dos seres descubren el amor a la vez.

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Muchos creen que es una leyenda, otros piensan que existe pero que su causa es desconocida, unos pocos cuentan con orgullo que lo han visto. Se trata del rayo verde, un fenómeno atmosférico real hoy en día bien comprendido. Sobre este mito y con el mismo título, «El rayo verde», Julio Verne escribió un libro y Eric Rohmer dirigió una película. Fotografía de Jorcat

  Sin embargo, este enigmático rayo verde no es una simple historia legendaria, es un fenómeno real que puede ser admirado por todo aficionado a la Naturaleza que lo busque con paciencia, pues se produce bajo ciertas condiciones climáticas, en el momento que el Sol emite sus últimos rayos en el horizonte y cuando la atmósfera se encuentra totalmente limpia. Es un efecto que rara vez puede observarse y dura apenas unos segundos.
La explicación científica del fenómeno tiene por supuesto menos de literatura y nada de leyenda. Se funda en la refracción atmosférica y en la siguiente dispersión de la luz. La mayor cantidad de atmósfera que atraviesa la luz en el ocaso y en el amanecer actúan como un prisma que la descompone en el espectro de colores del arco iris. Estos colores desaparecen detrás del horizonte uno por uno, empezando por el extremo rojo, siguiendo el anaranjado, el amarillo y finalmente el verde, que es el último que se ve en forma de destello, puesto que los azules y violetas son con frecuencia difuminados en la atmósfera confundiéndose con el color del cielo.
En la novela, el geólogo Aristobulus Ursiclos incluye otra explicación: «Si ese rayo que lanza el Sol en el momento en que el borde superior de su disco roza la línea del horizonte, es verde, quizá sea porque al atravesar la delgada capa de agua se impregna de su color. ¡Y si el verde no sucede naturalmente al rojo del disco que ha desaparecido de pronto, es porque nuestro ojo ha conservado la impresión, ya que en óptica el verde es un color complementario!»
Más allá de las descripciones hechas por el escritor en este relato publicado en 1882, lo curioso es que Julio Verne ya había hecho alusión al rayo verde unos años antes en 1877, en Las Indias negras, otro de sus libros ambientados en Escocia: «El primer rayo de luz solar hirió, al fin, los ojos de la joven. Era ese rayo verde que, cuando el horizonte está limpio de brumas, brota del mar a la salida y la puesta del Sol».

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La Física del rayo verde. Al ocultarse el Sol en un cielo despejado, los rayos rojo, naranja y amarillo desaparecen bajo el horizonte, el azul se dispersa en el cielo y el verde se observa en forma de destello

    Pero el novelista no olvidará este fenómeno atmosférico, pues seguirá incluyéndolo en trabajos posteriores. En Las maravillosas aventuras del maestro Antífer, libro de 1894, lo describe con este énfasis: «Las últimas ondas, semejantes a líneas de fuego, temblaban bajo la brisa. Luego, este resplandor se apagó de repente cuando la parte superior del disco, rasgando la línea de agua, lanzó su rayo verde.» Y, en El faro del fin del mundo, obra póstuma modificada por su hijo Michel y publicada en 1905, añade también: «Era tal la tersura de la línea entre el cielo y el agua, que un rayo verde atravesó el espacio en el momento en que el disco solar desaparecía en el horizonte.»
El rayo verde era ignorado por el público, y fue Julio Verne quien reveló la existencia del fenómeno a sus coetáneos. Cabe destacar que a partir de la publicación de la novela, la bibliografía con respecto al tema se fue haciendo extensa, siendo hoy conocidas todas sus características, gracias a la difusión generada por el bretón a través de su obra, amén de haber popularizado la leyenda.
En la actualidad, el misterio de la naturaleza del rayo ha sido ya despejado, sin embargo, otro misterio subsiste aún: ¿De dónde tomó Verne la idea? El autor no revela cuál fue su fuente literaria, ya que se limita a presentar al prodigioso haz por medio de un artículo ficticio del Morning Post. Lo insólito es que el rayo verde no es citado en las grandes obras de divulgación científica que pudo consultar, aunque es probable que lo haya conocido en la primera mención documentada del fenómeno escrita en 1873 por David Winstanley; no obstante, debemos recordar que el autor no leía en inglés, lo que lleva a pensar que Verne debió encontrarlo en una de sus innumerables notas de lectura aún desconocida, o una de sus aventuras marítimas.

El viaje de inspiración

    El debate en torno a la fuente del relato sigue en pie entre los investigadores de la vida y obra de Verne. Si deseamos desvelar el misterio, tendríamos que recurrir al propio autor para conocer si éste nos dejó algún indicio. Parece ser que sí, pues en una entrevista al periodista Gordon Jones en 1904, Verne le responde luego que éste le preguntase si visitó Escocia: «Sí, tuve una gira muy agradable en Escocia y entre otras excursiones visité un lugar conocido como Fingal’s Cave, en la isla de Staffa. Esta inmensa caverna, con sus sombras misteriosas, sus grandes cámaras oscuras y cubiertas de hierba y sus maravillosos pilares basálticos me produjeron tal impresión, al extremo de que ese fue el origen de mi libro El rayo verde

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Vista exterior de la gruta de Fingal en la isla de Staffa. La ilustración del libro de Verne confirma que el viaje a Escocia en 1879 fue su inspiración para escribir El rayo verde

    El autor se refiere al crucero que realizó entre 1879 y 1880 a Inglaterra, Escocia, Irlanda y Noruega, a bordo de su barco, el Saint Michel III. Su correspondencia personal nos explica de los preparativos de aquella expedición: «En cualquier caso, no creo que este año pueda usar el barco antes del 15 de junio, o quizá, incluso, del 1 de julio, pues estoy esperando a que regrese mi hijo de la India, y no llegará antes de los primeros días de junio.»
Aquel año de 1879, Verne deseaba embarcarse rumbo al norte en busca de un clima que le atraía más que el del Mediterráneo y de los paisajes que lo hechizaron en su juventud: Inglaterra, Escocia y las Hébridas. Cuando al fin retornó de la India el rebelde Michel, tras dieciocho largos meses de castigo en un barco, otro viaje por mar es lo que le esperaba, pero ahora en familia. La tripulación la completaba Gastón, el mayor de los cuatro hijos de Paul, hermano de Julio. Este joven, que le llevaba un año a Michel, es el sobrino que le disparará en la pierna pocos años más tarde.
Sin dudas, los recuerdos de aquel periplo le sirvieron de inspiración para escribir su novela, más aún cuando la ruta seguida por Verne a través de los Highlands escoceses es la misma que efectuaron sus personajes, recorriendo la costa oeste desde el estuario del Clyde hasta Oban, Mull, Iona y Staffa; es allí que presencia la belleza de la gruta de Fingal, a la que cita durante la entrevista a Gordon Jones.
Ian Thompson y Philippe Valetoux, reconocidos estudiosos de la vida de Verne, han concluido, luego de revisar las notas de la excursión, que el escritor francés no presenció el rayo verde en aquel viaje, debido a que no menciona el suceso. Sin embargo, nos deja un breve rastro en los apuntes de otro paseo, pero esta vez a Dinamarca en 1881: «Navegaba en la profundidad del mar sobre un inmenso campo verde. Rodeado del color del rayo verde pude avistar Copenhague.»

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Vista actual de la gruta de Clam Shell o Concha de almeja en la isla de Staffa. A la derecha, de acuerdo a la ilustración de Léon Benett, el mismo lugar, desde donde los personajes de Verne, en su cima, observan el rayo verde

Esta alusión implícita reafirma que Verne conocía el nivel de intensidad del color asociado al fenómeno. Sólo resta aceptar que el escritor galo debió ver el destello en alguno de sus viajes, aunque hasta hoy no se sepa con certeza en cuál de ellos. En lo que respecta a la leyenda, Ian Thompson aduce que fue inventada por el editor Jules Hetzel para hacer más atractivo el argumento de la obra, en tanto que Valetoux todavía investiga si Verne recogió el mito en alguna localidad, para luego conectar la tradición con el viaje y convertirlo en el mejor de sus escasos relatos románticos.

Características y estructura de la obra

    El rayo verde fue publicado por entregas en Le Temps del 17 de mayo al 23 de junio de 1882. En julio aparece en formato de libro junto al relato corto Diez horas de caza, y en octubre la edición ilustrada por Léon Benett. Escrita en 1881, esta novela aborda un tema inusual en Julio Verne: el amor. Ese año había zarpado con destino a Rotterdam y a las costas alemanas. Puede suponerse que redactó El rayo verde mientras viajaba con rumbo nórdico, lo que resulta posible dada la estructura episódica del libro.
Para crear el telón de fondo, Julio Verne recurrió a sus antiguas notas y a los recuerdos de Escocia, mostrando especial interés en depurar su estilo, teniendo en cuenta que la obra era de corte romántico: «La protagonista -le explica al editor- debe ser joven pero muy original, y excéntrica sin faltar al decoro; el libro entero tiene que resultar muy fino.»
Ningún lector podrá negarle finura a la novela, ya que tenía además, el número ideal de páginas para que un diario lo publicase por entregas. Cuando Hetzel tuvo en su poder el manuscrito, no encontró nada que retocar: «Me lo he leído de cabo a rabo -le escribe a su autor en febrero de 1882-, y de todos los libros que ha escrito usted, puede que sea éste el que da, en conjunto y a la primera, todo cuanto de él se podía esperar.» Resulta extraño que el eterno crítico de sus trabajos le apruebe con total indulgencia este relato: «Es una preciosa obra literaria, muy dulce, sencilla y fina, que gustará más a los lectores de calidad que a los de cantidad.» ¿Acaso los achaques de la vejez y de las enfermedades habían amansado a Hetzel?

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En 1879 Verne realizó un viaje a Escocia que lo inspiró a escribir El rayo verde. Al lado, Hetzel retratado aquel año. El editor, en un caso excepcional, no le realizaría ninguna corrección al manuscrito original de la novela romántica de su autor

    El argumento cuenta la difícil búsqueda de un bello fenómeno óptico que aparece en las puestas de Sol, y que tiene la virtud de colmar de felicidad y de suerte al afortunado que pueda observarlo. Los protagonistas procuran apreciar el mágico rayo verde recorriendo parajes de Escocia que son poco favorables para su observación a causa de las brumas. Tras una serie de tentativas fracasadas, el fenómeno se presentará, pero por cosas del destino, al final de la historia, la joven protagonista no logra observar el destello, aunque sí hallará el amor de su vida, cumpliéndose de este modo su anhelo.
Además de servir como guía turística de las islas escocesas, la novela delinea también el antagonismo entre la ciencia encarnada por el sabelotodo Aristobulus Ursiclus (cuyo nombre aparenta un anagrama), y el humanismo representado en el poeta Olivier Sinclair, por el que Julio Verne fija su preferencia; posición explicable dada la personalidad del sabio, que es un sujeto extraño, antipático por su sequedad de corazón y su inteligencia puramente mecánica, valores totalmente alejados de las bondades filosóficas de los científicos de su primera etapa literaria.
Aristobulus es descrito también bajo los rasgos alquimistas relacionados con la posesión del deseado elixir de la vida, pues en palabras del autor, «se trataba de un personaje de veintiocho años, quien nunca había sido joven y que, posiblemente, jamás sería viejo.», simbolismo que recuerda al inglés Phileas Fogg, «un Byron impasible que hubiera vivido mil años sin envejecer.» Otros protagonistas de peculiar perfil psicológico son los hermanos Melvill, Sam y Sib, quienes al decidir ser tutores de Elena, «habían permanecido solteros sin ningún pesar», y que incluso, parecen representar a un ente andrógino: «el mayor se convirtió en el padre de la niña y el menor en su madre (…) aquellos dos seres formaban uno solo.»
El rayo verde no se incluye en el grupo clásico de las «novelas visionarias» que se le atribuyen a Verne; es considerada sólo como una novela de viajes y aventuras sostenida en una antigua leyenda romántica. Quizá esta esquematización no sea del todo precisa, ya que en boca de Olivier Sinclair, hallamos lo que él denomina irónicamente una sabia meditación acerca de «la influencia de los instrumentos de viento en la formación de las tempestades.» ¿Habría intuido Julio Verne que en 1963, Edward Lorenz diría su famosa frase, al tratar de predecir el clima a través de ecuaciones: «el aleteo de una mariposa en Hong Kong puede desatar una tormenta en Nueva York»? En otras palabras, ¿habría predicho la teoría del caos conocida como el «efecto mariposa»? El debate está abierto para los especialistas en meteorología.

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Edward Lorenz descubrió en 1963 que mínimas diferencias en un sistema dinámico como la atmósfera puede provocar cambios enormes en el clima. A su teoría del caos la llamó «Efecto Mariposa.» Todo indica que Verne predijo el resultado de sus estudios cuando uno de sus personajes habla de la influencia de los instrumentos de viento en la formación de tempestades

    En cuanto al estilo narrativo, es notorio que El rayo verde fue escrito a la manera de Charles Dickens, a quien calificó en una entrevista como el maestro de todos los autores ingleses, y que eclipsaba a todos los otros por su increíble fuerza y justeza de expresión. Estas sugerentes palabras demuestran que Verne no se ocultaba a sí mismo que tomaba de otros colegas lo que le convenía y que no desdeñaba las imitaciones.
Finalmente, queda claro que luego del análisis realizado, quedan todavía preguntas por resolver acerca del origen literario del rayo verde, y hasta que termine de desvelarse el misterio, debemos recordar que «el verde es el color de la esperanza».

Personajes

  1. Samuel y Sebastián Melvill. Los hermanos Sam y Sib son dueños de una finca en la aldea de Helensburg, Glasgow. Se hacen cargo de la educación de su sobrina cuando ésta queda huérfana de niña. Cuando cumple la mayoría de edad, buscan casarla y para ello financian una expedición en busca del rayo verde.

  2. Miss Elena Campbell, 18 años. De cabellos rubios y ojos azules, no aparentaba opulencia a pesar de las riquezas que poseía por parte de sus tíos. Su caridad no tenía límites y el mayor de sus deseos era contemplar en persona el rayo verde.

  3. Olivier Sinclair, 26 años, oriundo de Edimburgo. Huérfano de padre y madre, fue educado por su tío. Pintor distinguido y a ratos poeta. Se une a la excursión de la familia Melvill y en el camino se enamora de la bella Elena Campbell.

  4. Aristobulus Ursiclos, 28 años, procedente de Dumfries, Bajo Escocia. Experto en Química, Física, Astronomía y Matemáticas, gustaba en dar explicación a todo fenómeno natural, aunque de trato es pedante y excéntrico. Es el preferido de los hermanos Melvill quienes anhelan casarlo con su sobrina.

  5. Elisabeth o señora Bess, 47 años. Ama de llaves de la casa, hacendosa y formal, llevaba todo el peso de los quehaceres domésticos. Forma parte del viaje a través de los Highlands escoceses.

  6. Partridge, servidor completamente fiel a los hermanos Melvill. Vestía siempre con el traje tradicional de los montañeses. Es el guardián de la casa y acompaña a sus amos durante el periplo que emprenden por las peligrosas costas de Escocia.

  7. Maese Mac-Fyne, propietario del Caledonian Hotel en la ciudad de Oban. Es él quien recomienda a sus huéspedes visitar la isla de Seil desde donde podrían ver posiblemente el rayo verde.

  8. Patrick Oldimer, tío y educador de Olivier Sinclair. Uno de los cuatro byles de la administración municipal de Edimburgo. Años atrás había mantenido vínculos de amistad con los hermanos Melvill.

  9. John Olduck. Capitán de la Clorinda, yate en que viajarán los expedicionarios en la última parte de su recorrido hasta que logran observar el rayo verde.

Portadas de ediciones francesas

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Portadas de ediciones castellanas

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El argumento

    Elena Campbell es una huérfana al cuidado de los hermanos Melvill, escoceses de los Highlands que dividen su residencia entre la lujosa finca que habitan cerca de la aldea de Helensburg y un antiguo hotel de West George Street en Glasgow. Cumplidos los dieciocho años de la virtuosa joven, Sam y Sib, sus tíos solterones, planifican casarla y le proponen a Aristobulos Ursiclus como pretendiente. Lamentablemente para ella, este joven científico resulta ser un tipo ridículo y extravagante.

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a) Miss Elena Campbell, la joven protagonista de la novela El rayo verde b) Los hermanos Melvill junto a Aristobulus Ursiclus, su candidato a la mano de Elena

    Pero miss Campbell les dice que no piensa contraer matrimonio hasta que pueda ella contemplar el rayo verde, aquel legendario fenómeno atmosférico que puede observarse a veces, al crepúsculo, en el horizonte del mar. Esta sorpresiva respuesta de la joven se sustenta en la lectura que había hecho en el diario Morning Post, donde se hacía referencia a una vieja leyenda según la cual quien tuviera la dicha de ver aquel destello, no podría equivocarse jamás en cuestión de sentimientos y amor. La visión del rayo verde tendría la virtud de ayudar a esa persona a destruir las ilusiones y las mentiras, y le ayudaría a ver con total claridad en su corazón y en el de los demás. Por tanto, esa era su condición: ¡jamás se casaría si no observaba personalmente el famoso rayo!
A fin de complacer a Elena, los hermanos Melvill organizan el viaje a algún punto del océano Atlántico donde la visión de la puesta de Sol no les ofreciera dificultades para la deseada observación de aquel fenómeno óptico; pues como se sabe, sólo aparece en el instante en que el astro radiante lanza su último rayo al desaparecer rozando la línea de agua del horizonte marino, siempre que el cielo esté limpio de nubes.
En consecuencia, ellos se embarcan a través de la costa oeste de Escocia, desafiando tormentosos parajes repletos de calas, radas, cabos, islas, cielos nublados y de escollos que les dificultan ubicar el lugar adecuado. Uno de los mayores peligros fue el enfrentarse al remolino marino Corryvrekan, cuya mala reputación, según Verne, podría competir con el siniestro Maelström de las costas de Noruega. Cuando ya lograban superar el peligro, el capitán del barco descubre que un bote abandonado luchaba por escapar del círculo de atracción del remolino.

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a) Todas las miradas se fijaron en aquel punto del golfo. En la embarcación se veían dos hombres que no podían gobernarla ni dirigirla b) Oliver hacía grandes señas a los de la lancha gritándoles que amainasen la vela. ¡Vanos esfuerzos!

    Gracias a los ruegos de miss Campbell, los ocupantes atrapados y destinados a una muerte segura logran ser socorridos. Se trataba de un viejo marino y el joven poeta y pintor Oliver Sinclair, procedente de Edimburgo, quien se enamora de Elena Campbell y se unirá posteriormente a ellos para ir en busca del rayo verde, mientras que los preocupados tíos se las ingenian para que su ridículo candidato a la mano de la joven esté presente en cada escala de la expedición.
En la ciudad de Oban, a donde arriban instalándose en el opulento Caledonian Hotel, se encuentran con Aristobulus Ursiclus, quien se une así al peregrinaje de los hermanos Melvill y su sobrina. Pero los viajeros desconocían que aquella localidad, a pesar de sus bellas playas turísticas, no tenía un horizonte de mar amplio como para contemplar el dichoso rayo. Deciden entonces ir hacia la isla de Seil, pero allí también fracasan, puesto que las nubes cubrían de bruma el horizonte.
De regreso a Oban, y tras una partida de croquet, Elena y Olivier se encuentran de forma providencial. De esta manera, el joven pintor los acompañará en la dura travesía que aún les depara, pues Olivier se sentía en deuda con su salvadora y debía de ayudarla a cristalizar su sueño. Con la esperanza de tener mejor suerte, todos juntos vuelven a la isla de Seil, y comprueban que esta vez el cielo estaba despejado, y en el momento culminante en que el Sol desaparecía en el horizonte, sorpresivamente se interpone una embarcación cuya vela interrumpe que el rayo llegue a los ojos de los espectadores.
Ya habían desperdiciado dos ocasiones favorables y Elena se mostraba cada día más impaciente sin que nada la consuele. Mientras tanto, Olivier ya era consciente que aquel imperturbable científico era además, por así decirlo, su rival de amores. Olivier propone el nuevo proyecto de dirigirse a la isla de Iona que reunía, según su criterio, las mejores condiciones atmosféricas. Pero sucesivos impases causados por el torpe científico seguirán desbaratando el ardiente deseo de la joven.
La nueva ruta elegida por los viajeros, sin la presencia de Aristobulus, es el islote de Staffa, una enorme roca aislada a la vista de Mull. Mientras que esperan hallar el clima adecuado, aprovechan para visitar y explorar las grutas de Fingal. Al día siguiente, Elena regresa a la cueva, pero sin que lo adviertan sus compañeros. Notada su ausencia, todos parten en busca de la extraviada que corre el riesgo de ahogarse, pues la elevación de la marea y el fuerte viento ha provocado que las olas lleguen con fuerza al interior.

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a) Miss Campbell, rendida y abandonada por las fuerzas, empezó a desfallecer. Oliver se había acurrucado con la joven en la parte más profunda de la concavidad b) ¡El rayo verde! exclamaron todos. Olivier y Elena fueron los únicos que no vieron el fenómeno, que al fin acababa de presentarse después de tantas observaciones infructuosas

    En un acto heroico, Olivier sube a uno de los botes de la Clorinda, el barco que los transporta, y se introduce en busca de la bella joven desafiando la borrasca. Finalmente la halla inconsciente y la rescata luego de reanimarla con ayuda de los demás. Si antes, ella lo había salvado, ahora él le devolvía el favor. A partir de entonces, sus corazones latirían siempre acompasados.
Una vez restablecida, Elena insiste en observar el rayo verde debido al buen tiempo que se presenta. Con esa intención, suben la escalera de la gruta de Clam Shell en Staffa. Una vez allí, se sientan en las rocas más altas ante un horizonte diáfano lo suficientemente amplio y a la espera de vislumbrar la pureza perfecta del ansiado rayo verde. Cuando todo se prestaba para la aparición del fenómeno y el destello irradia al fin su sublime coloración, todos los excursionistas aprecian el magnífico evento, con excepción de Elena y Olivier que no apartaban la mirada el uno del otro en su mutua contemplación.
Para ellos, el verdadero significado del rayo verde, el del amor sincero, había llegado a sus vidas. Ella lo halló en el rayo negro lanzado por los ojos de Olivier, y él en el destello azul escapado de los ojos de Elena. Días después, de regreso a Glasgow, ambos jóvenes se casan con la aprobación de los tíos Melvill, quienes finalmente lograron ver feliz a su sobrina, con esa dicha que la leyenda atribuía a la observación del rayo verde.

La película

    El rayo verde es el quinto de los seis títulos que componen el ciclo de Comedias y proverbios del cineasta francés Eric Rohmer. Fue estrenada en 1986 y debe su nombre, curiosamente, a la novela homónima de Verne (que se cita explícitamente en una secuencia del metraje), según la cual, aquel que observe el rayo verde antes de la puesta de Sol, comprenderá sus sentimientos y los de la gente que les rodea.

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El rayo verde es el título de una de las mejores películas del cineasta francés Eric Rohmer. Su argumento está basado en la búsqueda del fenómeno natural descrito en la novela de Verne

    La película parte de una breve anécdota, la de una mujer que se angustia por ver que no tiene a nadie con quien pasar las vacaciones, y que no sabe conversar y tratar con la gente, ni sumergirse en los asuntos cotidianos y mundanos, razón a la que se debe su forzada y sufrida soledad. Triste y vacía, decide viajar de una playa a otra, de París a la montaña, buscando su sitio intentando ver el rayo verde. En el camino conoce una amiga sueca que intenta animarla pero que sólo consigue acrecentar su sensación de soledad, hasta que su destino de repente da un giro inesperado.
El rayo verde es una de las mejores realizaciones de Rohmer, una película cálida y llena de matices sobre la incomunicación y la soledad en nuestra sociedad contemporánea. Lo mejor, es el final del atardecer hasta la aparición del enigmático rayo verde, esa última luminiscencia que desprende el Sol antes de ocultarse. Fue ganadora del León de Oro en el Festival de Venecia, y su título fue traducido al mercado anglosajón como Summer.
Otra recreación del rayo verde en el cine la podemos encontrar en la reciente película del 2007, Los piratas del Caribe 3. Pero a diferencia del filme de Rohmer que registra el rayo de forma natural, la cinta en que actúa el popular Johnny Depp, utiliza efectos de computadora para magnificar el fenómeno visual.

Bibliografía

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(Lima, Perú, 1977). Vice-presidente de la Sociedad Hispánica Jules Verne. Ingeniero Industrial. Docente pre-universitario de Matemática. Desde 2004 es propietario y administrador del sitio web "Julio Verne, el más desconocido de los hombres". Es uno de los vernianos más activos en Latinoamérica. Ha escrito artículos sobre el autor que ha publicado en su sitio. También ha traducido al castellano varios textos inéditos del novelista francés.

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