El ajedrez de Julio Verne

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A lo largo de su extensa obra Julio Verne sólo recurrió a la dinámica del ajedrez en una ocasión, pero cuando lo hizo no demostró ningún desconocimiento del juego. Se trata de la novela Héctor Servadac, en cuyo capítulo XIII de la primera parte, el escritor nos presenta a dos personajes ingleses y con gran ironía describe la forma insoportablemente lenta en que desarrollan una partida:

–Si usted me lo permite, voy a tomarle un alfil –dijo el brigadier Murphy, que, después de dos días de vacilaciones, se decidió al fin a realizar esta jugada, profunda y detenidamente meditada.

–Me es imposible impedirlo –respondió el mayor Oliphant absorto en la contemplación del tablero de ajedrez.

Esto ocurría en la mañana del 17 de febrero (antiguo calendario), pero pasó todo el día sin que el mayor Oliphant le respondiese a la jugada del brigadier Murphy. Hacía ya cuatro meses que había empezado esta partida de ajedrez y los dos adversarios no habían hecho hasta entonces más de veinte jugadas. Ambos eran de la escuela del ilustre “Philidor”, que pretende que nadie es fuerte en este juego si no sabe manejar bien a los peones, a los que él llama el alma del ajedrez. Por dicha razón, no se había movido ningún peón sin previas meditaciones profundas. Y era que el brigadier Henage Finch Murphy y el mayor sir John Temple Oliphant no dejaban nada a la casualidad y en ninguna circunstancia hacían nada sino después de reflexionar mucho.

El brigadier Murphy y el mayor Oliphant eran dos oficiales ilustres del ejército inglés, a quienes la suerte había reunido en una estación lejana y que en ratos de ocio se distraían jugando al ajedrez. (…)

El brigadier y el mayor habían vuelto a colocar sobre el tablero las piezas derribadas por la sacudida y continuaban jugando flemáticamente su interminable partida. Quizá los alfiles, los caballos y los peones, más ligeros que antes, se mantenían peor que en otro tiempo sobre la superficie del tablero, especialmente los reyes y las reinas, cuyo mayor tamaño los exponía a caídas más frecuentes; pero, con alguna precaución, Oliphant y Murphy acabaron por asegurar sólidamente su pequeño ejército de marfil.

El ajedrez de Julio Verne
     Los personajes de Julio Verne en la novela     Héctor Servadac juegan una partida de ajedrez

Esta partida interminable continúa en el capítulo XVI de la segunda parte, esta vez por medio del telégrafo; y no nos debe sorprender que Verne tome nota de la utilización de este adelanto tecnológico para la práctica del juego y lo incorpore en su narrativa:

Por lo demás, los ingleses de Ceuta no estaban muy aislados, porque sólo los separaban de Gibraltar cuatro leguas y, ya atravesando el antiguo Estrecho, ya manejando el telégrafo, estaban unos y otros en comunicación constante.

Digamos también que el brigadier Murphy y el mayor Oliphant no habían interrumpido su partida, cuyas jugadas, preparadas después de largas meditaciones, se comunicaban por el telégrafo. En esto, los dos ilustres oficiales no hicieron otra cosa que imitar a las sociedades americanas que, en 1846, a pesar de la lluvia y de la tempestad, jugaron “telegráficamente” una famosa partida de ajedrez entre Washington y Baltimore.

La partida que el brigadier Murphy y el mayor Oliphant estaban jugando era la misma que habían empezado ya cuando el capitán Servadac los visitó en Gibraltar.

Nótese el error tipográfico: en vez de “1846” debe decir 1844.

No podemos terminar esta crónica sin mencionar el hecho de que esta partida de ajedrez es, quizá, la primera disputada en el espacio.

Otra mención al ajedrez

Verne también cita el juego de ajedrez, aunque de forma indirecta, en la novela El secreto de Maston. En esta ocasión, el escritor ironiza, a través de la publicación de una caricatura en un periódico, que los personajes del citado relato puedan alcanzar el por aquel entonces inaccesible Polo Norte:

«De entre todas las caricaturas que aparecieron, la que obtuvo más éxito fue una que publicó un periódico francés, el Charivari. En ella se veía el interior de una ballena, muy bien amueblado y decorado, en medio del cual, Impey Barbicane y J. T. Maston se hallaban jugando al ajedrez, en espera de llegar a la meta de su viaje. Como moderno Jonás, tanto el presidente como el secretario, se habían sacrificado haciéndose engullir por una ballena, que pasando por debajo de los bancos de hielo, los conduciría hasta el inaccesible Polo Norte.»

El ajedrez de Julio Verne
    Los personajes de Julio Verne en la novela              El secreto de Maston juegan ajedrez

Ajedrez verniano

Inspirado en las novelas del francés, el escultor Paul Corbineau, ha creado un imaginativo tablero de ajedrez titulado «Nantes Jules Verne la science-fiction et l’autre monde». Es una bella exposición con la que el museo de la ciudad natal del autor ha abierto sus actividades en el 2011. Entre las singulares piezas de este original tablero, destaca un rey con la figura de Julio Verne, así como otras que describen las aventuras propias de sus novelas de anticipación científica.

El ajedrez de Julio Verne El ajedrez de Julio Verne

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