El inspector John Strock

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En la cima del monte Great-Eyry, en Carolina del Norte, Estados Unidos, una serie de extraños sucesos comienzan a inquietar tanto a pobladores como a autoridades, que obligan al jefe de policía norteamericano a iniciar una exhaustiva investigación.

Al frente de las averiguaciones está el mejor experto, el inspector John Strock, pero su trabajo se transforma ante la acumulación de numerosos informes provenientes de diversas regiones del país, en que se reporta la aparición de tres artefactos que parecen desafiar la tierra, el mar y el aire. Tiempo después, el policía es secuestrado por los tripulantes de aquella nave capaz de desplazarse a toda velocidad y allí descubre que quien dirige esas acciones es Robur, el genio inventor que años atrás había asombrado al mundo con El Albatros, su extraordinaria aeronave propulsada por hélices.

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Señor alcalde, en Washington se quiere saber qué es lo que tiene el monte Great-Eyry en su vientre y voy a averiguarlo

Pero ahora Robur regresa con un arma polivalente, El Espanto, un vehículo que es a la vez automóvil, barco, submarino, y hasta un avión que funciona con alas articuladas, desarrollando en cualquier medio de locomoción una velocidad asombrosa. Las ventajas que le otorga su invento convierten al ingeniero Robur en un megalómano, un individuo con delirios de poder y grandeza que lo llevan a autodenominarse “dueño del mundo”, no dudando en presumir con amenazar a la nación norteamericana e incluso al mundo entero si es necesario.

La posibilidad de obtener aquel artilugio mecánico y asegurar con ello la hegemonía militar, hace que el Gobierno de Estados Unidos le ofrezca a Robur comprar su invento. Pero la adquisición del vehículo se convierte en una cerrada competencia financiera por el interés de otras naciones de comprarlo también, y así el mundo resulta ser un mercado público, una bolsa universal, pues las ofertas de compra se enfrentan de país a país. Pero Robur rechaza todos aquellos ofrecimientos: “¡Esta invención no será francesa, ni alemana, ni austriaca, ni rusa, ni inglesa, ni tampoco americana! El aparato quedará de mi propiedad y haré de él el uso que me convenga. Con él tengo el poder sobre el mundo entero, no existe potencia humana que esté en las condiciones de resistirle.”

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La carta decía: “Inspector Strock, no se penetra en el Great-Eyry, y si se entra es para no volver a salir.”

En cuanto a John Strock, inspector principal de Washington, lanzado en persecución del trastornado inventor que se ha exiliado voluntariamente de la humanidad, se muestra ingenuo y pretencioso, porque le grita “en nombre de la ley” a Robur en el momento en que es su prisionero a bordo de El Espanto; sin embargo, recibirá la gloria por la derrota del ingeniero Robur, cuando en realidad no fue más que un juguete de las circunstancias que tuvo la suerte de que una tormenta eléctrica destruyera la máquina volante, a causa de la arrogancia del inventor, quien producto de su ambición desmedida, también morirá al desafiar imprudentemente a los elementos de la Naturaleza.

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(Lima, Perú, 1977). Vice-presidente de la Sociedad Hispánica Jules Verne. Ingeniero Industrial. Docente pre-universitario de Matemática. Desde 2004 es propietario y administrador del sitio web "Julio Verne, el más desconocido de los hombres". Es uno de los vernianos más activos en Latinoamérica. Ha escrito artículos sobre el autor que ha publicado en su sitio. También ha traducido al castellano varios textos inéditos del novelista francés.

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