El espejo de la imaginación: Verne y Poe

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El escritor norteamericano Edgar Allan Poe (1809-1849) fue uno de los escritores que más influyó en la literatura de Julio Verne, al punto que es el único autor al que Verne   dedicó un ensayo completo: “Edgar Allan       Poe y sus obras”, publicado en 1864

En los días agitados de la revolución de 1848, el poeta Charles Baudelaire realizó las primeras traducciones al francés de las obras de Edgar Allan Poe, cuya muerte se produciría al año siguiente en Baltimore. En concreto, se trató de Revelación mesmérica, un relato en el que un médico, tras lograr hipnotizar a su paciente, le interroga sobre la verdadera naturaleza de Dios y acerca de otros misterios del universo. Baudelaire calificaba la literatura de Poe como asombrosa, antes que emocionante.

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El poeta francés Charles Baudelaire (1821-1867) fue el primero en traducir al francés los libros de Edgar Allan Poe. Gracias a su trabajo de traducción, Julio Verne accede a   la literatura del escritor norteamericano

Dado el momento en que se produjeron aquellas primera traducciones, y otras posteriores, es perfectamente posible imaginar al joven Jules Verne leyendo la singular prosa de Poe, y, presumo, sintiéndose más seducido por ella de lo que tal vez luego accedería aceptar. Para empezar, El maestro Zacarías, publicado en el Musée des familles (números de abril y mayo de 1854) tiene aromas propios de los cuentos del insigne norteamericano. El relojero no dudará en entregar a su propia hija al demonio de los relojes con la esperanza de garantizarse la vida eterna, pero ningún hombre puede pretender equiparse a Dios, y acabará pagándolo con su vida.

No debe pensar el lector que esta primera comparación entre Verne y Poe es algo forzada, ni calificar de mera conjetura la posibilidad de que el autor de Cinco semanas en globo hubiera leído a Poe. Antes al contrario, es una realidad contrastada el interés que el francés mostró hacia la obra del norteamericano, como prueba el hecho de que publicara en el número de abril de 1864 de Musée des familles un artículo sobre Poe.

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El maestro Zacarías (1854) es uno de los  relatos de Julio Verne que se asemeja al           estilo literario de Edgar Allan Poe

En este insólito ensayo, Verne alababa la creatividad e imaginación de Poe: <<No pretendo explicarles a ustedes lo inexplicable, lo inasible, lo imposible, fruto de una imaginación que, en Poe, raya a veces con el delirio>> A pesar de ello, el francés no olvida la capacidad de deducción y análisis que exhibe Poe en algunos de sus cuentos (Los crímenes de la calle Morgue y La carta robada), en los que alcanza <<los últimos límites de la inteligencia>>.

No obstante, hay algo que siempre separará a Verne de Poe, y es la capacidad del primero de hacer sostener su imaginación sobre la base sólida de la ciencia y el cálculo, no permitiéndose construir del todo castillos en el aire, algo que sí hace Poe sin que le importe en absoluto. De este modo, mientras Verne se esmera hasta donde le es posible a la hora de documentarse y calcular los riesgos de una expedición a la Luna, Poe escribe La aventura sin par de un tal Hans Pfaall , en la que su protagonista viaja en globo a la Luna merced a una mezcla misteriosa – inexplicada e inexplicable- de gases. Lo que hace que Verne se lamente por ello: <<Ello me ha sorprendido siempre en Poe, pues, recurriendo a algunos inventos, habría podido hacer que su relato fuese más verosímil>>

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En la novela de Poe “La aventura sin par de un tal Hans Pfaall” su personaje viaja a la Luna en un globo aerostático. Verne  criticó la falta de ciencia en las obras         del célebre autor norteamericano

Obviamente, no podemos deducir en modo alguno que aquel relato de Poe sirviera como influencia a Verne para sus novelas sobre el viaje a la Luna, pero no lo considero descabellado. Igualmente, pudo haber tenido muy presente en la resolución de La vuelta al mundo en ochenta días el cuento de Poe titulado Tres domingos por semana, donde se plantea precisamente cómo es posible ganar un día, o perderlo, en función de si la vuelta al mundo se realiza en dirección este o en dirección oeste.

Esa relación entre Poe y Verne queda aún más en evidencia en La esfinge de los hielos, que bien pudiera considerarse la segunda parte de la historia que Poe tituló El relato de Arthur Gordon Pym, la única novela que el atormentado autor de El Cuervo publicó y que se sitúa entre los hielos que tanto sedujeron a Verne.

Pero si existe algo que hermana a ambos autores es el gusto por los enigmas, las claves numéricas y los acertijos, algo que Poe llevó a la excelencia en El escarabajo de oro y que Verne utilizaría en numerosas ocasiones en sus novelas. Las obras del francés se diseñan como un viaje de iniciación en el que los héroes deberán superar diferentes pruebas para, describiendo un círculo que habrá de conducirlos al origen, regresar transformados. Esos viajes de iniciación, a menudo, comienzan con un acertijo, una clave que descifrar. Encontramos magníficos ejemplos en Los hijos del capitán Grant y el mensaje escrito en tres idiomas introducido en una botella al cual la acción del mar ha borrado fragmentos que lo hacen ilegible. O la famosa clave cifrada a la que se enfrentarán los personajes de La Jangada, o el texto en caracteres rúnicos que se menciona en Viaje al centro de la tierra.

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    El relato de Poe “Aventuras de Arthur            Gordon Pym” (1838) tiene un final           inconcluso. Verne decidió explicar este  hecho escribiendo la continuación de este     libro. El resultado de su trabajo fue la       novela “La esfinge de los hielos” (1897)

Finalizaré este artículo haciendo mención a la muerte. La de Edgar Allan Poe siempre estuvo envuelta en la bruma del misterio, y alrededor de ella se han tejido toda suerte de hipótesis, se han argumentado libros y ha servido de pretexto para películas. En el caso de Verne, lo que ha suscitado debates es su insólito mausoleo en el cementerio de La Madelaine, en Amiens. Ese gigantesco hombre de mármol blanco que emerge de la tierra, que rompe con su espalda la losa sepulcral mientras se desliza sobre él el lienzo fúnebre, que alza su mano derecha al cielo sin que sepamos si lo hace desafiante o implorando piedad, ha hecho correr ríos de tinta. Sin ir más lejos, a mí me inspiró una novela: La tumba de Verne.

Hacia la inmortalidad y la eterna juventud.

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(Santander, España, 1962) Licenciado en Historia. Vive en Santillana del Mar (Cantabria). Ha sido asesor del Consejo de RTVE en Cantabria. Es autor de casi una veintena de libros sobre enigmas históricos, entre los que destacan Los Templarios y la palabra perdida, La vida secreta de Jesús de Nazaret o Felipe II y el secreto de El Escorial. Es, además, coautor de libros como Gótica (Ed. Aguilar) o Las claves del Código da Vinci. Además, ha ganado el III Premio Finis Terrae de Ensayo Histórico con su obra La España expulsada.

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