Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el África austral

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Literatura entre guerras

    En julio de 1870, Francia protagonizará uno de sus recuerdos más trágicos. Aquel año, el emperador Napoleón III, en la peor decisión política de su gobierno, le declara oficialmente la guerra a la poderosa Prusia, tras caer en la provocación del genio militar de Otto von Bismarck, el canciller de hierro, que buscaba una guerra y una victoria que le sirviera para fortalecer la unidad de los reinos alemanes.
Verne por aquella época no vivía en París, sino frente al mar, en la costa de Le Crotoy, un pequeño pueblo de pescadores en el estuario de la bahía del Somme, donde el autor se había mudado junto con su familia a partir del año 1866. La declaración de guerra franco-prusiana, hace que Eugenia de Montijo, la Emperatriz regente, firme el decreto y la orden de movilización de Verne y de su barco, el Saint-Michel, como guardia nacional en el mismo Le Crotoy, viéndose por ello obligado a instalar a su familia en Amiens, ciudad natal de su esposa, como medio de precaución ante los saqueos enemigos. Serán precisamente los atropellos de los prusianos en territorio francés y su participación en este conflicto, lo que provocará su germanofobia.

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a) Portada original de Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el África austral, novela de Jules Verne publicada en 1872. b) Retrato del autor francés hacia 1870, año en que escribió la novela y en que se produjo la guerra franco-prusiana.

    Movilizado y afectado al servicio de guardacostas al frente de su pequeño barco, algunos reservistas, un viejo cañón inofensivo y varios fusiles anticuados por toda dotación, el escritor pudo seguir creando relatos. Los tranquilos servicios de vigilancia permitieron a Verne escribir fragmentos de dos obras, pues a inicios de 1871, cuando ya puede volver a París, promete a su editor: «Me tendrá usted ahí con dos volúmenes totalmente listos». Estos tomos a los que Verne se refiere, fueron: El Chancellor y Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el África austral.
Con respecto al segundo libro, el cual estuvo inspirado en una expedición del astrónomo François Arago, el escritor resume: «Se trata de una expedición científica anglo-rusa que tiene el cometido de medir un arco de meridiano en esa zona. Hay en el libro un toque científico, pero no excesivo. Me parece también que va a resultar una historia muy agitada. Me inspiré en los trabajos de Arago hechos en condiciones similares.» En efecto, es una obra de amplio contenido científico escrita a su peculiar estilo, pero la obra resalta además por su marcado carácter antibelicista.
No obstante, el argumento del libro se basa en un conflicto anterior: la guerra de Crimea (1854-1856), provocada por la decadencia del otrora poderoso Imperio otomano (Turquía, Armenia, Tracia, Siria) y las intenciones expansionistas del zar de Rusia Nicolás I en los Balcanes y la estratégica zona del mar Negro. El conflicto enfrentó a Rusia en contra de los aliados: Turquía y las potencias europeas de Francia y Gran Bretaña, que apoyaban a los asiáticos para impedir su hundimiento y el excesivo crecimiento de Rusia.

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Sitio de Sebastopol durante la Guerra de Crimea (1854-1856) que enfrentó a Rusia contra Turquía y sus aliados Francia e Inglaterra. Pintura panorámica de Franz Roubaud

    Un momento crucial de la guerra se produjo cuando la flota anglo-francesa penetró en el mar Negro y sitió Sebastopol, ciudad que caería en septiembre de 1855. La derrota rusa trajo como consecuencia la firma del Tratado de París de 1856, que acabó con los intereses rusos, mientras que el Imperio otomano conservó su integridad. De otro lado, Gran Bretaña detuvo el avance ruso hacia los estrechos del mar Negro, protegiendo la India, mientras que Francia, bajo el impulso de Napoleón III, mejoró su estatus de potencia europea.
El impacto que causó sobre Verne esta guerra lo plasmó en Aventuras de tres rusos y tres ingleses, que cuenta la historia de una delegación científica conformada por seis sabios, tres rusos y tres ingleses, que parten a Sudáfrica con el objetivo de medir un arco de meridiano. Pero su labor se verá interrumpida a causa del inicio de la guerra de Crimea que enfrenta a sus naciones: «Enemigos separados por un gran abismo, enemigos que ya no pueden estar juntos ni aún en el terreno científico (…) Los ingleses, unidos a los franceses y a los turcos, luchaban ante Sebastopol. La cuestión de Oriente se discutía a cañonazos en el mar Negro (…) La impresión fue enorme entre aquellos ciudadanos rusos e ingleses que poseían en alto grado el sentimiento de la nacionalidad.»
En efecto, a partir de la declaración de guerra entre Inglaterra y Rusia, los líderes de los grupos científicos toman la insólita determinación de seguir sus mediciones por separado, en medio de un territorio hostil como la selva africana, provocando que la aventura de los sabios se torne mucho más peligrosa y emocionante, un recurso que intentó utilizar Verne para darle más dinamismo a su relato, aunque sin conseguirlo del todo, puesto que desde un punto de vista racional, una situación riesgosa como esta, llevaría a la cooperación y no a la ruptura de los lazos de amistad y compañerismo entre los miembros de una expedición científica.

El metro y la comisión científica

    La novela pone en escena a seis astrónomos cuya tarea consiste en medir una porción de meridiano terrestre. La novela aborda, por lo tanto, temas científicos como astronomía y geodesia. Para llevar a cabo sus cálculos, los personajes usan el método conocido como triangulación, que se describe con detalle en el tratado Astronomía Popular por François Arago. Asimismo, el relato describe también las grandes expediciones científicas hechas por astrónomos franceses como Picard, La Caille, Maupertuis, Bouguer, Godin, La Condamine, Méchain, Delambre, Arago, entre otros, patrocinados por la Academia de Ciencias, en una época en que la labor del astrónomo resultaba peligrosa. Bajo esta coyuntura, y en plena guerra de Crimea, tanto rusos como ingleses se unen para medir en África del Sur, una porción de meridiano, con el objetivo de no permitir que Francia tenga el monopolio en la determinación de las normas de pesos y medidas.
La medición del arco de meridiano era con el fin de implementar el metro como la unidad de medida universal. Se pretendía buscar un sistema de unidades único para todo el mundo y así facilitar el intercambio científico, cultural y comercial. Hasta esa época, cada país, hasta incluso cada región, tenía su propio sistema de unidades, lo que originaba a menudo, que una misma denominación representaba un valor distinto en diferentes lugares. Debido a ello, en 1790, la Asamblea Nacional de Francia se pronuncia a favor de la creación de un sistema de unidades estable, uniforme y sencillo: el metro, medida de longitud en la que las unidades de mayor o menor tamaño de cada unidad de medida, se relacionan entre sí por múltiplos o submúltiplos de diez, respectivamente. Originalmente el metro se definió como la diezmillonésima parte del meridiano terrestre que va del Polo Norte al Ecuador. A tal efecto, en 1793, se encarga a los científicos Delambre y Méchain, iniciar con las mediciones geodésicas necesarias en Francia y España. En cuanto a África del Sur, escenario en que se desarrolla la acción de la novela de Verne, las mediciones habían comenzado a realizarse ya en 1752, por el astrónomo La Caille. A pesar de haberse establecido el metro como patrón de medida en la Asamblea Nacional de 1790, Verne imaginó que en 1854, Rusia e Inglaterra decidieron unirse en secreto al sistema métrico. Una visión muy optimista, puesto que en la realidad, Gran Bretaña se anexaría aún en 1897, mientras que Rusia recién lo hará durante la revolución de 1917.

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a) Retrato de François Arago (1786 – 1853), matemático, físico, astrónomo y político francés, a quien Verne rinde homenaje en su novela Aventura de tres rusos y tres ingleses en el África austral. b) Portada de Astronomie Populaire, obra de François Arago, que Verne poseía en su biblioteca, en la que se describe el protocolo para medir geodésicamente un arco de meridiano.

    La comitiva científica de la novela del escritor francés, la componen la delegación inglesa al mando del coronel Everest, del Observatorio de Cambridge, el joven William Emery, del Observatorio de El Cabo, y Sir John Murray, un rico aficionado de Devonshire y un experto cazador. En tanto que el equipo de astrónomos rusos lo conforman su líder, Mathieu Strux, del Observatorio de Pulkovo, Nicolás Palander, del Observatorio de Helsingfors (Helsinki), y el joven Michael Zorn, del Observatorio de Kiev.
El coronel Everest, líder de la delegación inglesa, evoca el nombre del coronel Sir George Everest, geógrafo galés cuyo nombre fue dado al monte más alto del mundo. En la historia real, fue George Everest quien participó en la gran empresa de la triangulación y cartografía de la India, que duró de 1802 hasta 1841. Mientras que Strux, jefe de el equipo ruso, evoca el nombre del astrónomo alemán Wilhelm Struve, el director del Observatorio de Pulkovo. Wilhelm Struve inició la medida de un gran arco de meridiano que va de Escandinavia hasta el Mar Negro. Este proyecto internacional comenzó en 1816 y se completó en 1850. Por dicho motivo, el arco geodésico Struve ha sido designado por la UNESCO, desde 2005, como patrimonio mundial de la humanidad. Jules Verne evocará años más tarde, en 1894, en su novela Maravillosas aventuras de Antifer, el punto norte y el monumento conmemorativo de este gran arco geodésico.
De otro lado, el ruso Nicolás Palander, calculador emérito, es otro sabio distraído, el cual pone en peligro la misión en dos ocasiones: se extravía y casi es devorado por una manada de cocodrilos, y además, un mono babuino le roba los registros de las observaciones hechas por la comitiva científica. Es probable que el autor haya tomado el nombre de Palander, de un maestro de matemáticas de la Universidad de Turku, en Helsinki, capital de Finlandia, en una época en que este país aún pertenecía a Rusia. Este detalle no contemplado en la Astronomía Popular de François Arago, sugiere que Verne tenía acceso a fuentes complementarias.

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a) Retrato de William Charles Baldwin (1826 – 1903), uno de los grandes cazadores del siglo XIX, de quien Verne toma por modelo para la creación de su personaje, el cazador Sir Jhon Murray. b) Las aventuras cinegéticas de Baldwin en África aparecieron en la revista Le Tour du Monde y muchas de las ilustraciones de la revista fueron adaptadas en la obra de Verne.

    En el caso del astrónomo y experto cazador inglés, Sir John Murray, quien en la novela parece confundir la expedición científica con un safari, su personaje pudo haberse inspirado en el gran cazador William Charles Baldwin, quien viajó a África del Sur entre 1852 y 1860. Su historia apareció en la revista Le Tour du Monde y algunas de estas ilustraciones se adaptaron para la novela, como aquel grabado en que Baldwin aparece dormido cuando fue destinado a la caza de hipopótamos, situación que inspiró a Jules Verne el episodio en que Palander casi es devorado por una manada de cocodrilos. Pero el nombre del cazador ficticio del autor podría provenir de Murray, compañero del explorador David Livingstone, durante su travesía del desierto de Kalahari al lago Ngami en 1849. Otra opción es que proceda de Hugh Murray, un geógrafo miembro de la Real Sociedad de Edimburgo, autor de varios libros de geografía, algunos de ellos sobre África, y traducidos al francés, a los cuales Verne pudo tener acceso.
Con respecto a los demás miembros de la expedición, Emery y Zorn, no contamos con los indicios que nos permitan identificar el origen de sus nombres. Los astrónomos más jóvenes de ambos equipos se diferencian del resto de sus compañeros porque entablan una rápida amistad, pues los líderes Everest y Strux son abiertamente hostiles, mientras que Palander y Murray se aíslan en sus respectivas monotonías. En tanto que la logística y supervivencia de la comitiva está puesta en el guía bosquimano Mokum, un gran conocedor de aquella región y también experto cazador.

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a) Círculo repetidor de Borda publicado en el tratado Astronomía Popular de Arago. b) Este instrumento geodésico es usado comúnmente por los personajes de Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el África austral de Jules Verne.

    En cuanto al método de trabajo empleado por los sabios para medir el arco de meridiano en el África austral, será el de la triangulación geodésica, a través de la medida de las bases triangulares con el manejo del círculo repetidor de Borda, siguiendo paso a paso el protocolo utilizado para medir el meridiano de Dunkerque a Barcelona por los astrónomos Delambre y Méchain, y extendido a Mallorca por Biot y Arago. Este protocolo está descrito con detalle por Delambre en su obra Base del Sistema Métrico Decimal (1806-1810) y por François Arago en su Astronomía Popular (1856). Verne destaca también la exposición de geodesia en el tratado Nuevas lecciones de Cosmografía (1854), de su primo, el matemático Henri Garcet, profesor del Liceo Henri IV, de donde reproduce una figura y una sección completa en un capítulo de la novela.
Cabe destacar además que Verne resalta en esta novela el gran avance realizado por el uso del círculo repetidor de Borda para medir ángulos y reducir errores. Este instrumento de medición geodésica creado por el matemático, astrónomo y marino francés Jean-Charles de Borda, basa sus cálculos en el sistema métrico decimal planteado por Delambre. Al mismo tiempo, Verne aparece en la novela como un firme defensor del sistema métrico decimal. Sin embargo, podemos comprobar que a través de sus novelas coexisten antiguas unidades de medida como pies, yardas, millas y otras nuevas como metros y kilómetros. Pero el sistema métrico todavía no es universalmente usado hoy en día, lo que puede conducir a errores. Un ejemplo reciente fue la dramática pérdida de la misión Mars Climate Orbiter, en 1999, por la NASA, al momento de su ingreso en la órbita de Marte luego de una confusión entre unidades inglesas y unidades métricas.

Características y estructura

    Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el África austral fue publicada por entregas en el Magasin d’Education et de Récréation, del 20 de noviembre de 1871 al 5 de septiembre de 1872. En agosto de este último año apareció como libro y en octubre apareció la publicación con ilustraciones de Férat y grabados de Pannemaker.
Escrita en 1870, esta obra de carácter antibelicista es considerada un homenaje de Verne a François Arago, quien en 1808, junto con Jean-Baptiste Biot, fue a las Islas Baleares para completar la medición de un arco de meridiano entre Dunkerque y Formentera. En Baleares fue encarcelado con motivo de la guerra franco-española, en el castillo de Bellver, de donde escapó con destino a Argelia para retornar a Francia en 1809. Este episodio mencionado en la novela, es citado también en otro de los relatos de Jules Verne, Clovis Dardentor (1896). Asimismo, en Héctor Servadac (1877), tenemos al astrónomo Palmirano Roseta en la isla Formentera, donde comprueba las medidas realizadas por Arago. En tributo a Verne, un monumento fue construido en Formentera en 1975 en el faro de La Mola, que usó Arago para sus mediciones.
La novela es también un homenaje al explorador David Livingstone. A lo largo de su viaje, los protagonistas siguen el recorrido de Livingstone por territorio africano, a la vez que toman prestado a su guía Mokum como conductor de la caravana. Pero hallamos además en este relato un homenaje a su generoso primo, el matemático Henri Garcet, de cuya obra Nuevas lecciones de Cosmografía, toma Verne una porción completa en un capítulo de la novela para realizar las necesarias explicaciones instructivas acerca de los principios de la triangulación geodésica, con el fin de seguir a los sabios en sus aventuras.

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Extracto de Nuevas lecciones de Cosmografía (1854), tratado del primo de Verne, el matemático Henri Garcet (1815 – 1871), en el que se expone el método de triangulación geodésica. El escritor reproduce un pasaje completo de esta obra, incluida la figura, para explicar en su novela el método usado por sus personajes en la medición de un meridiano.

    Esta obra es una de las menos conocidas de Verne pero no por ello la menos interesante. El argumento se desarrolla en las vísperas del estallido de la guerra de Crimea, en donde Inglaterra y Rusia, dos de las potencias que intervendrán en este conflicto, organizan una expedición conjunta que llevará a seis expertos, acompañados de un guía bosquimano, al África austral, con el objetivo de medir el arco meridiano a la altura del desierto de Kalahari y contribuir así a la fijación del metro patrón universal. Sin embargo, desde el inicio de la expedición surgen tensiones entre los líderes de ambos grupos, el coronel Everest y Mathieu Strux, quienes mantienen posiciones opuestas sobre el destino y la forma de llevar a cabo las mediciones, a la vez que los científicos más jóvenes, William Emery y Michael Zorn, procuran servir como mediadores, ya que al tener éstos gustos similares, una amistad nace inmediatamente entre ellos. Pero en medio de las tensiones que van en aumento, se declara la guerra entre Rusia e Inglaterra, lo que origina que la comitiva se separe y continúe las mediciones geodésicas por separado. Pero cuando los rusos son atacados por indígenas, los ingleses pueden auxiliarlos, mostrando aquí Verne su perfil político, al mostrar la alianza de dos naciones enemigas contra la adversidad. De esta manera, ambos bandos se reconcilian y continúan la expedición, llegando a realizar una medida mucho más cercana a otra hecha por sus antecesores, a pesar de las difíciles condiciones a la que estuvieron sometidos para su cálculo.
El recurso literario usado por Verne de convertir en antagonistas a dos de los personajes con el fin de mantener una cierta tensión dramática, fracasa en esta novela, pues la argucia se traduce en una maniobra en exceso artificiosa. El pretexto se presenta con motivo de la declaración de la guerra de Crimea, a raíz de cuyo conocimiento por los periódicos, el jefe del equipo inglés, coronel Everest, se enfrenta al ruso, Mathieu Strux, invistiéndose ambos, a partir de entonces, de un sentido de la dignidad nacional extremo, dada la situación y el lugar en que se encuentran. En efecto, por una mera cuestión de la nacionalidad, resulta irrisoria una declaración de guerra entre los bandos de un equipo científico, acabando con los vínculos de cooperación, de estima, e inclusive amistad entre hombres que participan juntos en una difícil operación geodésica en África del Sur.
Es preferible considerar en ese sentido la intención antibelicista del escritor, representada en la actitud amistosa y razonable de los miembros más jóvenes del equipo, el inglés William Emery y el ruso Michael Zorn. Ambos astrónomos, que no hacen caso de las peleas entre los jefes de ambos bandos, comprenden que en temas científicos no existen barreras, y que los peligros que los acechan solo podrán ser sorteados permaneciendo todos unidos. Esto queda de manifiesto cuando en la medición final en la cima de una montaña, Emery y Zorn serán los héroes al colocar los instrumentos de medición en la cima de un monte distante, mientras el resto se enfrenta al ataque de una tribu indígena. En consecuencia, el final de la novela es en sí mismo el mensaje, pues más allá de los conflictos económicos y políticos, se necesita que en el mundo se superen las fronteras y se trabaje por lograr una humanidad hermanada y en armonía con la naturaleza.

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David Livingstone (1813 – 1873), médico, explorador y misionero escocés, a quien Verne rinde homenaje en Aventuras de tres rusos y tres ingleses.

    De otro lado, la novela presenta un amplio contenido científico, donde la matemática y la astronomía ocupan gran parte del relato. A este respecto, cabe señalar que la repetición de pasajes relativos a las mediciones del meridiano termina por saturar al lector. Es probable que las ecuaciones y las descripciones geométricas entretengan a un público aficionado al cálculo matemático o a la geodesia, pero a cualquier otro tipo de lector le debió resultar la novela por debajo de las grandes obras publicadas por Verne hasta ese momento.
Asimismo, la novela muestra otro elemento clave: la caza. El escritor, pese a ser un crítico de este ejercicio, describe las matanzas de leones, elefantes, rinocerontes, antílopes, liebres y hasta hipopótamos. El lector, acostumbrado a otro tipo de aventuras vernianas, deberá pasar rápido las páginas donde se narra, por ejemplo, que al utilizar una escopeta demasiado potente para cazar una simple liebre, el animal es despedazado a tal punto que queda desintegrado.
El personaje más criticado de esta novela es precisamente el cazador, Jhon Murray, pues ha de ser inclusive uno de los más violentos de toda la bibliografía verniana. Jhon Murray presenta un instinto de cazador muy arraigado, ya que no solo mata para sobrevivir, sino que lo hace también por placer. Es cierto que en la obra de Verne hay otros cazadores como el capitán Hod junto a su asistente Fox en La casa de vapor o Dick Kennedy en Cinco semanas en globo, pero ninguno alcanza el nivel de violencia de Sir Jhon Murray, quien es retratado como un carnicero sin escrúpulos, aunque en algunas ocasiones se muestre poco preciso, no obstante la fama que le precede, en las continuas apuestas que sostiene con el guía de la expedición y experto cazador, el bushman Mokum.
Al contrario de la práctica de la caza, esta obra de Verne trae consigo un elemento de buen propósito: el abolicionismo. El escritor realiza una crítica virulenta de la esclavitud: «el ébano era carne humana, aquella carne viviente con que comerciaban los corredores de esclavos. Todo el país del Zambeze está todavía infestado por esos miserables extranjeros que se dedican a la trata de negros.» El tema de la esclavitud será tratado por Verne con más vehemencia aún en otra de sus novelas: Un capitán de quince años, (1878).

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Portadas en castellano de la novela de Verne Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el África austral, publicadas por editorial Molino, Bruguera y Orbis respectivamente.

    Del conjunto de cuadros secundarios que componen la novela vale la pena destacar tan solamente algunos episodios cinegéticos, así como la divertida escena de la persecución del babuino que roba el cuaderno de mediciones al distraído calculador ruso Palander, quien representa el arquetipo bufonesco dentro del relato. Palander realiza sus funciones, pero su mente siempre está puesta en sus cálculos matemáticos, al punto que cierta vez se extravió en la selva, solo por resolver el error del logaritmo centésimo de la tabla de James Wolston.
La figura del sabio distraído fue tomada por Verne en otros relatos como Jacques Paganel en Los hijos del capitán Grant (1868) y Palmirano Roseta en Héctor Servadac (1877). Sabios académicos distraídos como Palander son tomados como modelo a partir del científico galo André-Marie Ampère, inventor del primer telégrafo eléctrico, el electroimán y autor de la teoría del electromagnetismo, a quien Verne describe al final del capítulo XI de la novela: «André-Marie Ampère, el sabio más distraído del mundo, no lo habría hecho mejor.» Sin embargo, el editor Hetzel hará desaparecer esta frase en la publicación oficial del libro, para no dañar la imagen del famoso científico francés.
Finalmente, contra la costumbre del autor, destaca como curiosidad el hecho de que no aparezca ningún francés entre los personajes que toman parte de la acción. Solo se hace referencia a los trabajos geodésicos precedentes realizados por astrónomos franceses en la carrera por encontrar la medida exacta del meridiano. En resumen, Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el África austral es uno de los Viajes extraordinarios que en menor medida hace honor a tal calificativo, pero como hemos evaluado, no deja de aportar referencias útiles al lector de nuestros días.

Personajes

  • Coronel Everest. 55 años. Líder de la delegación inglesa.

  • William Emery. 25 años. Astrónomo inglés agregado al Observatorio de El Cabo.

  • Sir Jhon Murray. 40 años. Sabio adinerado y experto cazador de Devonshire, sin título oficial pero que honraba a Inglaterra con sus trabajos astronómicos.

  • Mathieu Strux. 55 años. Líder de la delegación rusa. Astrónomo del Observatorio de Pulkovo.

  • Nicolás Palander. 55 años. Astrónomo ruso agregado en Helsingfors. Sabio distraído constantemente absorto en sus cálculos.

  • Michael Zorn. 25 años. Astrónomo ruso del Observatorio de Kiev.

  • Mokum. 40 años. Hijo de padre inglés y madre hotentote. Indígena bosquimano civilizado, guía de la comisión científica y experto cazador.

  • El foreloper. Indígena designado por Mokum para abrir la marcha en la expedición.

  • Tripulación del Queen and Tzar, barco de la comitiva científica, compuesta por cinco marineros ingleses y cinco rusos.

  • Bosquimanos. Tribu indígena al servicio de la caravana científica.

  • Makalolos. Tribu de indígenas salvajes que atacan constantemente a los científicos.

Portadas de ediciones francesas

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Portadas de ediciones castellanas

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El argumento

    Una expedición científica internacional es enviada hasta África del Sur para realizar unas mediciones especiales. Se trataba de medir un arco de meridiano a fin de asignarle al grado terrestre un valor exacto. Para esta operación geodésica tan importante, los gobiernos inglés y ruso parlamentaron, y de aquellas conversaciones resultó la idea de una expedición común.
Una comisión compuesta por tres astrónomos ingleses y otros tres rusos, escogida entre los miembros más ilustres de la ciencia estará encargada de la empresa. Por Inglaterra fueron seleccionados el coronel Everest, sir John Murray y William Emery, mientras que por Rusia, Mathieu Strux, Nicolás Palander y Michel Zorn.
El punto elegido para realizar tal proyecto fue la colonia inglesa de El Cabo. Para ello se fletó un buque fluvial, el Queen and Tzar, tripulado por marineros de ambas naciones, y junto con un guía mestizo de origen bosquimano de nombre Mokum -un experto cazador famoso en Reino Unido, pues había sido amigo del explorador Anderson y guía del ilustre David Livingstone-, la expedición emprendió su marcha por el río Orange.

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a) La expedición científica conformada por tres científicos rusos y tres ingleses, que realizará la medición de un arco de meridiano, se reúne en las cascadas de Morgheda, a orillas del río Orange. b) Los expedicionarios conocen a su guía, el experimentado bushman Mokum, quien ha de conducirlos al desierto de Kalahari.

    Pasadas cincuenta horas de navegación después de su partida desde las cascadas de Morgheda, lugar de reunión de los exploradores, la comitiva finalmente alcanzó su punto de llegada, la aldea de Lattakou, el establecimiento de misioneros más alejado de El Cabo, en donde el explorador Livingstone permaneció tres meses en 1840, siendo recibidos por el reverendo Thomas Dale. Permanecieron allí unos días más, descansando y contratando indígenas portadores así como carromatos, puesto que ahora debían seguir su marcha por tierra.
La caravana, a las órdenes de Mokum, inició su camino rumbo a El Cabo. Pronto dejaron atrás las colinas cubiertas de árboles, y el terrible desierto Kalahari, con sus fatigas, misterios y riesgos, se ofreció a la vista de los viajeros. La escolta que mandaba el bushman Mokum se componía de cien hombres bosquimanos capaces de soportar grandes fatigas físicas, además de diez carromatos que formaban el material rodado de la expedición. Dos de ellos, especie de hogares ambulantes con ciertas comodidades, servían de habitación a los blancos, quienes se transportaban en pequeños caballos de raza española.
Tras diversas dificultades, los viajeros llegan al lugar donde debía dar inicio el proceso de “triangulación geodésica”, que permitiría la medición del arco de meridiano que atraviesa el desierto de Kalahari. Estas operaciones habían sido realizadas generalmente por científicos franceses, pero esta vez serían rusos e ingleses quienes iban a ocuparse de esta delicada determinación, que posteriormente permitió adoptar universalmente, a pesar de la oposición del Reino Unido, el sistema métrico decimal como patrón de medida.

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a) La comitiva llega a la aldea de Lattakou, una comunidad de misioneros, donde emprenderán el viaje por tierra. b) El guía bosquimano Mokum les indica la planicie ideal para que los científicos realicen su delicado trabajo de triangulación geodésica.

    Para establecer definitivamente este patrón, una vez terminada la operación en el África austral, un nuevo arco de meridiano sería levantado en el hemisferio boreal, y de la unión de ambas mediciones se esperaba deducir el valor que satisficiera las condiciones necesarias exigidas por la comunidad científica.
El emplazamiento tomado por los científicos para comenzar la triangulación fue muy bien elegido, pues permitía medir directamente una de las bases del triángulo, además, la llanura cubierta por un césped corto y seco, se extendía en el horizonte siguiendo un plano nivelado. Para asegurar el éxito de la delicada operación, era menester evitar obstáculos naturales como las montañas infranqueables y las vastas extensiones de agua, que hubiesen estorbado la marcha de los observadores.
Luego de un mes de trabajos sin obstáculos y habiendo construido geodésicamente siete triángulos de su operación, los observadores habían subido un grado hacia el norte. En esta región se cruzaron con un kraal, una especie de aldea errante que se transporta de un pasto a otro. La llegada de la caravana inquietó a los indígenas, pero sus disposiciones belicosas se calmaron tan pronto como Mokum habló con uno de sus jefes. Finalmente, la caravana obtuvo permiso para acampar. Hasta ese entonces, ya habían surgido las primeras discordias entre rusos e ingleses, debido a una rivalidad científica mezclada de patriotismo. Sin embargo, los trabajos continuaron.

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a) Para medir la longitud del arco de meridiano, ha de prepararse la base del triángulo inicial, para lo cual es necesario que las piquetas estén perfectamente alineadas y la longitud formada pueda medirse con gran precisión. b) Los astrónomos hacen uso del círculo repetidor de Borda en la realización de las continuas mediciones geodésicas.

    Gran sorpresa causó un día la llegada de una manada de elefantes que acudía a mitigar su sed en la charca. Sir John Murray, aficionado a la caza, decide disparar al macho líder de aquella manada, pero falla el tiro, desatando la furia del paquidermo que se lanzó en su persecución. El científico emprende la huida, pero la trompa del elefante golpea y derriba a su caballo. El enfurecido animal llevado por su propia velocidad, sujetó con su trompa a uno de los perros de caza, al que sacudió por el aire con extrema violencia, haciendo estrellar su cabeza contra el tronco de un árbol. John, sin perder su sangre fría, preparó nuevamente su carabina y apuntó al elefante en lo alto de la espalda, quedando mortalmente herido. El guía Mokum se encargó de extraer los colmillos del animal, considerado como el trofeo de caza de Sir Murray, para comercializar el marfil que tan buena paga genera.
Pasado estos hechos, los expedicionarios continúan su marcha en busca del lugar preciso para las mediciones. Una vez hallado, prosiguen los trabajos, pero las discusiones entre rusos e ingleses van en aumento. La envidia imperdonable que existía entre el jefe ruso y el inglés, excitaba con frecuencia también a los marinos unos contra otros. En esta etapa, para seguir con el trabajo, hubieron de vadear un río lleno de rápidos. Para ello se sirvieron de una canoa de caucho que llevaban consigo, guiados por el indígena foreloper. Poco tardó en advertirse la fuerza de la corriente. Muy pronto la frágil canoa llegó al corazón del rápido. El timón y los remos no gobernaban ya la canoa y la situación se tornaba muy peligrosa.
Luego impactan contra una especia de islote que sobresalía del río. Sin embargo, aquella roca negra había resultado ser un enorme hipopótamo que ahora furioso y arrastrado por la corriente, acometió a la canoa y, mordiéndola con rabia, amenazó con destrozarla. Pero Sir John Murray entra nuevamente en acción y dispara directamente a la cabeza del animal. El tiro fue mortal y la mole carnosa se sumergió en el acto, no sin haber empujado a la canoa lejos de sí hasta una orilla en la que saltaron los pasajeros sanos y salvos.

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a) El elefante, en su desenfrenada carrera, cogió con su trompa a uno de los perros de caza y lo sacudió por los aires con extrema furia. b) En su viaje a través de un rápido, son atacados por un enorme hipopótamo que cae muerto en manos del cazador Jhon Murray.

    Días después de atravesar el peligroso rápido, los sabios se encontraron en una comarca llena de árboles donde no había el menor indicio de indígenas ni huellas de campamentos. Pero el bushman Mokum, como guía de la caravana, nota que el ruso Palander, encargado de llevar el registro de las mediciones geodésicas, había desaparecido, provocando otro conflicto entre rusos e ingleses. Por la gravedad del hecho, se decide que las operaciones queden en suspenso hasta encontrar al distraído calculador.
Por mutuo acuerdo se decidió buscar al infortunado ruso en la parte boscosa de la región. Era necesario apresurarse, puesto que eran ya dos días que Palander vagaba a la aventura en un territorio recorrido frecuentemente por fieras. Hicieron que un perro de caza olfateara un sombrero de Palander para que ayude en las labores de búsqueda. Luego de varios intentos fallidos llegaron hasta una zona pantanosa cubierta por cañaverales que dificultaban la visibilidad. De pronto el perro, que había olfateado al ruso, dio muestras de gran agitación y ladraba con furia. Para sorpresa de todos, ubicaron al sabio sentado a veinte pasos de distancia de una manada de cocodrilos, que con las cabezas fuera del agua lo acechaban.
Nicolás Palander no sospechaba nada de lo que ocurría, pues se encontraba totalmente absorto en los cálculos que realizaba en su cuaderno, mientras que los voraces animales se acercaban cada vez más despacio hasta su víctima. Sir John Murray tuvo que actuar otra vez realizando un doble tiro y acabando con dos cocodrilos, mientras que el resto de la manada desapareció al instante bajo el agua. Solo al ruido de las aguas Palander reaccionó, reconoció a sus compañeros y gritó: ¡Lo he encontrado! ¡El error de decimal en el logaritmo centésimo de James Wolston! Aunque parezca increíble, el sabio había pasado aquellos días extraviado y expuesto a las fieras ¡calculando un error de logaritmo!

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a) El astrónomo ruso, Nicolás Palander, distraído y absorto en sus cálculos, no es consciente del gran peligro que corre ante una manada de cocodrilos. b) Luego de una terrible lucha, en que fue necesario realizar gran cantidad de disparos, cuatro leones quedaron tendidos muertos en el desfiladero a manos de los expedicionarios científicos.

    Las observaciones prosiguieron inmediatamente, pero no tardan en surgir problemas pues para realizar una nueva medición, era necesario alcanzar una montaña, franqueable solo por un desfiladero ocupado por leones. Se decide enviar por delante un destacamento destinado a forzar el paso, el cual estaría conformado por Sir Murray, Emery y Zorn, a cuyas instancias cedieron sus jefes para que tomaran parte en la expedición. A ellos se sumó Mokum más tres indígenas escogidos por el bushman. En su recorrido encontraron una cueva vacía sembrada de huesos y despojos sangrientos. Allí alzaron una barricada en la entrada donde esperarían la llegada de los temibles felinos. Pronto aparecieron a pocos pasos un grupo de leones de melena negra. Tras el feroz enfrentamiento en el que se realizaron numerosos disparos, Sir Jhon y el destacamento celebraron su triunfo admirando los cuatro leones que yacían sin vida en el suelo. Esta victoria permitió liberar el paso, y con ello se pudo continuar las operaciones geodésicas en aquella montaña.
Más adelante los sabios se toparon con un nuevo obstáculo natural, un inmenso grupo de árboles que no permitía realizar la triangulación. Los miembros de la comisión decidieron que aquella barrera infranqueable fuese rodeada. Que se hiciera por la izquierda o por la derecha importaba poco, pues la distancia era la misma por ambos lados. Pero justo por una causa tan insignificante, una nueva discusión se produjo entre el jefe ruso e inglés que hacía prever una ruptura de las relaciones entre ambos grupos. Ante esta crisis el bushman Mokum pensó en solucionar el problema de una forma inesperada. Durante aquella noche, una gran agitación habíase apoderado de los indígenas del campamento. ¡La selva estaba ardiendo! Sir John había comprendido: el fuego iba a abrir un camino a los sabios y evitar la separación del grupo anglo-ruso. Cuando amaneció, un anchuroso espacio consumido por el fuego dejaba transitable la selva en muchos kilómetros de extensión. Por esta vez, el acto audaz de Mokum había salvado el porvenir de la triangulación.
Había cesado todo pretexto de discusión y el trabajo prosiguió aquel mismo día. Durante las labores, hallan un altar africano. Mokum descubre en sus inmediaciones a un hombre que huye enseguida. Se trata de un makalolo, un indígena que habita en las márgenes del río Zambeze, cuya tribu se dedica al pillaje de los viajeros de aquella región, y que en opinión de los científicos, los estaba espiando. Tomando las precauciones, la caravana llega a la aldea de Kolobeng, estación principal de misioneros donde pudieron tener noticias de Europa a través de los periódicos.
Luego de revisar los diarios, el coronel Everest descubre que Inglaterra y Rusia acaban de declararse la guerra. Ante esta grave noticia, el coronel inglés decide confrontar al jefe ruso y le propone seguir las mediciones cada grupo por separado, ya que ahora pertenecían a bandos enemigos. La declaración de guerra había perjudicado el porvenir de la expedición científica. Los rusos siguieron sus operaciones en el meridiano ya recorrido, en tanto que los ingleses trabajarían en un arco distante a 150 km. De este modo, los sabios atravesaron el desierto, separados y sin comunicación entre ellos.

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a) Tras informarse a través de los periódicos que Inglaterra y Rusia acaban de declararse la guerra, los jefes de ambos bandos, víctimas de un nacionalismo extremo, deciden que los grupos científicos deben trabajar por separado. b) Una espesa granizada de aspecto luminoso que despedía relámpagos, castigó a la delegación inglesa, matando dos negros.

    Cuando los sabios ingleses ganan un grado más en dirección norte, la mitad de la tarea se había hecho. Pero nuevamente descubren el rastro del espía makalolo, lo que indicaba que la caravana era acechada por la tribu enemiga que los condenaría a una exterminación absoluta. Después causó sorpresa la caída de una espesa granizada de aspecto luminoso que desató relámpagos. El fenómeno dejó herido a William Emery y mató dos negros, lo que provocó en muchos de ellos una rebelión. Sin embargo, el coronel tuvo que intervenir y prometer un aumento de salario para continuar la expedición.
Luego de seis meses en que ambos grupos trabajaron por separado enfrentando diversos obstáculos, los ingleses llegaron cerca del río Ngami ubicado detrás del monte Scorzef, el cual debían rodear para alcanzar la vasta extensión de agua dulce y así concluir con su trabajo de triangulación geodésica. Pero en todo ese tiempo ¿qué habría sido del grupo ruso? ¿dónde se encontraría? La única forma de saberlo era llegar al monte Scorzef lo antes posible. El grupo inglés con toda clase de penalidades, hambre, sed y terrible calor, estaba a punto de alcanzar el agua salvadora del lago Ngami, cuando unas cuantas detonaciones, lejanas, pero perceptibles, les sorprendieron. En seguida dedujeron que los disparos eran producidos por europeos.
Los tiros habían sido hechos en la cima del Scorzef. Eran los rusos que se defendían del ataque de los makalolos. En aquel momento, las rivalidades quedaron de lado, y los ingleses dispararon sin descanso a los indígenas, cayendo quince de ellos al suelo sin vida, mientras el resto huyó del lugar en el acto. Cuando el jefe ruso, Mathieu Strux, recibe al grupo inglés del coronel Everest, entiende que ya no son rivales, sino europeos unidos para defenderse.
La cima del monte Scorzef presentaba una construcción, se trataba de un fortín en medio del desierto, construido por traficantes de marfil y tratantes de esclavos. Pero aquel recinto se encontraba ahora en ruinas, debido al cambio del itinerario de las caravanas que lo utilizaron. Allí estaban ahora los dieciocho hombres de la expedición, los tres rusos, los tres ingleses, los diez marineros, el bushman Mokum y el foreloper. Asimismo, los makalolos no abandonaron el lugar, acamparon en la base de la montaña, a pesar de haberse apoderado de los objetos de valor de la caravana, entre material, bueyes, carromatos y provisiones.
Para culminar con la misión debía encontrarse una estación conveniente que, unida con la cima del Scorzef, permita realizar la última triangulación. Se fijó el pico Volkiria situado a 200 km, en donde colocarían un farol eléctrico para ser observado a distancia. El grupo encargado de la arriesgada misión fue conformado por Emery, Zorn, el foreloper, un marino ruso y uno inglés. Mientras tanto, el resto tendría que aguardar la señal y enfrentar a los makalolos si se presentara la ocasión.
Unos días después, los indígenas escalaron el monte por tres lados a la vez. En el acto, toda la guarnición se colocó al pie de recinto. El uso de las armas de fuego europeas, y sobre todo, la terrible ametralladora traída del barco, acabaron con muchos de ellos, hecho que los obligó a abandonar el ataque. Es probable que desearan los makalolos reducirlos por el hambre, así que continuaron a la espera de renovar el asalto. Para mitigar el hambre Mokum sugirió a Sir Jhon comer un puñado de hormigas, que según los indígenas de la región, es considerado el arroz de los bochjesmen. Cuando el cazador probó el alimento, no dudó en distribuirlo al resto de sus compañeros. Providencialmente, un oso hormiguero buscaba también allí a estos insectos. Los europeos consiguieron cazar al animal gracias a lo cual degustaron un banquete con el que aplacaron las torturas del hambre.

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a) Durante el ataque de los indígenas makalolos, los científicos atrincherados en el monte Scorzef descargan la potencia de sus rifles y metralletas, matando un buen número de salvajes. b) Mokum debe auxiliar a Nicolás Palander y matar al mono babuino que robó el cuaderno con el registro de las operaciones geodésicas.

    Pasaron nueve días de su partida, y todos notaban preocupación por el grupo que partió, en tanto que los makalolos se preparaban para el asalto definitivo. Esta vez parecía que la resistencia era imposible ante el número mayor de atacantes contra los escasos defensores. Los disparos no lograban detener el feroz ataque, pero de pronto, la luz del farol logró verse a distancia en la cumbre del Volkiria. Era preciso pues contestar a los jóvenes astrónomos con una señal luminosa para terminar la operación geodésica.
En medio del combate, tuvieron que incendiar el torreón construido de madera. Minutos más tarde, los blancos bajaban a toda prisa por las vertientes del monte, siendo despedidos por una verdadera lluvia de flechas. Llegaron finalmente hasta las faldas del monte y fueron a abordar el barco que rápidamente se puso en movimiento en dirección al Volkiria, donde los esperaban sus compañeros de la expedición. Pero al volver, un incidente estuvo a punto otra vez de comprometer irreparablemente los resultados de la comitiva.
Cuando la caravana cruzaba un gran bosque, el distraído Nicolás Palander nuevamente se extravió. No tardaron en ubicarlo con el cabello erizado y casi despojado de sus ropas. Al distraído calculador le habían robado unos monos babuinos, los registros donde estaba escrito el resultado de todas las operaciones geodésicas. Se organizó la persecución de los monos y no se tardó en ubicarlos. Cuando identificaron al ladrón, se hizo un disparo y el mono cayó de rama en rama con los registros en mano. Palander no tardó en lanzarse sobre él y luchar por recuperar el valioso objeto. Para acabar con la encarnizada lucha, Mokum levantó un hacha e hirió al mono en la cabeza, dejándole muerto en el acto y puso fin al episodio.
Las operaciones geodésicas habían terminado. Los astrónomos habían dado fin a su tarea luego de dieciocho meses de trabajo. Tras una marcha penosa a través de un país cruzado de numerosos ríos, consiguieron llegar a los saltos de agua conocidos como las cataratas Victoria. Días después, ingleses y rusos se encontraban en un país civilizado, satisfechos de su hazaña, mientras que Mokum se quedó en aquella tierra, esperando acompañar otra vez a David Livingstone, quien en breve se disponía a emprender una nueva expedición por el Zambeze, en tanto que William Emery y Michael Zorn, a pesar de continuar la guerra entre Inglaterra y Rusia, juraron mantener su amistad para siempre.

Bibliografía

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(Lima, Perú, 1977). Vice-presidente de la Sociedad Hispánica Jules Verne. Ingeniero Industrial. Docente pre-universitario de Matemática. Desde 2004 es propietario y administrador del sitio web "Julio Verne, el más desconocido de los hombres". Es uno de los vernianos más activos en Latinoamérica. Ha escrito artículos sobre el autor que ha publicado en su sitio. También ha traducido al castellano varios textos inéditos del novelista francés.

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