El Chancellor. Diario del pasajero J.R. Kazallon

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La balsa de la Medusa

    El 17 de junio de 1816, la fragata Medusa junto con otros barcos, partió de la isla de Aix rumbo a las costas de Dakar en Senegal, llevando consigo un grupo de colonos franceses. Durante el trayecto, después de una escala en Tenerife, la flotilla se dispersó por la acción de los vientos y la impericia de sus navegantes, un hecho que motivó el aislamiento de la fragata del resto de barcos del convoy. La Medusa había naufragado frente a las costas africanas, por lo que se decidió construir una balsa con sus maderos.
En el lapso de dos semanas, los supervivientes de la balsa fueron padeciendo todo tipo de calamidades, tormentas, oleaje, peleas a muerte, y sobre todo, el hambre, la sed y la fuerte exposición al Sol que los iba aniquilando poco a poco. La única solución fue también la más terrible, los cadáveres que cada día se iban sumando, empezaron a aprovecharse para alimento de los demás. De las ciento cincuenta personas que en un inicio se agolparon en la balsa, sobrevivieron solo quince, quienes fueron recogidos por el barco Argus.

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       La balsa de la Medusa. Pintura de Théodore Géricault

   El naufragio de la Medusa conmocionó la opinión pública francesa, dado el escándalo que supuso el abandono a su suerte de parte de la tripulación, por el egoísmo de la oficialidad aristocrática de la monarquía borbónica del rey Luis XVIII. La noticia caló también entre los intelectuales y artistas de la época, y fue la razón por la que el pintor Théodore Géricault se decidiera a realizar en el año 1819, La balsa de la Medusa, un famoso cuadro de casi cinco metros de alto y más de siete metros de ancho, el cual representa con gran realismo este suceso considerado como uno de los más espeluznantes en la historia de Francia.
Dada la predilección literaria de Verne por los ambientes marinos, no es de extrañarse que el escritor se inspirara en la historia real de la Medusa para escribir El Chancellor, más aún cuando el tema del naufragio ocupa un lugar significativo en su narrativa; obras como La isla misteriosa, Los hijos del capitán Grant y La esfinge de los hielos son un claro ejemplo de ello. El interés de Julio Verne por este relato se ve reflejado en una de sus cartas a su editor Jules Hetzel: «Le llevaré un volumen de un realismo espantoso, creo que la balsa de la Medusa no ha producido nada tan terrible.»
El tema del naufragio y el canibalismo había sido tratado también por Edgar Allan Poe en La narración de Arthur Gordon Pym, y, conociendo la admiración de Verne por el escritor norteamericano, es fácil comprender su influencia en El Chancellor, novela en la que uno de los supervivientes de un naufragio, con el estilo cortado propio de un diario, nos cuenta las torturas que deben padecer a bordo de una balsa perdida en el océano Atlántico.

Características y estructura de la obra

    El Chancellor fue publicada por entregas sucesivas en Le Temps del 14 de diciembre de 1874 al 24 de enero de 1875. En febrero de ese año aparece publicada como libro bajo el título de El Chancellor. Diario del pasajero J.R. Kazallon, junto con Martín Paz, uno de los cuentos de juventud del autor.
Para la redacción de esta novela escrita entre 1870 y 1874, Verne utiliza la técnica del diario, muy usual en la literatura del siglo XIX, pero caída en desuso en nuestros días. Es la misma que utiliza Poe en su Manuscrito hallado en una botella, relato que Verne usaría de referencia al escribir su novela. Esta técnica justifica que los hechos se transmitan al lector desde la óptica única de un solo personaje y contribuye a dotar de mayor verosimilitud a la narración.

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      Los náufragos echan suertes. Ilustración de El                   Chancellor. © mediateca.educa.madrid.org

    Julio Verne resalta en esta obra el tema del canibalismo con la intención de mostrarnos el enfrentamiento que puede producirse entre los valores morales y los instintos irracionales propios de una situación en la que se produce un conflicto de intereses, entre el instinto de supervivencia y las razones éticas, es decir, la lucha entre la carne y el espíritu, el dilema entre la civilización y la barbarie. Es quizá por esta razón que El Chancellor no sea una de sus novelas más conocidas, pues se encuentra entre las obras menos reeditadas del autor.
A pesar de la amenidad y el interés de la novela, El Chancellor no encaja en el prototipo predefinido de los Viajes Extraordinarios, ya que no es una novela científica, aunque los detalles científicos no estén ausentes; tampoco es un relato de anticipación y resulta difícil clasificarla como novela juvenil. Es sólo una novela de aventuras marinas que sobresale por su contenido ético, y que hoy en día ha sido injustamente olvidada.

Personajes

    Al inicio del funesto viaje, el Chancellor contaba con ocho pasajeros y veinte tripulantes, es decir, veintiocho personas a bordo, de las cuales sobrevivieron sólo once.

Pasajeros (8)

  1. J. R. Kazallon de Londres, autor de las notas del viaje.

  2. El señor Kear, 50 años, americano de Buffalo, es un hombre egoísta y vanidoso enriquecido con la explotación de pozos de petróleo. Dejando de lado a su esposa enferma, abandona el Chancellor en un bote salvavidas durante una de las noches del naufragio.

  3. La señora Kear, 45 años, muere a consecuencia del hambre y la sed.

  4. La señorita Herbey, inglesa, dama de compañía de la señora Kear, 20 años.

  5. El señor Letourneur, 55 años, francés de El Havre que padece grandes sufrimientos al auto culparse por la enfermedad natural de su hijo.

  6. André Letourneur, 20 años, lisiado de su pierna izquierda al nacer; ha viajado junto a su padre por muchos lugares de Europa y América.

  7. William Falsten, inglés, 45 años, ingeniero de Manchester que pasa la mayor parte de su tiempo absorto en cálculos mecánicos.

  8. John Ruby, comerciante inglés de Cardiff enriquecido por sus negocios en los que ha vendido siempre, mucho más caro de lo que ha comprado. Enloquece al saber que su mercancía se perderá en el incendio del Chancellor y muere arrojándose en las llamas que consumen el barco.

Tripulantes (20)

  1. John Silas Huntly, 50 años, escocés de Dundee. Capitán del Chancellor hasta que por su cobardía, decide entregar el mando al segundo del barco. Escapa junto al señor Kear y algunos marineros en un bote salvavidas.

  2. Robert Kurtis, 30 años. Siendo el segundo oficial del Chancellor, asume el mando que le entrega el capitán Huntly. Gracias a su carácter enérgico y bondad, los náufragos podrán organizarse y sobrellevar mejor sus penurias.

  3. Walter, 24 años. Teniente. Muere a causa de fiebre y una afección tuberculosa.

  4. El bosseman o contramaestre.

  5. Hobbart. Maestrasala.

  6. Daoulas. Carpintero.

  7. Jynxtrop. Cocinero negro.

  8. Otros marineros: Owen, Flaypol, Burke, Sandon, Austin, Wilson, O’Ready…

Portadas de ediciones francesas

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Portadas de ediciones castellanas

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El argumento

    Esta historia comienza el 27 de septiembre de 1869 cuando el Chancellor, un barco de vela, zarpa de Charleston en Carolina del Sur, con destino a Liverpool en Inglaterra, para emprender un viaje que no llegará a concluirse. El Chancellor transportaba una cuantiosa mercancía de algodón y su diseño estaba adaptado para el transporte de este material. La tripulación del barco la componían veinte hombres entre oficiales y marineros. La lista la completaban ocho pasajeros, entre los que se encuentra J. R. Kazallon de Londres, el autor de las notas del viaje.
A los pocos días de navegación, algunos pasajeros observan que el barco lleva una ruta inexplicable, pues navega en dirección sureste cuando debería viajar al noreste. A pesar de la inusual ruta efectuada por el capitán Huntly, nadie se atreve a reclamarle. Poco después, la carga de algodón que lleva el barco comienza a incendiarse, pero la falta de oxígeno en la bodega evita que el fuego se propague rápidamente, por lo que los pasajeros no logran advertir aún el peligro que corren.
Se intenta en un inicio sofocar el siniestro, regando a diario la cubierta del barco, y a su vez, cerrando todo agujero por donde ingrese el oxígeno a la bodega. Pero los esfuerzos son inútiles, y cuando la verdad se descubre, resulta ser más terrible de lo que se esperaba, ya que John Ruby, uno de los pasajeros, había introducido a bordo entre su equipaje, cierta cantidad de un material explosivo que permanecía en la bodega. Al saber la noticia, cunde el pánico entre la tripulación, hecho que ayuda a la propagación del fuego.

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          a) El Chancellor, barco inglés de tres palos a vela                             b) El comerciante John Ruby se arroja al fuego

    Al fin, las llamas llegan hasta la cubierta del barco, y el capitán Huntly, un hombre débil, abandona el mando de la nave. En estas circunstancias, el segundo, Robert Kurtis, asume el control del Chancellor. Pronto, el comerciante Ruby, presa de una locura al culparse del peligro en que había sometido a todos al transportar clandestinamente «picrato de potasa», se arroja ante el fuego que consume el barco. Es el primero en morir.
Con mucha suerte, el Chancellor encalla en un islote de origen volcánico similar al de la famosa gruta de Fingal en Escocia. Es en este arrecife no señalado en las cartas marinas, que los tripulantes consiguen apagar el incendio con la inundación parcial del barco. Más adelante, y luego de varios días de reparación, el Chancellor vuelve a navegar en busca de la tierra más cercana.
Después de unos días en alta mar, el barco comienza a llenarse de agua nuevamente y los sufridos ocupantes entran otra vez en desesperación; y antes que termine de hundirse, el capitán Huntly junto al señor Kear y tres marineros más «escapan» a bordo de la única ballenera disponible. Los veintidós ocupantes que quedan se ven obligados a construir una balsa y lanzarse a la aventura. Pero antes de emprender el viaje mueren la señora Kear y otros tres marineros. Serán entonces dieciocho los que deberán someterse al canibalismo una vez que las provisiones escaseen.

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           a) El tormento del hambre los lleva al canibalismo                           b) Navegan sobre agua dulce, ¡están salvados!

    Mucho tiempo pasan en la balsa; las pocas provisiones de las que disponen no tardan en acabarse. Sólo una lluvia celestial y algunas pescas milagrosas los salvan de la muerte. A bordo, todos se mueren de hambre, hasta el punto en que los marinos más salvajes se dedican al canibalismo. Soportan también terribles tempestades que acaban con la vida de otros marineros. La rebelión no tarda en manifestarse, pero el enérgico carácter de Robert Kurtis y sus hombres ponen fin al motín.
Muchos intentos fracasados de cazar algún tiburón sólo los lleva a malgastar energías. Grandes penurias más deberán soportar con el transcurso de los días. Ya se cuentan cuatro meses desde que partieron de Charleston, y sólo quedan once personas en la balsa a punto de echar suertes para decidir a quien devorar. Todo parece perdido, pero en la mañana del 27 de enero de 1870, Kazallon descubre que el agua del mar es dulce. No ven tierra, pero se encuentran cerca de la desembocadura del gran río Amazonas. ¡Están salvados!

Bibliografía

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(Lima, Perú, 1977). Vice-presidente de la Sociedad Hispánica Jules Verne. Ingeniero Industrial. Docente pre-universitario de Matemática. Desde 2004 es propietario y administrador del sitio web "Julio Verne, el más desconocido de los hombres". Es uno de los vernianos más activos en Latinoamérica. Ha escrito artículos sobre el autor que ha publicado en su sitio. También ha traducido al castellano varios textos inéditos del novelista francés.

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