Ante la bandera francesa

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La melinita de Turpin

    «Mi viejo Paul, el navío pez-pájaro es absurdo. Lo sé. Además, tampoco lo haría fabricar. Por otra parte, como ocurre siempre, después de varias semanas de trabajo mi tema se desvía, y ya no será una nave fantasma. El Turpin se lo ha llevado, pero voy a hacer que ocurra en unas condiciones casi fantásticas, con la locura como desenlace y ubicándolo en un medio poco común.» En esta carta dirigida a su hermano en 1894, Verne hace alusión a dos inventos a utilizar en sus relatos. El primero, el pez-pájaro, aunque rechazado al inicio por el escritor, será explotado todavía en 1904 en Amo del mundo. El otro, lo que él llama Turpin, es un mortal explosivo conocido como melinita, capaz de crear una bomba de un poder devastador. En el uso del peligroso elemento se basaría su próxima novela.
Era el químico francés Eugène Turpin (1848-1927), quien había inventado en 1884 aquel poderoso explosivo que revolucionó el arte militar. En 1885, Turpin patenta su invento, pero será aún dos años más tarde, en 1887, que el gobierno de Francia adopta el descubrimiento bajo el nombre de melinita, al añadirle algodón pólvora a la mezcla previa basada en las propiedades detonantes del ácido pícrico. Pero los problemas comienzan para el químico cuando las autoridades lo acusan injustamente de traición a la patria, alegando que había vendido la fórmula de su explosivo a una potencia extranjera.

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Eugène Turpin es recibido por sus amigos al salir de la prisión tras casi dos años de encarcelamiento

    Luego de haber sido condenado y recluido en prisión durante veintitrés meses, Turpin es puesto en libertad en 1893, gracias a una campaña de apoyo emprendida por amigos y un sector de la prensa convencidos de su inocencia. Lamentablemente para él, una parte de la sociedad francesa lo catalogaba como el autor intelectual de una infamia en contra del país, por lo que el peso de aquellas calificaciones mancilló su dignidad de hombre de ciencia y de respetable ciudadano. Después, el gobierno lo reivindicará, al condecorarlo con la Legión de Honor, como un acto de reparación civil ante los agravios proferidos a su reputación.
Mientras tanto, Verne escribía Ante la bandera, novela que narra la historia de un sabio francés trastocado que, sin advertirlo, trabaja al servicio de un pirata cuyo plan es dominar el mundo, en base al letal explosivo que desarrolla en secreto. Pero cuando el cruel corsario debe enfrentar a un barco de bandera francesa, el inventor, en un fugaz acto de lucidez y patriotismo, desvía el proyectil y su potente carga que iba dirigido contra éste, a riesgo de su propia vida.
Lo que no admite dudas, es que tanto el editor Hetzel como su hermano Paul, que lo asesoraba, sabían que Verne en sus misivas aludía al notable químico que había inventado la melinita. Incluso, en otras dos cartas también dirigidas a Paul, fechadas en 1894 y 1895, le explicaba parte de la trama de su novela y le decía cómo pensaba utilizar el caso Turpin para retratar al primer sabio demente de la literatura de anticipación.

La demanda por difamación

    El propio Turpin se tardó algún tiempo en darse cuenta que la nueva novela de Verne, que había aparecido «por entregas» entre enero y junio de 1896, era su historia y la de su prodigioso invento. El irascible químico no interpuso una querella por difamación hasta el mes de octubre, aduciendo haber sido ridiculizado en la obra de Julio Verne por medio del personaje de Thomas Roch, quien había inventado el explosivo la «melinita», intentando vendérsela sin éxito al gobierno francés.
El juicio que acaparó la opinión pública, obligó a Verne a trasladarse de su retiro en Amiens hacia París, para hacer frente a la demanda. Hetzel le proporcionó al escritor bretón un abogado de lujo: Raymond Poincaré, un futuro presidente de la República. Dadas las circunstancias, se infiere que Poincaré no estaba al tanto de las intenciones del novelista mientras escribía Ante la bandera, ni había leído las cartas personales relacionadas con «el Turpin» de las que hoy podemos disponer.

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Julio Verne en 1896, año en que fue enjuiciado por Eugène Turpin

    El anciano Verne de 66 años, afirmó su completa inocencia al abogado, y le explicó que su obra demostraba que él había antepuesto las consideraciones literarias a las alusiones personales, y que no iba a empezar ahora, después de haber publicado tantas obras de ficción, a escribir sus novelas en clave. Cuando comenzó el juicio, en noviembre, ante el Tribunal Correccional de París, Turpin expuso su acusación contra Verne, pero nadie pudo leerla, porque, so pretexto que el tema afectaba la seguridad nacional, la Corte prohibió la publicación de las pruebas.
A mediados de noviembre, tras la declaración de Turpin, Verne tomó la palabra: «Nunca he pretendido aludir al señor Turpin, a quien veo por primera vez, y delego por completo en mi abogado.» Consciente de su engaño, retornó a Amiens sin esperar a que concluyese el juicio, confiado en que su reputación y la audacia de Poincaré podrían más que unos hechos que hoy sabemos eran ciertos.
Al desventurado científico le fue muy mal. Su abogado declaró que renunciaban a la onerosa demanda de 250.000 francos por daños y perjuicios, y que se contentaban con una indemnización simbólica. En su alegato, enumeró las semejanzas entre el sabio de la obra de Verne y su cliente: «En la presente circunstancia, el escritor no se ha comportado como otros que estuvieron en su misma situación. Él ha cometido difamación, ha querido quitarle la honra a un hombre, y ése es un comportamiento muy poco loable.»
Poincaré hizo una avasalladora defensa. Aparentemente persuadido de lo que decía, convenció también al tribunal de que Julio Verne no había utilizado al químico Turpin como modelo. Además, el teniente fiscal no resultó de gran ayuda para el demandante cuando defendió el derecho que tiene un escritor de «apoderarse de los hechos que le llaman la atención y utilizarlos para crear una obra de ficción y simple fantasía», por lo que solicitó anular el proceso por «falta de pruebas». Era éste un argumento que podía convencer al tribunal, que no había acabado de creerse las declaraciones de Verne cuando aseguraba que nunca había pensado en Turpin.

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Eugène Turpin trabajando en su laboratorio. El químico enjuició a Verne al sentirse identificado con el personaje Thomas Roch de la novela Ante la bandera

    A propósito de este sonado litigio, el autor le escribe al joven periodista napolitano Mario Turiello a inicios de diciembre: «He estado demasiado tiempo ausente para este proceso que felizmente tendrá desenlace el sábado próximo; así espero.» Al fin quedó desestimada la demanda del denunciante, quien no conforme con lo dictado, presentó apelación. Este recurso obliga a que el tribunal cite nuevamente a Julio Verne para que se defienda. A este efecto, le comenta a Poincaré: «Aunque el reuma de las piernas hace que me cueste mucho caminar, iré a París para la audiencia.» Aquel sería el último viaje de su vida a la capital.
En marzo de 1897 se dicta una nueva sentencia, que confirma la primitiva decisión de la justicia. No puede haber una difamación si no hay perjuicio deliberado, y no ha existido esa intención que parece, por otra parte, irreconciliable con el gran pasado literario y el elevado talento de Julio Verne.

Características y estructura de la obra

    Ante la bandera fue publicada en el Magasin d’Education et de Récréation del 1 de enero al 15 de junio de 1896. En julio aparece en formato de libro, y en noviembre la edición ilustrada por Léon Benett. Escrita en 1894, esta novela refleja que la visión del progreso y de la ciencia ha sufrido un hondo cambio en Verne. A la exaltación y al lirismo con que había saludado a la ciencia como fuente de progreso en su primera etapa literaria, ahora le sucede una sombría premonición de la ciencia sin conciencia, como factor de catástrofes; visión apocalíptica revestida de un carácter demoníaco ya revelada en su obra de 1879, Los quinientos millones de la Begún.

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Se dice que Verne profetizó el uso de la bomba atómica en Ante la bandera

    El uso desmedido que de la ciencia podían hacer los hombres sin escrúpulos y ávidos de poder continuaría obsesionando a Verne hasta el fin de su vida. Ante la bandera es claro ejemplo de esta corriente; relato en que el presagio de la bomba atómica está subyacente en los efectos que el autor concede al Fulgurador Roch, un explosivo orgánico altamente inestable obtenido de la melinita y capaz de liberar una devastadora cantidad de energía.
Asimismo, el misil que contiene la nueva arma creada por el desequilibrado sabio de la novela, está basado en el uso del cañón neumático «Zalinski», un invento popular de aquella época que fue perfeccionado por la fantasía de Verne. Coincidiendo con esta óptica, se dice que el escritor predice la amenaza nuclear a través del párrafo: «este aparato estallaba, y su acción sobre las capas atmosféricas era tan enorme, que toda construcción, ya fuera una fortaleza o buque de guerra, debía quedar aniquilado dentro de una zona de diez mil metros cuadrados.»
La obra denuncia también el mal empleo de nuevas tecnologías a través del Tug, un submarino que es utilizado por los piratas para asaltar, hundir y saquear los barcos que interceptan, aumentando el número de desapariciones inexplicables de navíos en la zona de las Bermudas. En el tiempo de Julio Verne, el término «Triángulo de las Bermudas» aún no estaba popularizado, no obstante, la ubicación geográfica de las operaciones del pirata Ker Karraje parece apropiada para describir este mito.
El diseño del submarino Tug está inspirado en el primer submarino moderno de la Marina norteamericana imaginado por el ingeniero irlandés John Philip Holland, mientras que su rival, el Sword, tiene sus características a partir del submarino francés Goubet. En la novela, el teniente Davon usa el Sword para salvar a Thomas Roch y su guardián, prisioneros en una remota y solitaria isla.

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El submarino Tug de la novela de Verne está inspirado en el modelo imaginado por John Philip Holland para la Marina norteamericana

Además de exponer la mentalidad de Julio Verne sobre las armas, este relato advierte del latente peligro que puede representar la ciencia como creadora de hombres perversos encarnados en la figura de un inventor loco, y es a su vez una metáfora sobre el uso de la energía atómica y la forma en que el hombre dispone de la ciencia para fines destructivos.

Personajes

  1. Thomas Roch, francés, 45 años. Inventor del letal explosivo, el Fulgurador, por el que pide una astronómica cifra. Pierde la razón después que su patria y otras potencias rechazan su invento al no poderle pagar lo que pide. Engañado a causa de su delirio, entra en negociaciones con el pirata Ker Karraje que busca dominar el mundo a través de medios bélicos.

  2. Simón Hart, 40 años. Ingeniero francés radicado en EEUU que, bajo el nombre de Gaydón, se ofrece a cuidar a Thomas Roch en un sanatorio mental. Su trabajo de guardián esconde su real intención de descubrir la fórmula del explosivo. Más tarde, es secuestrado con el inventor durante cinco meses en la isla Back Cup.

  3. Ker Karraje, pirata legendario de origen malayo que opera en los mares del Oeste Pacífico. Luego de unos años de supuesta desaparición, vuelve al mando de una banda de piratas utilizando la falsa identidad de “conde de Artigas”. Invierte en tecnología moderna y financia la puesta en marcha del Fulgurador Roch para uso exclusivo de sus planes delictivos.

  4. Capitán Spada. Rudo marinero italiano y criminal de amplio recorrido. Principal colaborador de Ker Karraje y capitán de la Ebba, una goleta de nombre noruego al servicio del millonario «conde de Artigas».

  5. Ingeniero Serko, 40 años. Griego instruido pero aventurero, quien gustaba buscar fortuna en yacimientos auríferos. Derrochador de su dinero en la especulación y el juego, se une a Ker Karraje ofreciendo sus vastos conocimientos al servicio de la banda. Es el creador de los planos del moderno submarino Tug.

  6. Teniente Davon. Oficial del buque de la Marina británica Standard. Tras leer el mensaje de auxilio de Simón Hart, acude a rescatarlo junto a Thomas Roch de la base secreta pirata, utilizando un nuevo navío, el submarino Sword.

Portadas de ediciones francesas

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Portadas de ediciones castellanas

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El argumento

    Thomas Roch es el inventor de un nuevo y poderosísimo explosivo, el Fulgurador, cuya fórmula guarda en secreto y por el que pide una suma fabulosa, aún antes de llevar a cabo experimentos de prueba. Roch estaba convencido de que su descubrimiento significaba la superioridad ofensiva y defensiva para su país; pero sus pretensiones eran tan altas que resultaba casi imposible negociar con él. Primero, ofreció el Fulgurador a Francia, haciendo conocer a la comisión encargada de recibir su comunicación en qué consistía el invento. Se trataba de un aparato autopropulsivo, de una fabricación especial, cargado con un explosivo compuesto de sustancias nuevas, y que sólo producía su letal efecto bajo la acción de un deflagrador, también nuevo. Pero su desmedida ambición hace que el gobierno le rechace su proposición, sustentando que no puede realizar tratos con personas que no están en la plenitud de sus facultades mentales
Decepcionado y resentido con las autoridades de su nación, Roch intenta negociar con las poderosas Alemania y Gran Bretaña, quienes también le desdeñan su oferta tras insistir el sabio en que el invento valía millones. Casi al borde de la locura por causa del odio y el resentimiento ante los continuos fracasos de su desdichada tentativa, el inventor viaja a los EEUU, después de conocer que los americanos mostraban un real interés por su Fulgurador. Sin embargo, la nación yanqui planeó recluirlo en un nosocomio hasta que logre recuperar la lucidez de sus actos.
Poco antes de su reclusión en Healthful-House, en Carolina del Norte, y sabedor que la casa de salud que lo acogería solicitaba un guardián que hablase francés, se presentó un supuesto norteamericano para cubrir la citada plaza. Este personaje que decía llamarse «Gaydón», era en realidad Simón Hart, un joven ingeniero francés especialista en productos químicos que radicaba en New Jersey. Su intención era la de descubrir el secreto del sabio antes que éste muera o lo revele en alguna crisis y sea usado por una potencia extranjera.

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a) El conde de Artigas visitó una tarde a Thomas Roch en su reclusión de Healthful-House b) Thomas Roch es secuestrado junto a su guardián por una banda internacional de piratas

    El conde de Artigas visita una tarde al inventor en el sanatorio, y aquella misma noche lo secuestra junto con su eventual guardián a bordo de la Ebba. Infructuosas resultaron las pesquisas por mar y tierra, pues a buen recaudo se hallaban en la goleta que pronto atracó en Back Cup, una solitaria isla llena de extrañas cuevas y laberínticas construcciones donde se alojan numerosos individuos y se esconden cuantiosos tesoros. Simón Hart anota en su diario todo lo que les ocurre. Así se entera de que están en una isla de las Bermudas en el Caribe, que hacen pasar por un volcán quemando restos de algas, y que el falso conde, con su fisonomía malaya y no española, es Ker Karraje, un prontuariado criminal que lidera a una banda internacional de piratas.
Ker Karraje había desaparecido repentinamente luego de una extensa carrera delictiva en las islas del Pacífico que hicieron su nombre temido en el mundo entero. Nadie sabía que continuaba perpetrando crímenes en otra área de operaciones más rica alrededor de la costa oriental de Norteamérica. Allí, Karraje y su banda llevan una doble vida, pues el líder, bajo el alias de «conde de Artigas», es conocido como un excéntrico millonario y asiduo visitante de los puertos de la costa oriental a bordo de su goleta, la Ebba.
En su aspecto externo, el navío aparenta navegar tan sólo con velas, pero su poder de propulsión se encuentra en el Tug, un moderno y secreto submarino que lo remolca y le permite robar las cargas de los barcos que hunde luego de asesinar a sus tripulantes. En la caverna, tanto Hart como Roch tienen libertad, pero con la diferencia que el primero ha notado que Karraje planea usar el artefacto explosivo para someter a las naciones libres.

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a) El Tug, moderno submarino que remolca secretamente a la goleta Ebba b) Back Cup, isla de las Bermudas utilizada como base secreta por Ker karraje

    Luego de estudiar con cuidado las corrientes de agua, Simón Hart logra enviar con éxito un mensaje dentro de un barrilete metálico, en el que indica las operaciones de Karraje y su intención de apoderarse del Fulgurador. Unos días después, el mensaje es recogido por el Standard, barco de la Marina británica con escala en las Bermudas. El teniente Davon, el oficial del barco, acude en su auxilio con la ayuda del Sword, un submarino que realizaba pruebas en una isla cercana. Secretamente, Davon y sus hombres rescatan al inventor y su guardián; pero la temeraria maniobra es descubierta por los piratas, iniciándose una batalla submarina que termina con el hundimiento del Sword. Sin embargo, Hart y Roch logran ser extraídos inconscientes del submarino británico, mientras que Davon y toda su tripulación fallecen. Una vez reanimado, Hart convence a los piratas de haber sido secuestrado por los marineros y que no tenía nada que ver con su accionar en la isla. Luego, pudo retomar su acostumbrada libertad.
Advertidos del no retorno del submarino Sword, las autoridades decidieron enviar una nueva expedición, organizada ahora en condiciones de ofensiva. Así las potencias marítimas acuerdan lanzar cinco navíos de guerra hacia los duros parajes de las Bermudas. Al mismo tiempo, Roch termina de construir su Fulgurador, el cual está listo para repeler a las fuerzas que atacarán la isla de los piratas. El arma es manejada sólo por el sabio que conoce su funcionamiento, y que no tiene ningún inconveniente en usarlo contra barcos británicos o americanos.
La escuadra se dirige lentamente hacia Back Cup, y el primer barco que se acerca es fácilmente destruido por el Fulgurador. Enseguida, el Tonnant, el más veloz de los otros navíos incursiona en el frente de ataque. Pero para sorpresa de Ker Karraje, se escuchan tambores con música francesa, en tanto que Thomas Roch se paraliza al reconocer que en el buque flamea la bandera de su patria. En ese momento ya no es víctima de sus crisis mentales, ¡ahora ya es dueño de sí mismo! Los piratas desesperados le ordenan que lance sus proyectiles, pero es inútil, su sentimiento de patriotismo que aún no está muerto le hace comprender que no debe traicionar a su Francia natal.

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a) Simón Hart es rescatado por el teniente Davon a bordo del submarino Sword b) Después de la destrucción de la isla, Simón Hart es el único sobreviviente

    Finalmente, el inventor lucha con Ker Karraje y sus hombres, quienes tratan de utilizar el deflagrador a toda costa. En el forcejeo, el poderoso explosivo cae y destruye la isla, el Fulgurador, los piratas y al propio Roch que se lleva su secreto. El único sobreviviente del desastre encontrado por los marineros franceses, es Simón Hart, cuyo cuerpo inerte junto a su diario de apuntes son recogidos de la zona siniestrada. Cuando el ingeniero recobra el sentido les relata las últimas horas de Roch, atestiguando que tras recuperar su lucidez, el sabio se había inmolado por su país en un acto de genuino patriotismo.

La película

    Ante la bandera motivó al maestro del cine checo Karel Zeman a realizar un filme en 1958 titulado Una invención diabólica. Se trata de una buena adaptación que tomó prestada la línea argumental del libro de Verne. El filme cuenta la historia del profesor Roch, quien está a punto de culminar un revolucionario descubrimiento, aunque se ha quedado sin los fondos necesarios para llevarlo a cabo. El inventor es secuestrado por Artigas, un cruel pirata que lo fuerza a trabajar en una base secreta situada en una desconocida isla, en donde el invento debe servirle para sus criminales intenciones. Aunque el profesor pretende utilizar su explosivo para bien de la humanidad, sin saberlo, proporciona una poderosísima arma al malhechor. El ayudante del científico, Simón Hart, intenta advertirle del engaño de Artigas y su banda de piratas con el fin de abortar sus funestos planes con la ayuda de una joven náufraga de nombre Jana. Así, Hart logra enviar un mensaje de advertencia al mundo, pero el bandido ha culminado la creación de un enorme cañón potenciado por el descubrimiento del profesor. ¿Le podrán detener?

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         Escena de Una invención diabólica, película del cineasta checo                            Karel Zeman basada en la novela Ante la bandera

  Zeman convirtió el filme en uno de los mayores éxitos de la cinematografía checa. Su depurada técnica de animación al combinar magistralmente actores reales con marionetas y grabados de la época, le dan a esta película ese toque mágico que hizo tan popular a sus producciones, destacando entre todas ellas su breve colección El fabuloso mundo de Jules Verne.

Bibliografía

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(Lima, Perú, 1977). Vice-presidente de la Sociedad Hispánica Jules Verne. Ingeniero Industrial. Docente pre-universitario de Matemática. Desde 2004 es propietario y administrador del sitio web "Julio Verne, el más desconocido de los hombres". Es uno de los vernianos más activos en Latinoamérica. Ha escrito artículos sobre el autor que ha publicado en su sitio. También ha traducido al castellano varios textos inéditos del novelista francés.

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