De la esposa de Verne a su editor Hetzel

0
326
verne_honorine_carta
        Honorine, la esposa de Julio Verne en 1880

Esta mañana vuestra oportuna carta ha venido a colmar la felicidad y, tal vez, a volver a traer la alegría a esta casa, porque no ignoráis que Julio, desde hace ya algunos meses, está triste y con mala salud. ¿Le fatiga el trabajo? ¿O le parece menos fácil? En fin, parece desanimado. Y hace recaer sobre mí las molestias que le causa este desánimo. Noto que le cuesta trabajo ponerse a la obra; apenas sentado, se levanta; se queja de este estado de cosas y es a mí a quien no puede ver. ¿Qué hacer? ¿Qué decir? Lloro y me desespero. Cuando la familia le aburre y le cansa demasiado, toma su barco y hele aquí que se va, y lo más frecuente es que no sé dónde está. Vos…, que ponéis todo vuestro empeño en hacer de él un escritor distinguido, ¿creéis que hay que abandonar la idea de hacer de él un marido pasable? Os pido perdón por abriros así mi corazón; al comenzar la carta quería, simplemente, daros las gracias, pero las alegrías grandes le hacen a uno comunicativo. Tal vez encontréis remedio para librarnos de esta situación tensa y dolorosa.

Yo no sé si Julio os habrá contado alguna vez todas estas cosas… Os rogaría, pues, que guardaseis el mayor silencio; si me vais a escribir, ya para consolarme, ya para darme consejos, escribidme a Le Crotoy, a la lista de correos; iré a ver a la oficina el jueves por la mañana. ¿Os ha escrito Julio sobre su partida? ¿Habéis recibido una carta suya el martes pasado? Respondedme a este propósito, pues estaba muy triste; tal vez os haya abierto su corazón.

A mi entender, el mayor error de mi marido es haber dejado París. Vive demasiado solo aquí, se halla demasiado a menudo consigo mismo… ¡Adiós, querido amigo, perdonadme y compadecedme, pues mi marido se me escapa de las manos; ayudadme a retenerle.

No hay comentarios

Dejar respuesta