El castillo de los Cárpatos

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La presunta amante de Verne

    En El castillo de los Cárpatos vemos a un Verne interesado en tratar de recuperar su apogeo de años anteriores, pues aunque sus novelas siguen apareciendo sucesivamente, la crítica se muestra indiferente y silenciosa. En 1889, el autor afirmaba que el libro ya estaba listo, pero aquella obra peculiar, tan diferente del corpus de sus relatos, no halló cabida en el Magasin hasta enero de 1892. «Le devuelvo las cuartillas de los Cárpatos» -le anuncia a su editor en marzo de ese año, al tiempo que le asegura que las ha leído minuciosamente-. «Me parece que no hay en ellas nada que pueda extrañar a los lectores del Magasin y he sido lo más reservado y comedido posible en torno a la relación entre el protagonista y la cantante.»
Es comprensible que al hijo de Hetzel le hubiesen desconcertado el tono y el argumento de la obra, y que le hubiesen parecido comercialmente arriesgados, pues el propio autor le dirá en otra misiva: «Me aflige ver que en todos los periódicos se habla hasta de libros sin el menor interés, aunque sea unas pocas líneas, y de los que publicamos nosotros, nada…El público no quiere los libros con los que yo contaba, Bombarnac, Cárpatos. ¡Es para desanimarse! Cierto es que no se puede estar siempre en boga, lo sé. Se lo digo, estoy desanimado y, sin embargo, no he terminado la obra de mi vida, no he terminado de pintar la Tierra.»
Quizás la poca acogida de la novela, se debió al hecho de los temas inusuales abordados por el autor. No era común en Verne crear un argumento basado en temas iniciáticos como la inmortalidad, por lo que se atribuye la elaboración de la novela a sus crisis de melancolía de aquellos años. Este afán de esconder su interioridad, lo refleja en su relato, en boca del Conde Franz de Télek, al decir: «Hay heridas que sólo se cierran con la muerte».
Una de estas «heridas» no cicatrizadas en el escritor, es según algunos de sus biógrafos, la dejada por el fallecimiento en diciembre de 1865, de una supuesta amante de veintinueve años. Estelle Hénin, oriunda de Asnières, la esposa separada de un notario de apellido Duchesne, es la dama que habría inspirado al autor, el seductor personaje de Stilla (nótese la similitud de ambos nombres), quien muere asimismo «en plena juventud», y que es la protagonista ausente de la novela y uno de los personajes más enigmáticos y atractivos de toda su obra.

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Probable retrato de Estelle Hénin, mujer que habría inspirado a Julio Verne el personaje de Stilla. Impresión original de un cliché de 1873 de Félix Tournachon, alias «Nadar» © Eric Weissenberg. «Jules Verne». Ed. Favre

    Estos estudiosos sostienen que el escritor precipitó la mudanza de su familia de París a Le Crotoy, en la lejana bahía del Somme en 1865, con la única intención de permanecer junto a Estelle durante su agonía. La cercanía de la capital, situada a una hora y media en tren, le permitía al escritor hacer rápidos viajes de ida y vuelta que no siempre hacían feliz a su esposa, y con justa razón, pues con el pretexto de que necesitaba visitar a Hetzel, se reunía con la supuesta amante con quien sostenía una apasionada relación secreta. El deceso de Estelle Duchesne d’Asnières habría producido en Verne una depresión de la cual nunca se recuperaría. De ahí el paralelismo entre el autor y su personaje, al no reconocer ambos la muerte de su amada.
En la actualidad, el nombre de Estelle ha recobrado fuerza en el mundo verniano, pues en el 2006, el Boletín de la Sociedad Jules Verne publicó una investigación, la cual revela que unos meses antes de su muerte, Estelle dio a luz una hija llamada Marie, quien veinte años después se casaría en 1886. Este hallazgo ha iniciado un nuevo debate acerca de la paternidad de Marie, pues como es de suponerse, ya hay muchos que sindican a Julio Verne como el padre de la joven.

Características y estructura de la obra

    El castillo de los Cárpatos fue publicada por entregas sucesivas en Magasin d’Education et de Récréation, del 1 de enero al 15 de diciembre de 1892, aunque terminó de ser escrita tres años antes en 1889. Es una de las novelas menos conocidas del autor, pues se trata de una obra fantástica y romántica, alejada un tanto de su conocida temática científica. Basada en tópicos frecuentes como leyendas, supersticiones, encantamientos y brujerías, algunos críticos la han catalogado como una de las mejores y más románticas historias «vampíricas» de la Literatura.
La novela se divide en dos partes sensiblemente parecidas; en el transcurso de los siete primeros capítulos se describe rápidamente la vida corriente de la aldea de Werst antes de empezar con la narración de la osada tentativa de Nic Deck y del Dr. Patak para penetrar en el castillo de los Cárpatos. A partir del octavo capítulo, un nuevo héroe, Franz de Télek, acompañado de su fiel criado Rotzko, renueva la aventura de Nic y se propone investigar los extraños fenómenos que ocurren en el castillo encantado para comprender su verdadero carácter y reducirlos a la realidad científica. La segunda parte del libro parece ser tan sólo la repetición de la primera aunque con un nivel de realidad diferente.
Sin embargo, la detallada explicación tecnológica que hace el autor, posiblemente merme el hechizo de la obra, pero había que adaptar el cuento gótico para convertirlo en un relato apropiado para las sencillas mentes de las familias que leían la publicación de Hetzel. Pero en las manos de Verne, incluso lo sobrenatural puede inspirar la forma de cosas futuras. Esta novela era lo más inverosímil que había creado. El señor del castillo está enamorado de un fantasma, una cantante de ópera, muy bella en vida e inolvidable en la muerte. A diferencia de los cuentos de misterio de su admirado Poe, Julio Verne le da a su relato un sorprendente giro, una solución que se basa en la ciencia más que en lo sobrenatural. La fantasmagórica cantante es tan sólo un holograma creado por una máquina a partir de su retrato, y su voz, un disco obtenido por aparatos fonográficos. Dadas estas características, suele afirmarse que El castillo de los Cárpatos predijo la primera película con una década de anticipación y la primera película sonora con cuarenta años.
Verne, a través de sus obras, no sólo resumía las maravillas de la vida moderna de su época, sino también la suya propia, y es en esta novela que plantea la pregunta: ¿Puede la tecnología resolver el problema de la muerte? Es evidente que se trata de una ilusión, pero el novelista francés juega con la idea de que la ciencia pueda devolver a los seres queridos muertos.

Personajes

  1. Stilla, 25 años. Cantante por quien rivalizarán Franz de Télek y el Barón de Gortz.

  2. Franz de Télek, 27 años. Conde de Krajowa, Estado de Rumania.

  3. Rotzko. Soldado rumano de 40 años al servicio de Franz de Télek.

  4. Rodolfo de Gortz, 55 años. Barón y propietario del castillo de los Cárpatos.

  5. Orfanik. Inventor tuerto y macilento al servicio del Barón de Gortz.

  6. Nic Deck, 25 años. Guardabosque.

  7. Patak, 45 años. Pequeño y gordo médico del pueblo.

  8. Koltz, 55 años. Juez de la aldea de Werst.

  9. Miriota, 20 años. Hija de maese Koltz y novia de Nic Deck.

  10. Jonás, 60 años. Propietario judío de la taberna del condado.

  11. Hermod, 50 años. Maestro de la escuela de la aldea. Creyente y divulgador de las antiguas leyendas de Transilvania entre los niños.

  12. Frik. Viejo comerciante judío de baratijas.

Portadas de ediciones francesas

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Portadas de ediciones castellanas

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El argumento

    El castillo de los Cárpatos comienza en el teatro de la ópera de San Carlo de Nápoles, en donde la Stilla, una bella y extraordinaria cantante, aclamada por el público y elogiada por la crítica, está dando su última presentación. En la novela, la deslumbrante Stilla cuenta con dos apasionados admiradores. Uno de ellos, el poderoso Barón Rodolfo de Gortz, es un enigmático y asiduo concurrente a sus presentaciones, con medios suficientes para seguir a la artista por todo el mundo, su única pasión, quien se acompaña del no menos misterioso Orfanik, un inventor tuerto y macilento que vive a expensas de su amo. El otro, Franz de Télek, un joven Conde proveniente de Rumania, que en un viaje por la ciudad de Nápoles, se enamora profundamente de la Stilla y le pide su mano en matrimonio.
Asediada y atormentada por el incisivo acoso del Barón de Gortz, Stilla decide abandonar los escenarios en la plenitud de su carrera, y a su vez, acepta ser la Condesa de Télek. El rumor de su retirada se extiende rápidamente, y la noticia provoca celos y odios hacia el Conde, que llega incluso a recibir amenazas a las que no da importancia. Sin embargo, el deprimido Barón de Gortz acude a la última presentación de la ópera El Orlando, donde la Stilla interpretará el papel de Angélica. En el último acto, la cantante aterrorizada reconoce nuevamente al Barón fuera del palco, y mientras entona el aria final, se desploma y muere en escena.

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a) El maestro Hermod relatando las leyendas de Transilvania b) Nic Deck y el doctor Patak intentan penetrar en el castillo

    La historia prosigue en la lejana Transilvania, tierra de brujerías y vampiros, en donde el castillo de los Cárpatos se alza en lo alto de la meseta de Orgall. Esta fortaleza en ruinas, rodeada de sombríos misterios según la viva y ardiente imaginación de las gentes de la aldea de Werst, es visitada por «espíritus de otro mundo», los fantasmas de los antiguos moradores, los señores de Gortz. Sólo unos meses después de la muerte de la Stilla, los habitantes de la zona hablan de humo, imágenes y una voz prodigiosa que surge del castillo supuestamente abandonado. Después de largas discusiones, los lugareños deciden develar el misterio. Así, Nic Deck, un joven guardabosque, y el doctor Patak, intentarán la hazaña de ingresar en el castillo, pero vuelven atemorizados luego de su frustrada aventura.
El Conde de Télek se recupera en su patria y parte de viaje turístico por los alrededores de sus posesiones, junto a su sirviente Rotzko. Tras recorrer toda la región, Transilvania, recogiendo información sobre el misterioso Barón de Gortz, presuntamente desaparecido hace algún tiempo, el Conde se acerca al castillo, y allí, asombrado, se le aparece Stilla con su traje de Angélica, cantando El Orlando. Pero trastornado por la visión, seguro de que su amada ha resucitado gracias a las artes de su enemigo, creyéndola en su poder, Franz acude al castillo esa misma noche y queda atrapado por un sortilegio que cierra el puente levadizo antes que pueda volver con las gentes del pueblo.

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a) La Stilla, prisionera en el castillo de los Cárpatos b) Franz de Télek perplejo ante la imagen de la Stilla

    Convencido que la magia de Gortz había mantenido al espíritu de la Stilla prisionero en el castillo, Télek escapa de su escondrijo forzoso y se dirige a las dependencias particulares del Barón. Allí le encuentra, inmóvil, sentado con una caja en sus manos. Cuando le ataca, la voz y la imagen de Stilla inundan la sala y Gortz despierta, mientras que el Conde cae al suelo repitiendo que su amada está viva. El Barón coge un cuchillo y ataca a la imagen de Stilla, que se rompe en mil pedazos de cristal, proclamando que la voz de la bella artista le pertenece sólo a él. Escapa de la sala ante la desolación de Franz y recibe un disparo de Rotzko que no le impide llegar al desfiladero del Vulcano cuando una gran explosión reduce a cenizas el gran torreón del castillo.
El sirviente y Nic Deck rescatan el cuerpo del Conde de Télek, que sin embargo no está muerto, sino que ha enloquecido y sólo repite: «innamorata, voglio morire».
Tras capturar a Orfanik, se descubre que todo ha sido obra de un maniático melómano, el Barón de Gortz, que lejos de ser un brujo, encargó a su inventor que grabase en unos cilindros la voz de Stilla, incluyendo su última obra para oírlos en su castillo. Así mismo, el ingenioso inventor creó un sistema de espejos para que la imagen de Stilla, reflejada desde un retrato propiedad de su señor, pudiera verse en toda la casa. El disparo contra el Barón destruyó la caja donde guardaba las grabaciones, y loco de desesperación, se sepultó con su castillo, cayendo en la trampa que tenía preparada para su rival. Pero a pesar que logra descubrirse el misterio, en la zona los niños siguen aprendiendo las leyendas del castillo, habitado… por la mejor voz del mundo.

Bibliografía

  • Lottman, Herbert. Jules Verne. Editorial Anagrama, Barcelona, 1998.

  • Roudant, Jean. Verne: un revolucionario subterráneo. El castillo de los Cárpatos. Editorial Paidós, Buenos Aires, 1968.

  • Revista Selecciones. Julio Verne. El inventor del futuro. Junio, 2005.

  • Dehs, Volker. L’historique d’Estelle. Foro Jules Verne de Frédéric Viron. Junio, 2007.

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(Lima, Perú, 1977). Vice-presidente de la Sociedad Hispánica Jules Verne. Ingeniero Industrial. Docente pre-universitario de Matemática. Desde 2004 es propietario y administrador del sitio web "Julio Verne, el más desconocido de los hombres". Es uno de los vernianos más activos en Latinoamérica. Ha escrito artículos sobre el autor que ha publicado en su sitio. También ha traducido al castellano varios textos inéditos del novelista francés.

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